Los toros de la señorita Pepis

Por aquello de evitarme un sofocón diario, hace más de dos meses que no sintonizo los espacios informativos de televisión, sobre todo, los de la Televisión Pública (Telediarios), pero en el día de hoy, los ecos hertzianos de la radio me sueltan, eufónicos, una noticia bomba: ¡vuelven los toros! Raudo me presto a conectar la tele –Antena 3, es la que me merece más credibilidad-- y aguardo la buena nueva con el come-come que es de suponer. En efecto, al poco tiempo, y en titulares, un paneo en traveling  muestra la esplendorosa belleza del interior de la plaza de Las Ventas de Madrid, mientras la voz inconfundible de Matías Prats (hijo) acentúa: “vuelven los toros”. Me digo, entonces: pues, mira, es cierto, ¡al fín!...

La voracidad por degustar tan sabrosa noticia me lleva a zambullirme en el BOE, y el BOE me echa una chaparrada de agua fría. Vuelven, sí, pero es un volver imposible, una engañifa paternalista, como el chupa chups que se le da al niño emberrenchinado para que deje de dar la vara con su rabieta. Vuelven los toros sobre el papel, ese papel que nos dicta la norma de vida a los españoles desde la Agencia Estatal de Manoteras, en este caso, el papel que envuelve un juguete… con el que no se puede jugar. Es un cochecito sin ruedas. Una mini bici sin pedales.

La textualidad modificativa de la Orden SND/414/2020 de 16 de mayo, que trata de las restricciones de ámbito nacional, como consecuencia del Decreto del Estado de Alarma, se atiene a la entrada de las Fases 2 y 3 del Plan que nos debe llevar a lo que las piezas mejor lubricadas de este gobierno llaman “nueva normalidad”, como si la normalidad fuera algo susceptible de deformarse a su antojo, cual goma de mascar. La normalidad es la antítesis de la anormalidad. Recuperar la normalidad, para todos, sería lo correcto y deseable.

El caso es que este gobierno nos da un chupa chups a los taurinos anunciando que los toros ya están aquí. Pero, no. Los toros que permiten las normativas que engendran la ”nueva normalidad” autorizan festejos taurinos en unas demarcaciones territoriales de gran calado en la materia, con unas restricciones que hacen imposible –imposible, digo—la organización de un espectáculo taurino mínimamente atractivo para los aficionados. Si en los lugares geográficos que se hallan en Fase 2 (Madrid, Castilla y León, Comunidad Valenciana, y las tres provincias más taurinas de Castilla la Mancha, Toledo, Ciudad Real y Albacete) no pueden asistir a los toros más de un tercio del aforo de las Plazas y como máximo 400 personas, díganme quien es el guapo que se expone a dar toros sin abocarse a un descalabro económico de considerables proporciones. Tampoco en las demarcaciones de Fase 3 (el resto de la España autonómica) están más desahogadas, porque con 800 personas de máximo aceptado no salen las cuentas.

Que nadie se llame a engaño: los toros no vuelven, lo que se autoriza a volver es un remedo de festejo taurino. Algo inédito, novedoso, sorprendente, nada que ver con lo que se conoce por corrida de toros, y mucho menos en un escenario de capital de provincia. Los recortadores o los audaces toreros-acróbatas del Midí francés, quizá tengan alguna probabilidad de reaparecer en los ruedos, pero siempre ante una paupérrima presencia de público. Repito: 400 espectadores para los enclaves geográficos de Fase 2 y la mitad del aforo, sin exceder de 800 personas, para los de Fase 3. Todos sentados en butacas preasignadas y guardando la distancia de seguridad de nueve metros cuadrados por persona –de momento, que yo sepa, no se ha modificado la normativa--, lo cual dará idea de la apoteósica soledad de cada individuo que se halla en el tendido. Echando cuentas, los aforos que se barajan para esta clase de seudoespectáculos  con toros o novillos son de 1.200 o 1.600 espectadores. Serían Plazas portátiles, porque si se pretende que los grandes cosos acepten el envite, el aspecto de los graderíos se acercaría mucho al de “puerta cerrada”.

Pudiera ser que la televisión fuera el catalizador que lograra solventar tantos inconvenientes legales, sociales, sanitarios, visuales y económicos. A veces, la imaginación de quienes habitan en los ambientes taurinos es capaz de hacer milagros. Igual  nos sorprenden con un proyecto atractivo para el aficionado y rentable para el emprendedor y el comunicador. Me extrañaría, pero ¡ojalá!

Atención, también,  al  vocablo ”butaca” que usa el legislador, porque por tal se entiende el asiento con respaldo, y existe un limitado número de plazas de toros que cumplen este requisito.

En consecuencia, el gozo que nos causó el anuncio del informativo de Antena 3 se precipitó en seguida en el pozo de la desilusión. ¡Vuelven los toros! Qué va. Lo que anuncia el BOE son los toros en plan super-reducido, que diría la ministra de marras. Algo así como los toros de la señorita Pepis.

No descarto, sin embargo, que dentro de unos días aparezca otro BOE modificando lo recién modificado, dando mayor libertad de acción y unas normas más flexibles para que los toros vuelvan “de verdad” a las Plaza de  nuestro país. Es a lo que nos tienen acostumbrados: el Digo y el Diego de cada semana. La verdadera “nueva normalidad”.