Villaseca: el Derecho y la Razón

Hacia las seis y veinte de la tarde, más o menos, me planté ante la pantalla del televisor para ver la novillada de Villaseca de la Sagra, provincia de Toledo, segundo de los festejos del muy célebre Certamen Alfarero de Oro. Villaseca está de moda entre las gentes del toro de este país. No tanto por lo acertado de este ciclo taurino en la cuestabajo de la temporada, sino porque está siendo punto de cita para la huelga, le grève, que decía el patrono y padre de Ninette, futuro suegro de un señor de Murcia en la divertida obra de Miguel Mihura, estrenada a mediados de los 60. Sí, señor; en Villaseca llevamos dos días de conatos de trifulca entre y toreros y subalternos. Perdón, más bien entre los subalternos que militan en dos asociaciones diferentes. Diferentes en lo que a afiliados se refiere y, sobre todo, en la filosofía que impregnan sus quehaceres. Están a la greña. Y de la greña, surge el revoloteo del pájaro de mal agüero del boicot. No me gusta la palabra boicot. Es como cursi, no sé. La de sabotaje concuerda más con su cometido. O la de extorsión. Ambas son más contundentes. Pues bien, en ese faenar andan estos días por los aledaños de la plaza de toros de Villaseca varias decenas de militantes de  la UT, la UNPBE y la ANME, que son las siglas de las asociaciones de profesionales que pertenecen a Toreros, Picadores y Banderilleros y Mozos de Espadas, respectivamente, en sonora protesta contra la decisión de otra asociación de urgencia, denominado Foro para Defensa y Debate de las Novilladas (FDDN, podrían ser las siglas) compuesta por una veintena larga de municipios de España, casi todos de tierra adentro, cuya cabeza visible en este momento es la que toca: Villaseca de la Sagra, con su alcalde Jesús Hijosa a la cabeza. Lío. Follón. Altisonancias. Amenazas. Anteayer, quisieron suspender el sorteo y, por tanto, el festejo vespertino, del cual “obligaron amablemente” a dos de los novilleros, a dejar de torear; pero torearon otros dos novilleros, con diferentes cuadrillas, y la novillada se celebró. La de ayer, también sufrió “bajas” de subalternos, que fueron suplidas, de inmediato, por otros menos beligerantes... o más comprometidos con la Gran Realidad de dos realidades. La primera es esta: con la actual estructura de producción, organizar una novillada en España es caer de bruces en lo improductivo, en lo ruinoso. Esto es irrebatible. El organigrama del empresario se resiente nada más abrir las puertas de la plaza de toros. La gente no acude a la taquilla porque los novilleros no “suenan” a los aficionados comunes –al público, que es la base fundamental—o son noveles sin una novela tras de sí (de triunfos o de misterios, de lo que sea) porque apenas torean. Y aquí empieza un bucle enmarañado, que no hay Dios que desate. ¿Quién se atreve a meterse en este cenagal si ya conoce el calamitoso desenlace del proyecto? Pues aquí tienen la respuesta: los intrépidos alcaldes del FDDN, con el de Villaseca por delante. Contratan a lo más florido de nuestra cantera, compran ganado de acreditadas vacadas y variados encastes y se meten a empresarios taurinos sin ánimo de lucro, pero con otro ánimo bien templado para lidiar con los elementos de las concejalías de la oposición, siempre aquerenciados en las tablas de su ideología, mayormente antitaurina. “Solo” piden a los subalternos que rebajen sus honorarios pactados en el Convenio; unos honorarios que ya se habían rebajado por el tema pandémico, pero que se hace necesario volver a retocar a la baja, con un doble fin: que todo el mundo cobre su salario y que los números no salgan rojos. En definitiva, se trata de reducir la “masa salarial”, tan de moda en estos tiempos entre los clubes de fútbol, para equilibrar costes. Y de dar festejos a los novilleros, que son la moneda de cambio del futuro de la Tauromaquia. La segunda realidad –la almendra del asunto—son los derechos de imagen. Supongo que, a estas alturas del lío de la huelga pretendida, ustedes ya saben que los novilleros no olían una onza del dinero de la televisión. Por lo visto, no tenían estos derechos adquiridos “estatutariamente”. La bolsa es la de los subalternos que actúan en el festejo, y la tienen, exclusivamente, quienes dirigen la UNPBE, el organismo que, llegado el caso, reparte el dinero entre sus afiliados actuantes. ¿Y si los actuantes pertenecen a ASPROT, la otra asociación de subalternos? Pues, al parecer, la reciben de la empresa que organiza el festejo y se la quedan en su totalidad. Entonces, ¿qué se hace con los derechos de televisión que deben abonarse a los actuantes no afiliados a la asociación mayoritaria? Que respondan ellos. ¿Se entiende que, en ese caso, los de UNPBE tocan a más? Que respondan ellos; pero, desde luego, la empresa organizadora debería afrontar este pago supletorio, con lo cual se gravarían más todavía los gastos de producción. Y esta es la madre del cordero. Unos quieren mantener el monopolio de los derechos de televisión que reciben de las empresas taurinas, correspondientes a los subalternos actuantes de su asociación y otros quieren que también se respete su derecho a percibir el sobresueldo por este concepto, aunque estén inscritos en otra asociación.

