Así está el Mundo

A estas horas, los pabellones de Ifema en Madrid deben ser un hervidero. Se celebra, como bien saben, la Cumbre del Clima, que traducido al lenguaje moderno de lo escueto es la COP 25 y al de la gente corriente “lo más de lo más”, en lo que a representación de gerifaltes políticos se refiere. Medio centenar de Jefes de estado o de Gobierno de todo el mundo mundial acuden a la cita de Madrid, junto a un puñado de expertos en estas cuestiones climáticas y demás, tan apasionantes y actuales como esotéricas y abismales. Y en medio de esta barahúnda que anda pululando entre la Babel ocasional de Ifema, emerge el nuestro, el presidente en funciones, que es un hacha en funciones de este tipo, luciendo su palmito de pantalón de pitillo y chabal (que diría un calorro) de pala estrecha; porque el nuestro nació para presidir, previo contoneo chulángano. Y para presumir de jerarquía máxima, que para eso la tiene. Esto de la Cumbre del Clima le ha venido al pelo para hacer alpinismo de montaña, en vez de alpinismo de rascacielos, que eso es cosa de Batman; aunque bien pudiera, porque también es hombre-araña, en todas sus amplias acepciones y especialidades. El nuestro no se corta un pelo, porque ir a la cumbre para quien ya está en ella es, es pan comido.

Me consta que la Fundación Toro de Lidia que lidera mi amigo Victorino Martín no está acreditada como ponente ni oyente, sino la Organización llamada Alianza Rural, compuesta por una variopinta representación de organismos implicados en actividades con  intervención de animales, una alianza en la que se encuentra también La Unión de Criadores de Toros de Lidia. Veremos qué cancha se le da a esta especie de Federación multiusos en la que se integran caza, pesca, circo, etcétera, a la que se han enganchado los criadores de bravo.

Por mi cuenta, quiero dejar constancia de la diferencia abismal que separa estas actividades citadas con el hábitat en que se desenvuelve la crianza de bravo. Y hago este hincapié porque aquí, en Madrid y en esta Cumbre, de lo que se trata es de transformar la economía, la industria y en general los métodos de vida de los países contaminantes (curiosamente, los que más contaminan están ausentes) para alcanzar un equilibrio medioambiental, antes de que el calentamiento global que genera el CO2 y  el veneno de los productos indestructibles (plásticos) desencadene una verdadera catástrofe en el Planeta y en este siglo.

Ojalá los representantes del mundo rural taurino (los ganaderos de bravo) dejen bien patente la aportación del toro de lidia como garante de la biodiversidad de la especies en las “dehesas mediterráneas” en que habitan, porque, en esta ocasión, no cuenta tanto la vida regalada del toro como el entorno natural en que se desenvuelve y desarrolla. Dejemos en paz, por una vez, el combate con el animalismo cernícalo. Millones de hectáreas de encinas, robles, alcornoques, álamos, eucaliptos, acebuches y un largo etcétera de la flora vegetal, la hidrografía que lo envuelve, así como la convivencia con la fauna que de ella se sirve para su pervivencia, solo tienen razón de ser por dos motivos: o se convierten en gigantescos parques temáticos con variada muestra de animales domésticos (o domesticados, con la falsificación biológica que tal hecho comporta), o se deja al toro bravo reinando en su albedrío y compartiendo este maravilloso entorno natural con aves migratorias y demás especies de reino animal que en él se congregan.

Esto es lo que deberían aportar nuestros representantes taurinos en la COP 25. Hagamos un piadoso ejercicio de credibilidad en sus dotes de persuasión; pero me temo que esta Cumbre solo servirá a intereses de la farándula política, o a las veleidades mundanas del “progresismo” que nos invade. El “pequeño Nicolás” ya anda por allí, zascandileando, “haciendo consultas” a no se sabe quién y haciéndose una foto de rigor  ante un micrófono con la escarapela de acreditado. Y la niña Greta Thunberg, está recuperándose del ajetreado viaje marítimo en catamarán.  Muy pronto nos contará por qué le han robado su infancia y llorará ante un bistec de ternera. Y será rodeada por decenas de cámaras de televisión. Y concederá entrevistas, previa petición de hora.  Le hablas de toros a esta chica y sale corriendo, con o sin catamarán.

Así está la Cumbre que tanto nos preocupa, llena de figurones. Así está el  Mundo, disperso e incierto.  Y el de los toros, ni les cuento.