Aplastar el germen

Ha pasado prácticamente desapercibida la inclusión de una “prohibición” propuesta por el Grupo Confederal de Unidas Podemos --o sea, Pablo Iglesias y sus terminales ya bien ancladas en el Gobierno de la nación-- entre la serie de enmiendas a la Ley Orgánica de Protección Integral de la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia, encaminadas, supuestamente, a proteger a los niños frente a ese enorme muladar enfangado de insensibilidades que es la Tauromaquia: prohíbase a los niños, por ley, acercarse a una plaza de toros o  inscribirse en una Escuela de Tauromaquia --¡con menos de 18 años!-- si en las clases prácticas se utilizan animales, porque ambas situaciones o actuaciones se pretenden contemplar como “infracciones muy graves” de la ley.

No saben cuánto me apereza entrar en cuestiones de planteamientos tramposos y toxicidades exógenas. “Hay que proteger a los niños, incluso a los adolescentes, de la violencia”, declaran los proponentes de la referida “prohibición”. ¡No a la violencia! Nada más cierto. La historia de la Humanidad se ha servido de ella como fuerza motriz para lograr el triunfo de identidades ideológicas o el “ordenamiento” de la sociedad de su tiempo. Pero, en este caso, la pregunta es: ¿Puede considerarse la Tauromaquia –tal como hoy se nos presenta—un ejercicio violento? ¿Son los hombres o las mujeres que torean unos seres violentos? ¿No será el animal, el toro, quien emplea la violencia como innato y necesario recurso de defensa en el drama de su lidia, último acto de la regalada vida que le dispensan los humanos? Estas cosas, y otras muchas, se las argumentas, explicas y demuestras a los animalistas y no te valen absolutamente de nada. Son caterva de una enervante tozudez primaria, irreductibles, de una cerrilidad impenetrable, incluso de una violencia verbal tan exacerbada que hacen del insulto más grosero su mejor arma de defensa. Utilizan a la ONU –no al Organismo en sí, sino a un Comité específico-- como referente de su posicionamiento con medias verdades, exhibiendo una mentira maquillada, pero les da igual.

Contra este mundo que hemos creado, a base de robar la libertad que Natura les dio a los animales, no hay nada, o casi nada, que hacer. Los animales de las más variadas especies han sido introducidos en el entorno urbanita de los humanos –tantas veces inhumano—, la mayoría de las veces debidamente castrados, para impedirles el gozo de la sexualidad que podría deparar un serio inconveniente: las camadas incómodas de ubicar en un octavo piso, letra C; pero como estoy convencido de que estas cosas y otras muchas se pierden en el saco roto del animalismo feroz, auspiciado por el lucrativo negocio de las mascotas, no incidiré en tan farragosa cuestión. Me interesa más llamar la atención sobre el sibilino intento de justificar una prohibición a golpe de ley. Prohibir es imponer por la fuerza que ostenta la autoridad competente para impedir algo a golpe de ley. Prohibir, al fin y al cabo, no es sino un bloqueo a determinadas inercias de convivencia, una castración (otra más) de libertades. Pues bien, Unidas Podemos quiere meter un gol, el de la prohibición de la Tauromaquia en España, pero en propia puerta, la puerta de atrás y exclusiva del BOE. Para ello pondrá todo su empeño en extirpar su gestación en origen. Cauterizar el embrión. Aplastar el germen. Los niños son el objetivo. Lograr que ninguno de ellos pueda asomarse a una plaza de toros, so pena de que sus padres incurran en gravísimos delitos.

Veo esto venir y me acuerdo de tantos padres que llevaron a sus hijos a los toros desde su más tierna infancia. Entre ellos, el mío. Son los padres que crearon a una generación, la nuestra, en la que los toros y los toreros fueron objeto principal de nuestra admiración y el refugio del mejor ocio. Y todo ello sin el menor atisbo de violencia o sentimiento de frustración educativa. Mi padre, hombre bueno y culto, me enseñó aupándome con sus brazos lo hermoso y bello que puede acaecer en el ruedo de una plaza de toros, sin que ello ocasionara el menor trauma en el desarrollo de mi vida. Al contrario, como tantos y tantos compatriotas contemporáneos, le estaré eternamente agradecido.

Una metástasis calculada puede afectar a la Tauromaquia si la referida prohibición, el brusco corte de la raíz, se lleva a efecto –de momento, la propuesta podemita no ha sido pactada con el PSOE—, porque entonces  millones de españoles, aficionados y profesionales del mundo del toro seremos víctimas de un atropello sin precedentes en nuestro país, y los que vienen detrás ya estarán desactivados, por inanición docente en temas taurinos. El vicepresidente segundo del gobierno nos tiene entre ceja y ceja, ante la pasividad interesada de su jefe. Dejad que los niños se acerquen a mí… que yo sabré qué hacer con ellos, parece pontificar desde su puesto de mando, mucho mando, este diablo cojuelo que ahora se disfraza de benedictino, imprimiendo a sus mensajes de un tono monjil y extravagante. No bajemos la guardia, porque tiene más peligro que un  miura.