¿Cuándo cabalgarán de nuevo?

La estampa que reclaman los aficionados, a estas alturas del nuevo año, es la de los alguaciles rompiendo Plaza. Todo el mundo quiere que se abran los cosos taurinos, que suene el clarín y salga el toro. Desde algunos medios de comunicación --especialmente las redes sociales—ya no es que pidan toros, es que claman por ellos. Y ese clamor tiene algo de protesta por lo que se considera desidia, absentismo, escepticismo o qué se yo cuántos ismos más, en que parecen estar anclados en el ánimo de los llamados “estamentos taurinos”. ¿Se mueve alguien, oiga? Mutis. ¿Se gestiona desde los organismos creados al efecto el cómo y el cuándo se aborda la “reconstrucción” del edificio de la tauromaquia, poco menos que declarado en ruina inminente? Están el ello, me dicen. ¿Pero qué es “ello”? Les diré lo que tengo registrado en mi coleto: se han ajustado toros y toreros para la eufemísticamente llamada “feria de Abril” de Sevilla y su hermana chica de San Miguel. Se han apalabrado sus ajustes con ganaderos y apoderados, se entiende. Mientras tanto, lo que toca es esperar noticias sobre “estado del estado” de alarma, que tiene grabado en la tapa del yoyur su fecha de caducidad: 9 de mayo del 21. Hasta entonces, quietos hasta ver. ¿Habrá toros en abril? La respuesta la tenían hace un porrón de años Los Panchos en su popular bolero: ¡quizás, quizás, quizás!...

¡Aquí quiero ver yo a esos empresarios! ¡La mayoría no arriesgan un duro en tiempos difíciles!, dice –clama-- la afición de odre añejo y pañuelo verde. Pero, ¿de verdad quieren que arriesguen no ya su dinero –que también—sino que expongan al personal a provocar un contagio masivo por imprudencia temeraria? Aquí nadie sabe de la misa la media. La  misa es la situación sanitaria del país y la velocidad de vacunación de sus habitantes para alcanzar eso que se llama “inmunidad de rebaño”, que no sabía yo la concomitancia que existe entre el COVID-19 y los cuadrúpedos rumiantes, a los que pertenece el toro de lidia, cuya conducta “rebañiega” es bien conocida. No se tienen noticias de cómo va a comportarse el maldito virus de aquí a dentro de un rato, como para lanzarse al vacío sin conocer el estado de la cuestión de aquí a dos meses, pongo por caso. Entre tanto, rumores, cabildeos, canutazos sotto voce. En resumen: es inviable la apertura de una plaza de toros de primera categoría sin que se garantice al empresario el aforo que puede poner a la venta, porque los gastos administrativos de callejón para adentro, son disparatados. Pregunten a quien sepa de esto y verán.

Ya se han hecho públicos, de forma oficiosa, los carteles de Sevilla. Y están pergeñados los de Madrid, sin concretar todavía cuántos festejos se pueden dar, probablemente, dejando muy atrás San Isidro. Todo el mundo echa cuentas y hace números; pero los números esenciales los tienen que facilitar el Ministerio de Sanidad y las Comunidades Autónomas: el aforo permitido. Esa es la madre del cordero. De lo contrario, este primer cuarto de temporada se lo come el lobo de un oscurantismo, con la dentellada sórdida que provoca nuestra clase política, a quien la cosa del toro y del toreo les importa tres pitos, dicho sea con forzada modosidad.

Entretanto, tengo la impresión de que se ha perdido un tiempo precioso para poner al día la estructura de la Tauromaquia del siglo XXI. Para empezar, que yo sepa, no se ha abordado un tema crucial: la revisión del Reglamento actual, un texto farragoso, caduco, trasnochado, inconcreto e inservible en los tiempos que vivimos. Ya se podrían haber reunido los representantes de los distintos gremios y la autoridad competente –en este caso el Ministro de Cultura—para perfilar la redacción de uno  nuevo y único, abordando cuestiones esenciales como la suerte de varas, la configuración de cuadrillas en los tiempos que se avecinan, la dimensión del propio espectáculo, las competencias y atribuciones de presidentes, delegados y veterinarios y su relación paralela con las responsabilidades, dar un repaso y una vuelta a la lidia, en sintonía con las nuevas tendencias de los aficionados, etcétera, etcétera… ¿Se ha movido alguien o algo, por ventura? Mutismo total.

Hoy, Día de Andalucía, por primera vez en muchos años –por lo menos desde la Transición—, no se han registrado noticias de festejos taurinos en esa demarcación geográfica. Inaudito. Llega marzo y la casa de la Fiesta, sin barrer. Vete a saber cuándo cabalgarán de nuevo los alguacilillos.