Superligas de "los mismos"

Buena se ha liado con la Superliga de Florentino. Y digo Florentino porque, a petición de sus socios, ha sido la imagen, el rostro del invento que ha provocado un terremoto deportivo, social y político --¡vaya mezcla!-- y se las han dado todas en un carrillo. La idea es –era, al menos-- crear una Liga de superiores expectativas para los aficionados al fútbol y, por ende, golosina tentadora para las grandes cadenas o emporios de televisión y patrocinadores consecuentes, esto es, la panacea de la que se nutren las élites del fútbol que juegan en Europa. Todo ello, organizado por un grupo de doce clubes europeos, los que generan riqueza y ofrecen espectáculo y, por tanto, los que pueden reclamar razonablemente ser principales acreedores de la riqueza generada, sin  perjuicio de repartir entre los integrantes de las respectivas Ligas de cada país la parte alícuota de beneficios que se acuerde en los consiguientes Estatutos. Y todo esto, considerando que es solo una idea, un proyecto --los planos de unos planes-- que todavía tendría un considerable recorrido con las modificaciones pertinentes. Grosso modo, es lo que Florentino Pérez, presidente del Real Madrid, ha querido explicar de forma pormenorizada en distintos espacios de radio y televisión: la pandemia ha venido a dar dos vueltas más –dos largos años-- a la tuerca de la ruina que iba minando las arcas de los clubes de élite. Sin taquillas y con las audiencias a la baja, las cadenas de televisión bajan también el pistón de sus aportaciones dinerarias. Ahora bien, si se juega un partido entre semana con dos grandes en liza –a mayores de los de la Liga habitual--, el negocio interesa a todos, grandes y pequeños, poderosos y endebles, ricos y pobres. A todos. Firman doce clubes –la almendra más apetitosa para los aficionados futboleros—y en apenas dos días Florentino se ha quedado más solo que la una, aunque el Barça todavía anda ahí, en un ten con ten… porque está más tieso que una regla. El resto se ha rilado por las pencas ante las amenazas de la UEFA y la FIFA, dos entidades que, según dicen los que entienden de esto –no es mi caso--, se lo llevan crudo sin pegar un palo al agua. Y como soy lego en esta materia, no osaré comentar más pormenores del asunto. Solo diré que me llama la atención la ”espantá” general de los firmantes, caídos patas arriba casi todos ellos –Atlético de Madrid, el último en caerse— como fulminados por una estocada en la yema o como si fueran migrantes chicanos descolgados de los topes del tren fronterizo que conduce al “sueño” americano. ¡¡El fútbol es del pueblo!!, se oye gritar  por Stanford Bridge a los supporter del Chelsea. ¡¡Los ricos contra los pobres!!, gritan los carpetovetónicos más furibundos . ¡¡Matan la meritocracia!!, claman los tertulianos socializadores. Los  mismos de siempre no pueden desmerecer a los demás. Venga, yo también me sumo al clamor. Es gratis y suena bien. ¡¡Abajo la Superliga!! Y, ya puestos, oigo por acá y por acullá un profundo malestar frente a “los mismos” (toreros, esta vez) que ocupan puestos preeminentes en la Superliga Taurina Española: ¡¡abajo los carteles de toros de la aplazada feria de Sevilla!! y que se suspenda la proyectada feria de San Isidro en Vistalegre, que ni es feria ni es ná. No hay derecho a que toreen en Sevilla y Vistalegre “los mismos”. Siempre “los mismos”, cuando hay por ahí una serie de toreros mucho mejores que estas “figuritas de papel con toritos de pitiminí” --¿les suena?--; pero resulta que esos “mismos” son los que atraen a los aficionados –sí, a los aficionados—a la taquilla y acaban el papel disponible en la Maestranza a las pocas horas de abrirla. Y “los mismos” que tienen interés para que la televisión invierta en el producto. Verán: ni los toros ni el fútbol tienen futuro como espectáculos de masas si “los mismos” no figuran en la oferta de los organizadores. Pero la cosa  no es de ahora, ni de hace unos años. Fue así a lo largo de la historia de la Tauromaquia. Hay –espero que aún esté activo-- en Triana una taberna de ambiente típicamente taurino, llamada “Sol y Sombra”, con las paredes empapeladas de carteles de Sevilla en los años de la posguerra. En el que hace referencia a la feria de 1945, Manolete y Pepe Luis Vázquez figuran ¡en cuatro! de las cinco corridas de toros. El resto de los puestos los cubrían Pepe Bienvenida, Pepín Martín Vázquez y los mexicanos Fermín Rivera y Arruza, a dos tardes por barba. Y la gente, encantada. En Madrid, don Livinio Stuyck se inventó “la isidrada” para que las figuras compitieran entre sí, aunque se fue estirando la cosa para hacer hueco a figuras señeras o toreros emergentes y acabó en una feria convertida en gigantesca convocatoria, versión senior, de La Oportunidad de Carabanchel. Definición (una más) de “torero emergente”: aquél que aspira a pertenecer al elenco de “los mismos”. Personalmente, me gustaría incluir en este grupo, por ejemplo, a Emilio de Justo, Daniel Luque y Gómez del Pilar que, a mi juicio, tienen meritocracia para regalar. Todo se andará. Aunque sea matizando y ajustando el primer esquema a razonables vindicaciones, la Superliga de fútbol europeo reaparecerá, porque la demagogia y la furia ignorante que apedrea el autobús ¡del Real Madrid!, con sus jugadores dentro, acabará viendo como su equipo –el que juega en casa-- es vapuleado después en el terreno de juego, y, lo que es peor, pronto dejará de percibir el sobresueldo por derechos de televisión que, precisamente, los apedreados han generado por aparecer ante los ojos del mundo. Y, después, a llorar sobre la leche –la mala leche—derramada. Difícil que haya futuro halagüeño para el fútbol con los planteamientos actuales si los mejores –los que más apetece ver a sus respectivas aficiones—tienen que pasar por el aro de chiringuitos federativos conexionados con las inmensas fortunas de Emiratos Árabes y los toros están sujetos a las vindicaciones de quienes luego de vindicar a los ausentes y  motejar a “los mismos” no acuden a la Plaza si se anuncia a los vindicados. Y, además, sin un Florentino que se lleve, gratis total, las bofetadas e imprecaciones de una turba incontrolada. El fútbol es el habitáculo en que se alojan o refugian las emociones de gentes apasionadas. Y los toros, también. Pero ambos, sin perder la esencia emocional de cada cual, necesitan un lijado de prejuicios y un barnizado de sentido común.