¡Qué manera de pinchar!...

Las novilladas, me ponen. No lo puedo remediar. Me hablan de un chavalito que está armando revuelos en festejos de menor entidad, incluso en tentaderos, y me pica la curiosidad: habrá que verlo.

Entre la gente del toro, quienes tenemos una cuota de responsabilidad por el mero hecho de hacer públicas nuestras valoraciones, habremos de estar pendientes de cualquier novedad, del fucilazo de ilusión que despiertan los neos de turno o, simplemente, por esa atávica necesidad que sentimos los amantes de esta Fiesta de emitir pronósticos: Éste, va a ser y éste no vale un duro suelen ser los principales enunciados del dogmatismo taurino, cuando de evaluaciones a primera vista se trata. Y no quiero contarles la cantidad de batacazos que, en una u otra dirección se producen, aunque el profeta de turno lo niegue, lo dude o lo justifique. ¿Quiénes no han (hemos) sentido la tentación del vaticinar sin paracaídas?

En cualquier caso, cuando tengo ocasión de echar un ojo a los novilleros que prometen un venturoso futuro –los que se llamaron punteros toda la vida de Dios--, allá que voy.

Así que ayer fui al Palacio Vistalegre, que es la reencarnación de aquella Alegre Chata de nuestros pecados de adolescencia y juventud, aunque ignoro el motivo por el cual se le llama ahora Vistalegre Arena.

Se anunciaban los tres novilleros mejor colocados en la parrilla de salida para la temporada que comienza. Dos de ellos, probablemente, tomarán la alternativa este mismo año, por dos motivos: porque están sobradamente rodados para afrontar el compromiso y porque en el escalafón en que militan no hay porvenir, sobre todo en lo que a retribuciones se refiere, o sea, al parné, que dicen los castizos y la pastora, que dicen los taurinos de allá abajo. Tres jóvenes valores, pues, y una ganadería de garantía para mostrar valores, virtudes y ambiciones.

¿A qué garantía se refiere?, podrían espetarme los más escépticos. Pues a la que ofrecen los novillos de estampa bien agradable, sin desmesuras de ningún tipo y que embisten por derecho, una y otra y otra vez, en pos de capotes y muletas, como si fueran epígonos de los tambores turgentes sobre los que se hacen filigranas con hilos de colores. Para bordar el toreo, vamos.

¿Lo bordaron los novilleros en Carabanchel? Según y cómo. Álvaro Lorenzo lo hizo por momentos en el primer novillo, el más bravo y encastado de la corrida de Daniel. Engarzó muletazos de apreciable ceñimiento y largura, siempre con la tela por abajo y muy templada. Recibió una fea voltereta, de la que salió con el rostro rebozado en sangre…del novillo, afortunadamente; pero el muchacho ni se miró, que es el contraste ancestral que mide el valor de los toreros. También cuajó una serie de naturales magnífica al bravucón que fue jugado en cuarto lugar, a más de detalles que avaloran su puesta a punto para el muy próximo doctorado. Ginés Marín toreó valiente y variado con capa y muleta a su primer novillo, el más desrazado del lote que vino de las tierras de Alcaraz, un bonancible de corto viaje ante el que pudo desplegar un repertorio de lo más variado. A destacar un detalle: en el quite por gaoneras se le vino muy cruzado el novillo, y Ginés se lo pasó por la espalda, sin pestañear. Para improvisar así hay que tenerlos bien puestos. El quinto fue otro gran novillo y, además, el más cuajado de la carnes y más ofensivo de cuerna. Este jerezano reimplantado en Extremadura hizo cosas extremadamente llamativas, como torear de rodillas con increíble despaciosidad. Tan desbocado estuvo el muchacho que se pasó tres pueblos con la faena a cuestas, y aunque interpretó algunos naturales de excelente factura, el animal entregó la cuchara por agotamiento físico. Estos chicos, cuando ven el triunfo tan a mano, no tienen medida.

Y, por último, el que se anuncia Varea, se llama Jonathan Blázquez y es de Almazora (Castellón), el pueblo de Raúl Aranda. Varea se anuncia también con seis novillos en la ya inmediata feria de su tierra, lo cual da a entender el cartelazo que tiene en Castellón. Datos positivos: su toreo a la verónica, avanzando hasta los medios en el tercer novillo y el empaque con que instrumenta los remates de las series de muleta, especialmente los pases de pecho. Datos negativos: el amontonamiento que protagonizó ante el último de la tarde, el más complicadillo, ciertamente, de la gran novillada de Daniel Ruiz. Y, por supuesto, la espada. ¡Ah, la espada!

En realidad, lo de la espada fue una pesadilla para los tres novilleros. Los tres saben torear, y muy bien, demostrado queda, pero… ¡qué manera de pinchar! Visto lo visto, les queda un mundo por aprender para practicar con la contundencia que merece la que por algo se llama suerte suprema.. No obstante, prefiero olvidarme del calificativo que emplearía en estos casos un castizo de Los Madriles: llega una nueva generación de pinchaúvas.

Cuidado con los vaticinios agoreros, que estos chicos, en cualquier momento, hacen así y te destrozan la bola de cristal.

 

 

 

Madrid, Palacio Vistalegre. Feria de Invierno, Primera de abono. Ganadería: Daniel Ruiz. Novillada desigual de presencia, pero de excelente juego. Primero, bravísimo y encastado, segundo noble y falto de raza, tercero bravo y noble, cuarto, bravucón y codicioso, quinto bonancible y de larga duración y sexto, protestón por el pitón derecho. En conjunto, novillada de alta nota. Espadas: Álvaro Lorenzo (de azul y oro), Pinchazo, estocada atravesada y dos descabellos (dos avisos y ovación) y tres pinchazos y estocada desprendida (ovación), Ginés Marín (de grana y oro), media contraria (aviso y ovación) y estoconazo (oreja) y Varea (de sangre de toro y oro), dos pinchazos y estocada casi entera (aviso y palmas) y cuatro pinchazos (aviso y silencio). Entrada: Un cuarto. Cuadrillas: Javier Ambel, Raúl Martí, Joselito Ballesteros, Diego Valladar y Manuel Izquierdo, destacaron en banderillas. Incidencias: Mediado el festejo, saltaron cuatro antituarinos que fueron reducidos por el personal de cuadrillas.