Estos derechos se adquirieron en los años 90, cuando las corridas televisadas empezaban a tener una audiencia extraordinaria y aparecieron las privadas y los canales con tema específico taurino en Canal Plus y Vía Digital. El maná de la oferta televisiva fue una penicilina tan imprevista como milagrosa. Y en esta rebatiña abundosa, fueron los subalternos los más astutos y beligerantes. Aprovecharon la coyuntura favorable y  presionaron a las grandes empresas con huelgas a las grandes Plazas –Las Ventas y la Maestranza de Sevilla, las más afectadas--, hasta lograr que los empresarios de primer nivel –Chopera, Canorea y, sobre todo, los Lozano— vieran peligrar unas ferias altamente lucrativas si no se atendían sus pretensiones. Tales eran unos cánones fijos y revisables por participación en corrida televisada para picadores y banderilleros, ampliados después a mozos de espadas ¡y ayuda de mozo de espada!  Los empresarios claudicaron porque, a pesar del pellizco, la tajada seguía siendo altamente rentable. Los ganaderos también reclamaron “derechos de imagen del toro”, pero aquello no prosperó, porque se iban pactando cantidades de forma puntual, según ganaderías.

Y esto es lo que está ocurriendo en Villaseca, aunque se disfrace con la nueva rebaja del salario de los subalternos que propone un colectivo de alcaldes para poder dar novilladas de garantía y reflotar a los novilleros. Tienen todo el derecho del mundo los subalternos a defender los derechos adquiridos –“conquistas sociales”, decía el picador Salcedo--, unos derechos que les otorgaron en su día los empresarios, cuyos descendientes ponen ahora el grito en el cielo. Y todo esto, con la connivencia de los toreros, que, al fin y al cabo, son los pagadores directos por servicios prestados a miembros de su cuadrilla. ¿Dónde están los toreros cuando algunos subalternos “pasan por el túnel” el cobro unos honorarios inferiores a los del Convenio –el “con IVA o sin IVA”, más o menos, de la economía sumergida—o al constatar la raquítica calderilla que le queda al novillero incipiente –si es que le queda algo—, hambriento de todo? ¿Qué hacen algunos matadores de toros en este rifirrafe? Entiendo a los subalternos que se aferran a los derechos –hablo de televisión-- adquiridos, pero entiendo menos que confronten con otros compañeros no adscritos a su monopolio. Esto es nuevo en el toreo. El derecho no siempre va de la mano con la razón. Hay que arreglarlo.