La Tauromaquia "da calambre"

Se está poniendo la cosa calentita. El ninguneo del gobierno a la Tauromaquia, negándole no solo el derecho a obtener parte de las ayudas prometidas al mundo de la Cultura –-en la que está reconocida e incluida expresamente por vía de Ley--, sino ignorándola de facto en la respuesta “oficial” emitida por el  Ministerio de Cultura y Deportes, ha tenido la réplica de los toreros y cuantos personajes, profesionales o trabajadores  alineados de alguna  forma con el mundo de los toros se consideran afectados por el bochorno, con una protesta generalizada, ingeniosa y eficaz, que ha obligado al titular del ese Ministerio, José Manuel Rodríguez Uribes, a solicitar una nueva entrevista con la Fundación Toro de Lidia, que de alguna manera lidera las reivindicaciones de la gente del toro. Será en los próximos días. A ver qué les dice el buen hombre a los distintos representantes de los sectores taurinos. Está bien reunirse, pero estaría mejor que se utilizara el término con su acepción más empírica: volverse a unir. Pero lo dudo.

Son dos las razones que me asisten para hacer uso de este declarado escepticismo: las constancia de que en el Consejo de ministros la palabra Tauromaquia “da calambre” y la aparición de un nuevo (otro más) Real Decreto 452/2020, de 10 de marzo, por el cual se crea una Dirección General de Derechos de los Animales. Ambas oraciones, tienen su origen en un mismo sujeto: el Vicepresidente Segundo del Gobierno y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030, Pablo Iglesias Turrión.

Lo del “calambre”, está bien claro; cristalino, como diría el susodicho: La Tauromaquia, a pesar de tener nombre femenino, es non grata en Moncloa.  El propio Vice lo ha declarado expresamente: me incomoda que la Tauromaquia se integre en el ámbito cultural, viene a decir. Y esta es una cuestión difícil de rebatir o combatir, porque estos personajes de ideología berroqueña y carácter intolerante y sectario son impenetrables. Tenía prevista la abolición de los toros (la fiesta de), sin más, en sus primeros programas políticos, pero a la vista de que podía perder votos del proletariado taurino lo suavizó, y ahora, en el machito, se regodea campanudo y saca adelante su propuesta de crear una Dirección General para el Derecho de los Animales. Ha nombrado Director General a un vegano llamado Sergio García Torres, militante de Podemos, que  regenta (o regentaba) un establecimiento de esta especialidad alimenticia y, naturalmente, se crearán las subdirecciones, asesorías y demás departamentos administrativos de rigor, con la consiguiente dotación presupuestaria, porque las Direcciones Generales son un Órgano de Gestión de gran importancia para el desarrollo del proyecto político de este nuevo Gobierno de coalición. El animalismo ha llegado al poder.    

Habrá que andar con pies de plomo en estas cuestiones; porque una cosa es que se vigile y regule jurídicamente el castigo con la severidad pertinente a los humanos que practiquen atrocidades con los seres vivos –que hagan "animaladas"--  y otra  que, entre los Asuntos Sociales que se tratan en ese Real Decreto (Infancia, Adolescencia, Mejoras de la población gitana, Discapacidad, etcétera), competencia todos ellos del señor Iglesias Turrión, se cuele de rondón el Artículo 10, por el que se crea la citada Dirección General, con cinco puntos, uno de los cuales solicita incluir la protección de los derechos de los animales en el ordenamiento jurídico actual y otro, el desarrollo de las medidas de difusión necesarias para que la sociedad conozca y respete los derechos de los animales y su protección. Esto último está bien claro: Organizar y subvencionar una gran campaña publicitaria, de propaganda, a favor del animalismo. El PACMA puede estar más tranquilo. Ya no tiene que buscar patrocinadores entre las multinacionales de venta de mascotas o empresas que les sirvan alimentos para animales, productos de higiene corporal, cosmética, peluquería, ropajes, etcétera, ni depender de las cuotas de sus afiliados, si las hubiere, o exponer a sus subvencionados a un revolcón del personal de cuadrillas en las plazas de toros. El ministerio de Asuntos Sociales de este gobierno nuestro será el altavoz “oficial” del animalismo, porque incluye a los animales en el contexto de la sociedad civil; pero lo que está por dilucidar es cómo se va a proyectar la arquitectura jurídica que incluya a los animales en el régimen de derechos, exclusivamente. Así, pues, y por darle un toque “animal” al asunto, podría decirse que esta inclusión es un auténtico descalzaperros.

