18 de abril: ¿Domingo de Resurrección taurino?

Ya no falta nada --apenas siete semanas-- para que se cumpla el primer aniversario de lo que podríamos llamar el ”intermitente internado domiciliario de la población española”; una especie de secuestro “a ratos” de la libertad, al ritmo que nos marca un forastero indeseable que bien pudiera tener nombre de res y número grabado a fuego: COVID-19. Estaremos de acuerdo en que hemos vivido una pesadilla… que aún sigue atormentando nuestra duermevela, porque esto es un sinvivir. No es que, en cuestiones sanitarias de extrema urgencia y gravedad, sigamos igual que hace casi un año, es que estamos mucho peor. Era mentira que hubiéramos vencido al virus, pero nos hemos acostumbrando a la mentira y la recibimos en un estado abatimiento e impotencia. Cautivos y desarmados, así estamos los españoles, mal que nos pese. En esta tesitura anida cómodamente la incertidumbre. ¿Hay algo más desconcertante, desolador y penoso que la incertidumbre del hoy ante el inminente  mañana?

Nadie se engañe: la incertidumbre se ha convertido en nuestro conviviente habitual y, por supuesto, también el de la fiesta de los toros. Ahí la tenemos, cual lapa adherida a la roca de la costa. En España, en Francia y en Sebastopol. Aquí, en nuestra tierra, ya están suspendidas oficialmente las ferias taurinas de Valdemorillo, Olivenza, la  Magdalena de Castellón y las Fallas de Valencia. Solo un milagro podría rescatar algunas de ellas, pero no se trata de invocar milagros, sino de mostrar certidumbres: estamos en manos de lo que disponga la autoridad política --comunitaria o nacional--, previas recomendaciones de los científicos correspondientes. Esa es la palmaria realidad.

Así que, visto lo visto --la tenaz resistencia de la pandemia a doblar el morro, además de los vaivenes que muestra el muy esperado suministro de vacunas, el desbarajuste de la pauta que habrá de dirigir la administración de inyectables, la escasez de jerinquillas, etcétera, etcétera--, ¿quién es el guapo que se tira el rentoy de anunciar una feria taurina sin conocer el dato fundamental, esto es, el porcentaje autorizado de público asistente y las colaterales medidas precautorias de rigor? Seamos serios. En estos momentos, lo importante es garantizar el declive de la dichosa curva de contagios que se cobra el maldito virus. Si esto no mejora en unas semanas y comienzan a estudiarse normativas que autoricen la entrada de público a las plazas de toros de máxima categoría en un porcentaje no inferior al 50%, --solo la apertura ya cuesta “un riñón”, y en esta cuestión no hay porcentajes que valgan--, les aseguro que va a ser muy difícil que suene el clarín en primavera.

En cualquier caso, la empresa Pagés (Maestranza de Sevilla) ya tiene pergeñadas las líneas maestras de su cartelería, por si los datos apuntados se confirman: Una corrida extraordinaria, de apertura y dos fines largos de semana –de jueves a domingo, inclusive--, con la flor y nata de la torería andante y las divisas más cotizadas, incluidas las tradicionales de tinte “torista”; pero con una salvedad: No será el día 4 de abril, Domingo de Resurrección en la liturgia cristiana, la fecha de apertura, como es tradicional. Tal como están las cosas, parece aconsejable desplazar la “puesta de largo” al domingo 18, con el fin de ampliar el margen de prevenciones y vacunaciones; lo que toda la vida se ha conocido como “curarse en salud”.

La empresa ya lo tiene decidido, a falta de consensuar el trasvase de fechas con la propiedad del inmueble (los Maestrantes) y, lógicamente, con toreros y ganaderos. Todo apunta a que no habrá problemas con ninguno de los interesados, puesto que será un cambio de fechas coyuntural, en aras de proteger a quienes participan de forma activa en este gran espectáculo. Por tanto, el domingo 18 de abril se convertirá en un estratégico y especial Domingo de Resurrección Taurino. El cartel, ya se conoce: Morante de la Puebla, Andrés Roca Rey y Pablo Aguado, con toros de Victoriano del Río. Y también que Morante matará, entre otras, la corrida de Miura. Dos argumentos que dan idea de lo atractiva que puede ser este año la apertura de la temporada en Sevilla y, probablemente, también en España.

Supongo que esta innovación encontrará reticencias y críticas de variada intensidad. Cuando salgan a la luz los carteles definitivos no faltará quien se oponga a romper la tradición dominical o a echar en falta a Fulano, Mengano y Perantano. Y tendrán razón. Siempre hay novedades que incomodan y ausencias  de toros y toreros que no se toleran; pero no conozco una sola feria taurina, ¡del mundo!, cuyos carteles hayan sido aceptados con general beneplácito por el cliente. Así, pues, la empresa habrá de enfrentarse al habitual contencioso que le incoa “la afición”... y los supuestamente damnificados.

Quien no estará anunciado, por propia voluntad, es Alejandro Talavante. No quiere actuar con los tendidos a medio llenar. Ya saben, el “lleno esponjoso”, que, a veces, tanto confunde. A todo esto, habrá que hacer los equilibrios pertinentes en lo que a “distancia” se refiere para cumplir las normas establecidas; de lo contrario, será difícil que pueda comenzar en estos escenarios lo que ha dado en llamarse Reconstrucción de la Tauromaquia.

Colofón: todo lo escrito pende del hilo frágil e inconsútil de la pandemia que nos asuela, esa peste que ha obligado a suspender hasta las Semanas Santas del país. Que Dios nos coja confesados.