La que se avecina

Ténganlo por seguro: si la plaza de toros de Las Ventas es obligada a reformar sus accesos interiores, a recomponer sus graderíos y a reforzar su estructura, la temporada del 18 presenta un panorama más oscuro que el reinado de Witiza, que diría un  castizo.

He asistido a un debate en televisión junto Rafael García Garrido, director general de la agencia de viajes Nautalia y principal socio de Simón Casas en la empresa Plaza 1, arrendataria del coso por los próximos cuatro años y Manuel Ángel Fernández Mateo, director gerente del Centro de Asuntos taurinos de la Comunidad de Madrid, que ostenta la propiedad del inmueble. Tema: el futuro a corto plazo de la Plaza. La cosa pinta chunga, se lo aseguro.

Tengo por costumbre no meter demasiado la cuchara en los temas taurinos que se desarrollan fuera del ruedo, principalmente en los que se ventila una pasta gansa o en los que, por añadidura, se desprende un tufillo político que me resulta particularmente desagradable; pero cuando por su trascendencia para el futuro de la fiesta de los toros la cuestión requiere de un abordaje inmediato y a desgarrapellejo, ahí me tendrán, y este es uno de esos casos.

La Plaza de Madrid, contemplada como edificio emblemático de la capital del Reino, es una belleza, un baluarte, una joya de la arquitectura neomudéjar. Y considerada como referente indispensable de la fiesta de los toros, un escenario que es obligado cuidar en grado sumo, hasta en el más mínimo detalle, para lo cual, la Propiedad, es decir, la CAM, tiene la obligación de estar pendiente de que cumpla con todos los requisitos legales para que el normal desarrollo de los espectáculos taurinos, que es la función  principal para que fue pensada por Joselito el Gallo y diseñada por el arquitecto Espeliú. Hasta aquí, todos de acuerdo. La Plaza cumple la normativa vigente y, por tanto, la Comunidad autoriza los festejos taurinos.

Lo que no se figuraba Joselito es que llegaría el día en que su preciosa moza  Monumental no tendría novio que le mire ni perrito que le ladre, desde el punto de vista empresarial, salvo que se autorice al empresario para que organice en ella otros festejos llamados atípicos, una calificación deliberadamente ambigua, un cajón de sastre en el que entran en patulea mítines políticos, torneos deportivos, conciertos de rock, baladas y estaribeles varios, además de negociar los alquileres de los bares, almohadillas, etcétera, y principalmente un acuerdo previo con cadenas de televisión. Es decir, que Las Ventas, más que el palenque taurino de mayor rango del mundo se ha convertido en la plaza de las ventas, y ustedes entenderán el segundo sentido de la expresión.

Todas estas cuestiones se dan por sabidas y están tácitamente incluidas en los Pliegos de Condiciones que se redactan y dan forma al Concurso que periódicamente –salvo contingencias especiales—se anuncia para que los concursantes realicen las oportunas ofertas; pero aquí todo el mundo está al cabo de la calle de que sin los atípicos citados y con los tremendos gastos de producción que exigen los citados Pliegos, la gestión taurina de la plaza de toros de Madrid marca ruina. No salen las cuentas ni para atrás. Vamos, que no se presentarían al  dicho Concurso ni Pelé ni Melé.

La cosa se ha complicado este año de forma altamente preocupante. El Ayuntamiento de Madrid, regido por una izquierda claramente antituarina, tiene la potestad de otorgar las licencias municipales oportunas para celebrar espectáculos no taurinos, por cierto con gran éxito de público. Y aquí viene cuando la matan: tal como está diseñado el edificio  --los planos se dibujaron a principio de los años 20--, no cumpliría la normativa actual, sobre todo en lo que se refiere a barreras arquitectónicas y espacios de evacuación en caso de emergencia. No la cumple, y punto, es lo que dirán los asesores técnicos –cuyo informe, ojo, parece ser que no es vinculante-- de Manuel Carmena, ante el supuesto regocijo de la venerable alcaldesa.

¿Qué hacemos ahora?, se están preguntando el Productor de Arte Simón Casas y su socio de Viajes Nautalia. Menudo viaje les ha pegado la municipalidad. Echan cuentas y pierden pasta. Lo dicho, ruina.

La otra pregunta nos la hacemos nosotros, los que asistimos periódicamente a los festejos taurinos: ¿Cómo es posible que la Comunidad autorice los festejos taurinos con los graderíos llenos de público y el Ayuntamiento desautorice los atípicos, so pretexto de que no cumplen las medidas legales de seguridad? ¿Estamos en riesgo inminente los que vamos a los toros? ¿Está la Comunidad, en todo caso, tolerando una ilegalidad? ¿O es el Ayuntamiento el que se la coge –la Normativa actual, digo—con papel de fumar?

Algo de todo esto se cuece en el batiburrillo en que se encuentra un conflicto que no por callado entre las partes afectadas debe ser desatendido por los medios de comunicación. Pareces ser que a partir del próximo año empezarán las obras de adaptación a la Normativa vigente, para lo cual habrá que desmontar varios tendidos por fases, cambiar la dimensión de los asientos, colocar supuestamente butacas de poliéster (no homologadas al tamaño actual)  y ensanchar notablemente las bocanas de acceso y desalojo, además de reparar algunos fallos estructurales y recomponer el diseño de los corrales. Se lo digo por propia experiencia: desde el punto de vista constructivo esto es un carajal de padre y muy señor mío.

El Director del Centro dice que está todo previsto, pero no tiene ni idea de lo que se le viene encima. El director general de Nautalia está pendiente de la solución al contrato de gestión que deberá facilitarle la Comunidad de Madrid, porque esto no era ni lo hablado ni lo leído ni lo firmado.

Y a todo esto, quede bien claro que el follón no lo provocan los festejos taurinos, sino los espectáculos paralelos, el momio imprescindible para obtener  rentabilidad a la aventura emprendida. Y algunos aficionados y sobre todo los abonados se preguntarán: ¿es que vamos a pagar nosotros el pato de este desaguisado?

La verdad es que lo que más preocupa es el hipotético realojo de la feligresía de Las Ventas, pero habrá que ver su respuesta cuando les quiten el granito gris de los tendidos, una piedra berroqueña de Colmenar que es una de las señas de identidad de Madrid y su Plaza de Toros, o contemplen el inevitable cambio en su fisonomía interior. ¿Y todo esto, para qué?, pues para que se puedan celebrar concentraciones multitudinarias en el ruedo y los tendidos bien ajenas al arte del toreo.

Hay una solución: que estrechen lazos los técnicos de ambas Corporaciones para encontrar una razonable y “constructiva” viabilidad en la aplicación del Reglamento de espectáculos Públicos, cuyas competencias están transferidas a las Comunidades Autónomas,  para habilitar la operatividad de un recinto con miles de personas en su interior sin que se destroce el interior de tan emblemático edificio. Déjense de reuniones entre empresas privadas y la gestión pública. Este tema sí debe tener una solución política, porque, de lo contrario puede servir de guión para una de las series de televisión de mayor éxito: La que se avecina.