Entre vacunos (bravos) y vacunas (mansas)

Esta espera, desespera, qué les voy a contar. Cada noticia de primera plana que los informativos de televisión descuelgan de los garfios de la escaleta, acelera el temblequeo de nuestras canillas. Tenemos más contagios. Sube la incidencia. Se asoma la temida nueva “ola”, para decirnos “¡hola!, ya estoy aquí, de nuevo”. A ustedes, seguramente, les ocurrirá lo mismo: no ven salida a corto plazo, por mucho que nos doren la píldora con la vacunación desde la propaganda que emana de Moncloa, como si quienes en ella habitan fueran los artífices de haber fabricado esa panacea que nos viene a quitar el sueño, antes que ahuyentar al virus. Como dijera de la morcilla el poeta sevillano Baltazar del Alcázar decimos nosotros, los españoles, de la vacuna: ¡Oh, gran señora, digna de veneración!  Mas no llega, la indina; o tarda en llegar, para desespero de quienes esperan.

A todo esto, ayer, en la plaza de Las Ventas, Isabel Díaz Ayuso presidió un Acto Institucional con motivo de descubrirse en las galerías de la planta baja un mural cerámico, obra del artista Luis Gordillo, en homenaje al torero Víctor Barrio, víctima de una mortal cogida en Teruel, va para cinco años. Había expectación por ver que decía la Presidenta de la Comunidad y “casera” de la Plaza que lleva más de un año a verlas venir. Una  Plaza de tan alta prosapia  cerrada, sin actividad, ni perspectivas inmediatas de tenerla, es como un museo sin cuadros que exponer. Un monumento inocuo  y estéril. Un parásito urbano. ¿Qué dirá Ayuso acerca de este ciclópeo edificio que, en lo que a lidiar toros en su ruedo se refiere, lleva trece meses en estado cataléptico?, se preguntaban los presentes. ¿Adelantará alguna noticia esperanzadora? Nasti de plasti. La señora Ayuso se limitó a hacer una encendida defensa del valor cultural y ecológico que tiene el mundo del toro y, eso sí, a comunicar el convenio firmado con la Fundación Toro de Lidia –creo haber entendido que también la de José Tomás—para la celebración de dieciocho festejos en municipios de la Comunidad de menos de ocho mil habitantes. Algo es algo. Ah, y también reactivar las ayudas económicas a los ganaderos de bravo del área territorial madrileña, que las están pasando canutas, como todos. Tres millones de euros, es la cifra. No está nada mal. Ahora bien, de la apertura de Las Ventas, nada.

Conclusión: vista la evolución bravucona de la pandemia y la lentitud mansurrona del lenitivo eficaz que, se supone, habrá de acabar con ella, no creo que haya toros en la llamada Primera Plaza del Mundo hasta dentro de algunos meses. ¿Cuántos? Depende de la precitada “gran señora, digna de veneración” --no Ayuso, la vacuna--. Entre vacunos (bravos) y vacunas (mansas) anda la cosa, lo cual no deja de ser una pirueta semántica. De momento, en Las Ventas, de toros, nada. Y en Vistalegre, muy probablemente –casi seguro--, tampoco. Ninguno de los gobiernos que nos gobiernan va a dar una licencia temeraria, no tanto por mirar por nuestra salud como por el contenido de las urnas que están a la vuelta de la esquina.

Miras para abajo y la cosa también pinta chunga. Se da por cierto que no habrá feria de Abril en Sevilla, ni de mayo en Jerez, ni de San Pedro Regalado en Valladolid. Eso sí, carteles hay, y  muy buenos, anunciados a bombo y platillo… pero para más adelante. El mes de junio, es el más codiciado para refugiar a los ciclos taurinos más emblemáticos, que habrán de hacerse un hueco entre los tradicionales de San Pedro y San Juan.

Pronóstico temerario: En junio nos veremos las caras, si todo va cuadrando. La gran represa se llama metro y medio. Si se mantiene esta medida para alcanzar la llamada “distancia de seguridad” entre mascarillas --como quiere el gobierno central--, no hay  50% que valga en ninguna plaza de toros del mundo. No salen los números. En la Maestranza de Sevilla aparecerían para ver a Morante con los de Miura mil y pico personas. Ridícula imagen para un escenario emblemático y un acontecimiento taurino sin precedentes. Y una ruina para el empresario. Total: es IMPOSIBLE que se den toros en Sevilla en estas condiciones, por mucha buena voluntad, inversión económica a fondo perdido, despliegue de publicidad ingeniosa, tests de antígenos, etc. que aporte Ramón Valencia y la excelente disposición, para bien de la “causa”, de la propiedad del inmueble, ganaderos y toreros. Lo mismo ocurre con las demás Plazas, si las circunstancias son idénticas.

Habrá que ir haciéndose a la idea de que esto –lo de ver toros de prestigio y figuras del toreo en los grandes escenarios del país-- va para largo. Habremos de conformarnos con los gaches, que también son de Dios. ¿Pesimismo? No, puro realismo.

En unos días --pocos—se lo cuento con más detalle.