El "toro de"... Bargas

Ayer, en el enclave geográfico de Bargas, cuyo término municipal es tangencial con el de la capital, Toledo, presencié la lidia de una corrida de toros. De toros, digo, y debería escribir la última palabra con mayúsculas.

Ya lo advertí el pasado sábado, desde Sevilla. Había visto la fotografía de uno de los toros que se lidiarían en el citado pueblo toledano durante el festejo taurino anual y me sorprendieron su corpulencia y armamento; un toro, más que serio, de imponente trapío. Un toro que ya quisieran haber echado mano algunas empresas de Plazas de primerísima categoría. Un”tío”, que se dice en la jerga. ¿Serán todos así?, rumié para mi coleto. Y para comprobarlo, poco antes de las seis de la tarde sintonicé el canal de Castilla la Mancha Media, que es -- entre los de su rango-- el más taurino de España. Y, en efecto, los toros que aparecieron por la puerta de toriles de aquella recoleta Plaza cortaban el aliento al más pintado.

Conste que ya tenía referencia del acendrado “torismo” de los lugareños, porque hace unos pocos años presencié “in situ” una corrida de Martín Lorca, un lote de toros fornidos y bien armados, al límite de edad para su lidia; pero pensé que sería una excepción. Pues, no. La de ayer, del conde de Mayalde, superó con creces a la que tenía en la memoria. Corridón de toros, sí señor.

Pero corridón en todos los sentidos, porque los toros –salvo el sexto—fueron, a la par que tremendos de presencia, magníficos de esencia. Bravos como tejones en todos los tercios, codiciosos e incansables en la función de ofrecer embestidas largas en pos de las telas de torear, con el rabo empinado y el hocico a escasos centímetros de la arena del ruedo. Toros para toreros con el carné en plena vigencia y…para aficionados "toristas" de pro. Toros alejados de los carteles de las grandes ferias, probablemente, porque los “veedores” oficiales de toreros y empresarios padecen de presbicia congénita: ven lo que quieren ver los que “se ponen delante”.

Hubo un toro excepcional, –el tercero-- premiado con la vuelta al ruedo, pero otros cuatro –el sexto, ya digo, fue el único deslucido-- sacaron alta nota en todos los tercios. Diría que muy alta. O sea, que los tres toreros se olvidaron pronto del tragantón visual que ofrecía la soberbia estampa de aquellos torazos para centrarse en la bravura y el fondo de nobleza –el punto justo—que mostraron a poco de deambular por el ruedo. Manuel Escribano, Sergio Serrano y Ángel Téllez fueron los toreros presentes en festejo. En principio, los toreros que debían enfrentarse a seis galafates; pero lo cierto fue que se encontraron con una oportunidad magnífica para mostrar sus aptitudes y alimentar sus ambiciones. Escribano, lució sus mejores cualidades, especialmente en banderillas, Serrano, ratificó su calificación de torero que pide mayores atenciones para ingresar en las grandes ferias, y Téllez, a pesar de su escaso bagaje como matador de toros, también mostró "condiciones" para tenerle en cuenta en un inmediato futuro. Los dos últimos salieron en hombros, y el primero no les acompañó por fallar con el estoque.

La crónica de la corrida no entra en las intenciones de este artículo; por tanto, estimo que la moraleja del festejo taurino celebrado ayer lunes en un pueblo de Toledo debe ser su fin primordial. Si en una placita de 4000 localidades, con las dimensiones de ruedo y callejón que de su menudencia se derivan, se lidia un toro de dimensiones físicas impresionantes, ¿qué tipo de toro debe salir en el coso de su capital? ¿Debe existir una proporcionalidad al respecto? ¿Entonces, como se mensura el toro de Madrid, Bilbao, Pamplona, etcétera, tomando la referencia bargueña?

Al paso que vamos, el tiro por elevación nos acerca a un futuro Parque Jurásico de la ganadería brava. Si “el toro de”… Bargas” es ese que cita con la muleta Sergio Serrano, parece lógico pensar que el que le saldrá en las Ventas en una futura comparecencia, habrá de superar con creces sus perfiles morfológicos. ¿Sería lógico?

Pues, no. La lógica también debería tener límites y lo de Bargas ser considerado una excepción, como también son excepcionales algunas localidades castellanomanchegas, de consolidada tradición “torista”. No se olvide que en esta tajada geográfica del mapa de España nació una de las primaras ganaderías fundacionales de toros de lidia, la de los temidos “jijones” de Villarrubia de los Ojos del Guadiana. O sea, que ojo con menoscabar el “torismo” bargueño, no sea que le dé ciento y raya a los escenarios taurinos que presumen de ese atávico remoquete.

Ahora bien, hablando de escenarios, no estaría de más que el Ayuntamiento de Bargas –propietario del inmueble-- reforzara la consistencia de las tablas de los burladeros del callejón. Como salte un toro hacia él, el Santísimo Cristo de la Sala, patrono de la localidad, va a tener que ampliar el expediente de su milagrería.