Algo novedoso y saludable se mueve...

Sinceramente: viendo de dentro a fuera la lluvia fría de este otoño anticipado, desde el mirador clásico de las viejas casas de Valladolid, el panorama del inmediato futuro de la Tauromaquia parecióme mas sombrío que nunca. Las noticias que se derraman sobre los muy variados soportes informativos no auguran nada bueno para el país, ni en lo político, ni en lo social ni en lo económico; la gente del toro se pone a porta gayola ante la Administración central y no recibe sino una serie de largas cambiadas interminables: promesas, promesas, promesas… Se nos trata como proscritos, ropavejeros de un antaño para el olvido, material humano de germanía. Es el “vuelva usted mañana” de Larra, casi dos siglos después.

Ante semejantes nubarrones, la fiesta de los toros en España parece abocada a una retrocesión inapelable. Asomado al balcón y cuadrado en la cara del “toro del aguardiente” que amenaza con lanzar la certera cabezada, me temo lo peor. Llámenme agorero, pero la voltereta –cuando no la cornada—se barrunta por los cuatro costados del ruedo ibérico. Pero, no. Todo parece indicar que tendremos un otoño y un principio de invierno inusualmente taurino. Algo novedoso y saludable se mueve en este mundo taurino, insolidario y hostil, que tantas veces hemos censurado.

A veces, la paciencia y una estudiada estrategia de acercamiento a los poderes públicos pueden alcanzar puntuales empatías que desaten los viejos nudos gordianos, de diálogos imposibles. Eso es lo que acaba de lograr la Fundación  Toro de Lidia que preside Victorino Martín, con la inestimable colaboración del “gabinete de crisis”, en el que se integran todos los sectores taurinos, y el Canal Toros de Movistar Plus: se prepara una mini-temporada de otoño-invierno, tras el acuerdo inverosímil con algunas muy significadas Comunidades Autónomas

A esta feliz iniciativa, se une el éxito sin precedentes de dos Certámenes para novilleros incipientes: los Circuitos de Andalucía y de Castilla la Mancha que se esfuerzan por hallar nuevos valores entre el nutrido grupo de chavales procedentes de sus respectivas Comunidades; festejos de los llamados “económicos” que han supuesto, también, un pelotazo de audiencia para Canal Sur y Castilla la Mancha Media, que han sido el soporte audiovisual –y también económico—de estos festejos. ¿Qué no hay afición? ¡Vaya si la hay! Lástima que las restricciones de aforo y el protocolo sanitario hayan restado asistencia; pero les aseguro que, pese al constreñimiento de los máximos espacios de ocupación designados por las  autoridades competentes, la fluencia de público ha sido magnífica. Por cierto, un público joven, muy joven, en su mayoría. Son un intento de proyección de la Fiesta a las nuevas generaciones que se rematará con otro Circuito que echará a andar en breve en Castilla y León, donde, lamentablemente, no habrá televisión regional para ofrecerlas en directo. No me pregunten por qué; pregúntenles a los subalternos.

Para el proyecto de mayor calado, el que puede ser preámbulo del llamado “Plan de Reconstrucción” de la fiesta de los toros que, probablemente, se acometerá de inmediato, los empresarios de ANOET, las Asociaciones de toreros y ganaderos y la de subalternos se han avenido a unas condiciones económicas acorde son las extremas circunstancias que vivimos, cediendo un buen porcentaje de sus percepciones por derechos de imagen a quienes corresponda, subalternos incluidos. También el Canal Toros ha cedido en algunos de sus derechos. Vino y rosas para todos. No me lo puede creer.

Serán veintiún festejos transmitidos en directo desde distintas plazas de toros, casi todas –por no decir todas—de tercera categoría, a poder ser ubicadas en territorios de cierta benignidad climatológica –Andalucía, Castilla la Mancha y Extremadura--, o que cuenten con la cubrición correspondiente. Concretamente, tres corridas de rejones, tres novilladas picadas y quince corridas de toros. Para estas últimas, se cuenta con las máximas figuras, aunque algunas, en principio, han declinado su participación, sin que estén muy definidos los motivos.

Novedad: serán corridas de cuatro toros. No seis: cuatro, lo cual ha motivado ciertas reticencias entre los posibles actuantes. Mi opinión: me gusta la fórmula. Una de las rémoras que aparta a los públicos de las corridas de toros contemporáneas es el letargo en que se hunden la mayoría de ellas. Son excesivamente largas –hay faenas que desesperan—porque, dicen los toreros expertos en largometrajes, “hay que exprimir al toro”. Confundir al toro con un limón no deja de ser una impertinencia vejatoria para el animal, si bien se comprende porque esas faenas kilométricas llegan a producir en el espectador acidez de estómago.

Hagamos un ejercicio reflexivo con serenidad, sin aspavientos: las corridas de antaño eran más entretenidas –y más apasionadas—porque duraban menos, mucho menos, que las actuales. En la célebre “corrida monstruo” de Santander del año 13 –tres festejos en el día—la matinal de las 12 de la mañana duró escasamente hora y cuarto, de tal suerte que los aficionados tenían tiempo para  comentarla largamente, antes de comer, y llegar con más ganas de toros a las vespertinas, que en  ningún caso llegaron a alcanzar la nocturnidad (los doce toros de la tarde se lidiaron en bastante menos de cuatro horas, incluido el largo intervalo correspondiente). Ahora, en cambio, cualquier contingencia imprevista –toro al corral, por ejemplo—dispara la duración hasta extremos insospechados. ¿Cuántas tardes de San Isidro hemos salido de Las Ventas siendo noche ciega?

Mi amigo Narciso no es aficionado, precisamente por eso. Mira que le metía caña para que asistiera a los toros: “Vamos, hombre, que hoy no falla; el cartel es de lujo” y él, invariable: “Si las corridas me gustan… pero son muy largas. Seis toros son demasiados. ¡Si fueran cuatro!...”

Al cabo de los años, ha llegado el momento de que se postule esta interesante y novedosa ocurrencia; pero mi amigo Narciso, con su tozudo razonamiento, hace años que dio con la tecla del invento. Que conste.