Sin embargo, ahí está este Decreto Ley y su nueva Dirección General, que ha entrado en vigor desde el mismo día de su publicación en el BOE, el 12 de marzo pasado. A ver qué les dice el ministro a los representantes del mundo de los toros, cuando le pregunten si esta Ley, por Decreto --que es como está legislando este gobierno del estado de Alarma--, va a colisionar con una actividad artística que tiene concedido el título de Bien de Interés Cultural por otra Ley vigente desde hace siete años. ¿O es que el dúo PACMA –Podemos, recién subido al poder, se va a retractar de abanderar la cantinela “la tortura no es cultura”?

Pues ahí los tenemos, colocados en las instituciones, estratégicamente atrincherados y dotacionalmente equipados con jugosas asignaciones presupuestarias.

No crean que la culpa de los males que nos aquejan debe imputarse exclusivamente a este gobierno. Los anteriores de signo bien distinto tampoco hicieron gran cosa –prácticamente nada—por defender, potenciar o ayudar a la sostenibilidad de una actividad que forma parte de nuestro Patrimonio Cultural y aporta cantidades importantísimas a las arcas del Estado. En este aspecto, no hemos avanzado un palmo, y el paso de Interior a Cultura no ha variado para nada la situación de la Tauromaquia en nuestro país. La foto es la misma, con distinto fotocol.

Así, pues, el enemigo está en casa. En el casoplón de Galapagar o en el Palacio de la  Moncloa. En manos de quienes tienen un modelo de país en el que la fiesta de los toros es poco menos que un okupa desagradable e incómodo. Pronuncias la palabra Tauromaquia en el Consejo de ministros y saltan chispas. La situación actual le ha llevado a un límite de máximo riesgo, algo que ni las prohibiciones pontificias o de los primeros borbones, incluso de la España republicana del siglo XX lograron alcanzar. ¿Y qué hacen Carmen Calvo y Ábalos, por ejemplo, que presumen de taurinos?  Ya lo ven, entornar lo ojos, tragar y aguantar. Solo podemos encontrar aliados en las Comunidades Autónomas. Son nuestro clavo enrojecido –no busquen connotaciones—al que debemos aferrarnos para evitar ir al despeñadero.

Ayer, intervine en el programa El Kirikikí, de Canal Toros y tuve la oportunidad de mantener un cara a cara virtual (por streaming) con Guillermo Fernández Vara, presidente de la Junta de Extremadura, que hoy ha recibido a toreros y ganaderos en la sede presidencial de Mérida.  Intervenía el presidente, con habitual dosis de buenismo, prometiendo “hacer todo lo que esté en su mano” por ayudar a la fiesta de los toros, tan arraigada en su tierra, incidiendo, principalmente, en  motivos geográficos, económicos, laborales y medioambientales, que quiere salvaguardar. Le propuse que hicieran un gran bloque (un pacto compacto) en pro de la Tauromaquia con sus correligionarios de Castilla la Mancha y La Rioja y con sus colegas de Castilla y León, Murcia, Andalucía y Madrid y promuevan una Ley conjunta, con un Reglamento único. Traté de hacerle ver que el enemigo está donde él no quiere llegar: allá arriba, de donde emanan órdenes y leyes y donde, visto lo visto, el que se mueve no sale en la foto, ésta ya sin fotocol.  Todo fueron palabras amables, amigables, bienintencionadas, pero el señor Fernández Vara no se comprometió más que a “hacer lo posible”, para que haya toros en su Comunidad. Ya comprendo que es su principal competencia, pero también lo que menos compromete. Tanto él como García Page dicen, pero no hacen; amagan, pero no dan.  Plantar cara al jefe y al subjefe de estación puede traerle serias consecuencias al maquinista. Allá arriba hay un cable pelado y suelto, de alto voltaje. Y no quieren correr el riesgo de pisarle, porque, ya digo, para los políticos que nos gobiernan la Tauromaquia, da calambre. A ver qué ha salido hoy de la reunión extremeña,  junto al foro romano. Espero que lo de ayer le haya dado motivos al presidente de la Junta  para reflexionar o, al menos, ser más explícito y comprometido con la causa común. De momento, lo tenemos crudo. Avisados estáis.