Se busca obispo (taurino) para confirmar (alternativas)

Leo los carteles de la feria de la Vendimia de Nimes y constato, una vez más, el olfato innovador del empresario que se encarga de su confección, que es, naturalmente, Simón Casas, conocido también por el título de un “máster” que él mismo se ha procurado: Productor de Arte.

Olfateo, también, el proverbial afán innovador de Casas en el cartel que cierra la feria, no tanto por el nombre de la ganadería (Victorino Martín) o el de los toreros (Octavio Chacón, Emilio de Justo y Pepe Moral), sino por la advertencia que destaca el caso insólito de que los tres matadores confirmarán la alternativa. A la vez. De una sola tacada. En la misma corrida. Es lógico, pues, que tan extraña circunstancia no solo excite mi curiosidad, sino que me deje definitivamente sumido en la perplejidad. A botepronto, llego a la conclusión de que se trata de la extrapolación del verbo confirmar, llevada a su máxima expresión, en versión taurina: Yo te confirmo, tú me conformas, él me confirma, nosotros te confirmamos… pero, ¿adónde vamos a llegar con esta obsesión por presionar hasta la extenuación las neuronas del ingenio?

He confesado en más de una ocasión de que soy un “simonista” convencido. Me reafirmo en lo dicho. Mejor: lo confirmo. Creo que en la fiesta de los toros falta frescura e innovación. Creatividad. Variedad. O sea, el I+D+I de la cosa taurina. Y me consta que el francés es un empecatado practicante en el ejercicio de estrujarse el magín para aportar nuevas sensaciones, nuevas experiencias. En suma, el impulso de la novedad contra la monotonía. Ya hizo carteles novedosos en el año 85, reuniendo a seis toreros “de arte” en una sola corrida en la feria de Fallas de Valencia, o propiciar la reaparición de Litri y Camino, entonces en apacible retiro, para dar la alternativa a sus hijos en Nimes, y tantas y tantas aportaciones novedosas que han causado el efecto pretendido por todo empresario que se precie: llamar la atención  del aficionado y convocar clientes ante las taquillas. Lo último, la bomba del bombo en la feria de Otoño de Madrid, que, ya lo verán, va a resultar más exitosa de lo que algunos creen y un aliciente de cara al futuro, lo cual hará cavilar a los escépticos, por el momento en gran mayoría.

Ocurre, sin embargo, que este invento de las tres confirmaciones me ha roto los esquemas. Se mire por donde se quiera, la cosa se muestra enrevesada, confusa y tediosa; pero sobre todo, transgresora con el concepto de rito que tiene –y debe mantener—la Tauromaquia. El rito, por definición, es la escenificación  de un ceremonial excelso que aporta seriedad, misterio y liturgia, a veces acompañado por una ofrenda sacrificial. La Tauromaquia tiene muchos de esos componentes litúrgicos que le emparentan con las religiones, al punto de que se paralelizan los actos de vestirse el torero y el sacerdote, ambos con ropas bordadas de rica argentería; pero probablemente, el rito más expresivo y más compartido en España entre la Fiesta de toros y la religión católica es el acto solemne de la investidura de los novicios, cada cual (torero y sacerdote) en el rango que les corresponde, en una alternativa que, en ambos casos, toma la acepción de dilema o disyuntiva: en el del sacerdote, porque va a  cantar misa por primera vez, enfrentándose al sacrificio de la Eucaristía, y en el del novillero porque se va a enfrentar al toro adulto por vez primera. Por tales motivos, el primero recibe el nombre de misacantano y el segundo de toricantano.

En el principio de los tiempos, las alternativas solo se podían tomar en Madrid o las Reales Maestranzas, hasta que la Fiesta tomó auge definitivo y los escenarios fueron proliferando fuera de esa esfera elitista. Sin embargo, Madrid –siempre, Madrid—exigía que los nuevos toreros que llegaban a torear a la corte refrendaran allí la alternativa. Más aún, si alguno llegara a tomarla fuera de nuestras fronteras no era válida (caso de Luis Miguel Dominguín), y había que “retomarla” en el solar patrio. Vamos, que en esto de las alternativas taurinas, el ritual ha dado numerosas camballadas a lo largo de los siglos. En estos momentos, los nuevos toreros deben confirmar su alternativa en la Plaza de mayor relevancia de aquellos países donde la tauromaquia tiene presencia activa y tradición consolidada. En Francia, pues, el escenario indiscutible es el de las Arenas de Nimes.

Y a Nimes y a Simón Casas regresamos. Allí, este genio francés ha instituido el acto de la toma de la borla doctoral en Tauromaquia de los novilleros más descollantes de su escalafón, de tal suerte, que ya no hay novel que se precie de ser un aliciente futurista (llegar o no a figura ya es más problemático) que no ansíe doctorarse en el formidable y bimilenario coliseo romano de aquella ciudad. El último en hacerlo será Antonio Catalán, anunciado en esta feria del 2018 con el apoco de Toñete. No hay cartel de alternativa en Nimes que no haya estado   adornado por los nombres de grandes figuras del toreo. Un lujo, pues, para los toricantanos.

Como se destaca letras arriba, no es este el principal reclamo de la cartelería nimeña (nîmois, que dicen allí) de este año. El que llama la atención por su originalidad es el de la triple confirmación de alternativa de tres toreros. ¿Cómo se llevará a cabo esta ceremonia, multiplicada por seis (tres cesiones y tres devoluciones de trastos respectivas)? ¿A quién confirma Chacón? ¿Y quién confirmará al confirmador que ha confirmado? La antigüedad está clara, por orden de la fecha de la alternativa, y sospecho que será la base para establecer el turno de ceremonias; pero, veamos: si Octavio le confirma a Emilio y éste le confirma a Pepe, ¿quién le confirma a Octavio? ¿Un compañero que acaba de ser confirmado? ¡Madre del amor hermoso, en que lío me he metido!

Traslademos el enredoso asunto a las ceremonias de confirmación de la Iglesia católica: ¿Cómo le va a confirmar un niño de cercano bautismo, aún sin confirmar, a otro niño en sus mismas circunstancias? ¿O cómo puede confirmar un novicio a otro novicio, misacantanos ambos, con mayor o menor antigüedad? El que confirma ha de ser siempre el Obispo u Arzobispo. En el caso que nos ocupa, nos preocupa y nos tiene anonadados, ¿no se podría encontrar un “obispo taurino” de urgencia en la figura de algún matador de tronío que reaparezca solo para ser maestro de ceremonias? Verbi gracia, el propio Simón Casas, que tomó la alternativa en ese mismo escenario….

Comprendo que usted, amable lector ya no sepa de qué estamos hablando, ni de quién puede ser el “obispo” confirmador que dé la seriedad aludida a esta  ceremonia de la confusión,  en la que se van a repartir  más abrazos en un par de horas largas que cargos de alto rango en los dos meses que llevamos de  nuevo gobierno en España.

Bien mirado, el único Obispo taurino que tenemos a mano se encuentra entre las páginas de este periódico digital. Va de Oro, pero es un Blog. Qué pena