La alfombra

A la fiesta de los toros le han puesto una alfombra. Por fin. Una alfombra larga y estrecha, como los menús de la hostelería (me niego a llamarle restauración) de alto standing, o sea los       que someten al paladar a una prueba de fuego de su registro de sabores y al bolsillo a una de hielo cuando te entregan la cuenta. La cata del paladar eran los carteles de la feria de San Isidro y festejos adosados. La cuenta era cero. Gratis total. De balde. Un simpa general y apoteósico, al que estábamos invitados la Prensa taurina que ejerce como tal de manera visible, las caras y nombres más populares que simpatizan con la Fiesta, toda la rimbombancia que imaginarse pueda y el Todo el Toreo que estaba por Madrid o quiso acercarse para el acontecimiento.

La alfombra no era roja, sino azul; pero el montaje a todo trapo, o por decirlo de forma más coloquial y taurina, el que no falte de ná o gloria bendita  pa tós, nos dejó patidifusos. Por lo menos, al que suscribe. De haber sido roja la alfombra podría decirse que la fiesta de los toros había entrado en una inédita hollywoodización.

Naturalmente, se alzarán voces disonantes, críticas de distintas acideces y palos varios a lo que se puede considerar una desproporcionada puesta en escena de lo que siempre fue un sencillo acto informativo y explicativo, durante el cual, la Empresa  de turno justificaba la confección de los carteles a los plumillas que recabábamos el por qué de las cosas. Dirán que la fiesta de los toros es una cosa bien seria y que frivolizar de esta manera, es lesivo para su proyección, de cara a las nuevas generaciones de potenciales aficionados, incluso que es un despilfarro inútil, porque luego sale el toro y…

Esto lo dirán, desde luego, los que no fueron a la Gala que la empresa Plaza 1 montó por todo lo alto en la tardenoche de ayer en la Plaza de las Ventas. Lo del 1, parece referirse a la primacía que la Monumental de Madrid ejerce sobre las plazas de toros del resto del mundo, un eslogan que me parece acertado y más aún el logotipo. La gente que no va adonde no se le llama o la que quisiera haber estado donde no estuvo, suele sacar el palo a pasear, como el que zurra a la madriguera después de la liebre ida.

Sinceramente: la Gala me pareció un aldabonazo antológico. Ya es hora de que esta Fiesta se vaya quitando la costra rancia de lo de siempre. Lo de siempre es lo que suele tomar el beodo en la tasca de debajo de casa, y así le va la salud. Lo de siempre es la clásica pelea de tirachinas sobre quién falta y quién sobra en los carteles. Una pelea inútil, porque ni convencen las explicaciones del interpelado  de turno ni el que interpela se muestra más incisivo y reiterante de lo estrictamente necesario. No conozco Rueda de Prensa en la que estas cuestiones deparen retracciones o alteraciones de la cartelería. Los hechos consumados no tienen vuelta de hoja.

Anoche se nos entregaron los carteles de San Isidro… que todos conocíamos. Incluso se conocía la ausencia de última hora de Juan Mora (qué pena, sí), pero nadie nos dijo nada al respecto, porque en las Galas no hay preguntas. En las Galas hay galanura. A Simón Casas se lo preguntaron sotto voce, entre plato y plato, bajo la impresionante carpa montada sobre el ruedo y rodeada de pantallas y cámaras de televisión, y el radiante Productor de Arte también acabaría diciendo lo que el entrenador les dice  a los periodistas deportivos en víspera de partido, cuando inquieren algo sobre la ausencia de cierto elemento de la alineación: por decisión técnica. En este caso, Casas le pondría acento francés: ha sido una decisión dolojosa. Y punto.

Por si alguno de ustedes no lo sabe (que lo dudo), la feria de San Isidro consta de 27 corridas de toros, 4 de rejones y 3 novilladas. Se acota entre el 11 de mayo y el 18 de junio. La corrida de la Prensa se incluye en el abono y las de Beneficiencia, de La Cultura (novedad) y la Novillada de Triunfadores, fuera de él. Están todas las grandes figuras y un amplio plantel de jóvenes que tienen mucho que decir y disputar. Vienen todas las ganaderías duras, medioduras y blandas (es un decir) que, según los últimos indicios, están en buen momento. Ya saben, repito, luego sale el toro, y…

En fin, que me encantó la nueva imagen que Simón Casas y su socio Rafael García Garrido (Nautalia), además de un joven y muy valioso equipo de colaboradores, con Nacho Lloret a la cabeza, han querido ofrecer de su proyecto para impulsar la gestión de la Plaza de Las Ventas. Ah, y me encantó, también, la magnífica presentación del acto que ofrecieron mis compañeros Pepe Ribagorda y Elena Sánchez (¡qué tiempos aquéllos de Vías Digital!, verdad Elena).

La repercusión, desde luego, ha sido espectacular, alcanzando  niveles de difusión increíbles. Han vestido a la Fiesta de largo. ¡Fuera complejos! España y el resto del mundo ya saben que la Tauromaquia también quiere pisar fuerte en la sociedad contemporánea. De momento, le han puesto una alfombra. Azul, por más señas.