La penitencia de un "lunes sin carne"

Esta semana que finaliza, la noticia se ha presentado rozando el formato de anécdota, aunque no por ello deja de ser una nueva declaración de intenciones de quienes enarbolan la bandera del animalismo. La noticia, es esta: el grupo de Podemos del Ayuntamiento madrileño de Collado Villalba presenta una moción para proclamar cada lunes de la semana “día sin carne” en el municipio. Los razonamientos acerca de  las venturas que para la población supondría esta propuesta –en principio orientada a establecimientos o instituciones educativas de propiedad municipal— son tan variados como curiosos, pero fundamentalmente se propugnan orientados al cuido de la salud de las gentes del Collado, a la protección del Planeta, a combatir la pobreza de los países menos desarrollados y, principalmente, a denunciar el “maltrato animal, inherente en las grandes industrias cárnicas”. Como ven, todo un ramo de rosas, agavillado por un grupo de bienhechores.  Dicen los podemitas que esta iniciativa ya surgió en EEUU en el año 2003, y es cierto; tan cierto como que la respuesta fue prácticamente nula. También hacen referencia a que la FAO de Naciones Unidas emitió un informe sobre la emisión de gases de “efecto invernadero” de los animales de carne y hueso, principalmente los que se alimentan del pasto en las dehesas o el forraje fertilizado de secanos y regadíos, pero es igualmente cierto que los datos no eran correctos y hubieron de rectificar. Realmente, los pedos y exhalaciones (eructos) de vacas, toros, cerdos, ovejas y demás, no son tan nocivos como se cree, porque el metano que expulsan por las fauces o el esfínter anal, no es nada comparable al CO2 que sale del escape de los automóviles y otros gases de la industria en general.  En fin, que, una vez más, la política más o menos zocata de este país la emprende contra los animales de carne, so pretexto de amparar su bienestar (el de los animales, quiero decir, aunque no se descarta el de ellos mismos). No comamos carne los lunes –en principio--  y verán cómo se arregla la sociedad, el Planeta y la Humanidad, misma. Desactivemos la cadena cárnica alimentaria. Todos los animales, convertidos en mascotas, dentro un mundo idílico y feliz. Me lo expliquen, por favor.

Instaurar los ”lunes sin carne” es una propuesta  política, no lo duden. La de un determinado grupo político de acusada tendencia totalitaria. Primero, insisto,  insinúan que se aplicará en los establecimientos de propiedad pública, pero no se recatan en “animar” a los colegios privados o concertados para que no sirvan carne los lunes con el fin de que se alcancen los “beneficios sanitarios, ambientales y éticos” que tal medida debe acarrear. Ojo, esta es la palabra clave: los colegios, una tierra mollar y virgen, siempre proclive a que en ella germine la sembradura ideológica.

Detrás de todo este desbarajuste de propuestas contra el consumo de carne se oculta el rostro del animalismo, presente y bullente en el Consejo de Ministros de España, uno de cuyos vicepresidentes tiene entre ceja conseguir su implantación a través del BOE, desde la Dirección creada expresamente por él, a cuyo mando ha puesto a un amigo vegano. Ya lo advertí –lo denuncié— cuando todavía estábamos saliendo del confinamiento por la pandemia, porque se hizo pian pianito, sin ruido, para no alarmar; pero es una brasa ya permanente, activada desde las altas instituciones del Estado, algo que nunca había sucedido en España. Es una operación logística-ideológica de la que también la Tauromaquia es víctima propiciatoria, por ser la diana permanente del vice en cuestión.

Ahora, desde una importante localidad de Madrid se pretende encender una llamita, a ver qué pasa. Evidentemente, un Ayuntamientos no puede prohibir nada que esté amparado por un rango legislativo superior, y mucho menos entrometerse en el ámbito privado. Solo puede proponer; pero, de momento, van a por los niños de los colegios. Los lunes, el bocata que se alberga en la mochila no debe contener carne. Nada de jamón serrano o chorizo de Guijuelo. Que se apañen con el bollicao –que dicen los nutricionistas es altamente pernicioso--, o con el sándwich de ensalada de pepino, o el de la berenjena rebozada en medio de dos rebanadas de pan integral y su poquito de lechuga, para desengrasar, que está muy rico. Le dan a un niño por la mañana este tentempié para el recreo y a la criatura se le caen los palos del sombrajo. Esos sí que serían  “los lunes al sol” de la película de León de Aranoa que protagonizó Javier Bardem, solo que en vez de trabajadores despedidos por la reconversión de un astillero, serán  niños abrumados por el contenido de su bocadillo, esto es niños “desolados” un lunes al mediodía.

Como comprenderán –sin menosprecio de los efectos generales y colaterales  que afectan a la población----, lo que me preocupa especialmente del tirito de Collado Villalba es el efecto rebote al cuerno del toro de lidia, disparado desde las trincheras de una supuesta benignidad sanitaria, ética, social... y ¡hasta religiosa!, pues dicen los sibilinos proponentes que el hecho de no comer carne un día de la semana forma parte de la tradición cristiana. Cierto, especialmente el día de Viernes Santo; pero es una penitencia que algunos católicos cumplen y otros no, sin que por ello renieguen de su religión. ¿Consideran en Podemos que los “lunes sin carne” es una penitencia? Desde luego, por tal lo tengo: si todos los lunes del año deben ser para el jefe de Podemos el día de abstinencias cárnicas habrá que acatarlo como acto sacrificial en el ara de una sacrosanta ideología, que por algo este personaje lleva por nombre el de un apóstol de la cristiandad y a los templos del Señor en su apellido; pero, ¿por qué los niños, inocentes donde los haya, han de cargar con esta penitencia?

Afortunadamente, la moción no ha prosperado. El tirito terminó en gatillazo. Ha prevalecido la sensatez en el grupo municipal de gobierno villalbino; pero conviene resaltar que la propuesta del “lunes sin carne” fue apoyada por el grupo socialista, escenificándose, una vez más, las dos muletas –de apoyar y de torear—en que se funda esta izquierda que gestiona el futuro de nuestro país. La que va contra el cuerno del animal, y, de paso, contra todo bicho viviente que rodee de carne su osamenta.