¡Qué País!

Seguramente no nos demos cuenta, pero la fiesta de los toros está expuesta constantemente a los pies de los caballos.

Los caballos son todas aquellas galopantes opiniones en su contra que no paran de darnos la vara, cuando no pasan a la acción y nos injurian y agreden verbal y, si pudieran, físicamente, a cuantos defendemos nuestro derecho a defender nuestra libertad de amar lo que amamos. Pero esto es algo que difícilmente podrán entender quienes a estas alturas de la película ni pueden ni quieren entrar en razón para apreciar los valores de un hecho cultural que ha sido protegido expresamente por los poderes del Estado. Le hablas a esta gente de la cultura de la Tauromaquia y se parten de risa. Te llaman inculto. Que te llame inculto un ignorante no molesta: duele. Como duele que las nuevas generaciones lean esto y abran los ojos con perplejidad, ayunas como están de una pedagogía consecuente. Como decía Antonio Machado de la Castilla miserable, desprecian cuanto ignoran.

Ahora bien, para perplejidad, la mía, cuando veo que un periódico tan rimbombante, tan apegado a la trascendencia de sus opiniones, como El País ha dedicado a un hecho taurino nada menos que una portada. Algo trascendental ha debido ocurrir, sin duda, para que el medido de comunicación escrito más dogmático que el punto redondo de don Blas se ocupe de la fiesta de los toros. Por eso me ha llamado la atención la foto.

La foto aparece en grandes proporciones. En ella se ve al torero Francisco Rivera Ordóñez toreando una becerrita con su hijita-bebé en brazos. Y el País se escandaliza. Portada, pues para un escándalo. Le da a la noticia una magnitud superior al terremoto de Melilla o a los refugiados que huyen a Europa horrorizados por la guerra. Portada para esto, por favor. Es lo nunca visto.

Y aquí aparece de nuevo la ignorancia. En el País –me refiero a los que están instalados en la alta jerarquía y manejan la línea editorial– no saben de toros una papa, como diría Rafael de Paula. Y del mundo de los toros, menos. Es más, apostaría a que mantienen la sección taurina por lo que ahora se llama postureo. O por el qué dirán. Solo para un puñadito de ferias a lo largo de año, por supuesto. Por tanto, resuelvo que han hecho esta portada por dos motivos: la dicha ignorancia y el sectarismo. No saben que la mayoría de los niños de los toreros han vivido estas experiencias en los tentaderos y nadie jamás se rasgó las vestiduras. Hay multitud de documentos gráficos que lo atestiguan, algunos de los cuales ya han salido a la palestra de la luz pública para solidarizarse con Francisco.

Lo del sectarismo es endémico: atacan a la fiesta de los toros con la foto. Porque si el de la foto fuera otro, en el País pasan olímpicamente del tema; pero Francisco Rivera –ahora Paquirri– es un torerito famosillo que no cae bien, incluso entre algunos aficionados filotaurinos, y mucho menos entre el amplio sector titulado gratuitamente progresista, que le llaman facha o, cuando menos, le llaman chulo. De paso, le dan un caramelo al animalismo militante y galopante y le pegan un bocado a esta fiesta de salvajes o de asesinos en serie, que diría un tal Evaristo. Hay buen caldo de cultivo para ello. Un caldo que en El País llevan cociendo a fuego lento desde hace casi cuarenta años. Creo que fue Leonardo da Vinci quien lo dijo: Donde se escandaliza, no hay verdadero saber.

Comprendo que haya personas ajenas a este mundo taurino que hallen en el hecho comentado y fotografiado una temeridad, incluso una temeridad consciente; pero hay que ser muy, pero que muy ladino para pensar siquiera por un instante que un padre en su sano juicio puede prestarse a semejante aberración. Respeto a quienes sigan sin entenderlo –con la misma fe que algunos de ellos no me respetarán a mí–, pero les aseguro que se toman las máximas precauciones y son solo son unos breves instantes para tomar la foto y dejar testimonio de ello. Lo he visto multitud de veces.

Con la que está cayendo, con la preocupante situación política que atraviesa España y que a todos nos tiene en vilo, con la de documentos gráficos que merecen ocupar un espacio semejante en portada, lo de la foto de Rivera Ordóñez con su niña y la becerrita, es para alucinar en colores.

¡Qué País! El periódico y el nuestro.