Ni puñetero caso

Cuando los tendidos de Las Ventas son invadidos por un murmullo plomizo, especie de sordina amorfa, malo. Ver una corrida con ese ruido de fondo es señal inequívoca de que aquello no funciona. La gente está a cualquier cosa menos a lo que ocurre en el ruedo. Van a su bola. Hablan de sus cosas. Triste panorama. No hay afición. Ruina de público.

La primera función de abono de la feria de Otoño fue una demostración palpable del panorama que asola el magno escenario de la Monumental de Madrid: un sitio donde medran los que no tienen nada mejor que hacer, sobre todo si en el cartel no figuras nombres de relumbrón. Gente de que llega a los tendidos de balacalofi, sin olerlo ni comerlo, porque el abonado “oficial” les ha regalado el boleto. Esta masa de público es presa fácil del comando de “vigilantes de la playa”-ahora que se acaba de estrenar y compactar la arena del ruedo- porque saben que nadie va a recriminar los exabruptos taurinos que salen de los tendidos.

La novillada que envió Ricardo Gallardo a Madrid fue, en conjunto, mala. Deslucida, si quieren que suavice el calificativo. Pero los novilleros estuvieron dispuestos a conseguir el triunfo a toda costa, cada cual con su concepto del arte de torear. Gonzalo Caballero, firme y con buen sentido del temple, el debutante sevillano Borja Jiménez, animoso y ambicioso, lo que antiguamente se conocía como “en plan bullidor” y Francisco José Espada, elegante de formas y con un valor sereno. Pues bien, a ninguno de los tres les hicieron ni puñetero caso.

He comentado muchas veces la dureza que esta Plaza emplea para con los noveles. No les dejan apenas respirar. Como si una parte bien significada de este público temiera que un arrapiezo de estos se alzara con un sonoro triunfo, les cortan los vuelos, les gritan consignas, les hacen la vida imposible. ¡Pobres novilleros!

Lo cierto es que Caballero estuvo “hecho un tío” con sus dos novillos. El primero, que se empleó bravo en varas y hasta derribó, se fue apagando progresivamente, pero el muchacho no perdió jamás ni la cara al novillo ni las buenas formas toreras. Ni puñetero caso. Dio, incluso algunos muletazos excelentes y mató de dos soberanas estocadas. Ni puñetero caso.

Otro tanto cabe decir de Borja Jiménez, que llegó a Madrid nada menos que con el pasaporte de la Puerta del Príncipe de la Maestranza de Sevilla. Se fue a portagayola en el segundo, empleó un variado repertorio de capa y no regateó esfuerzo para torear sin dar ni un paso atrás en el mansote que se fue a tablas y en el berreón que renegaba del trapo en una elaborada faena, en la que destacó la quietud. Es verdad que no anduvo fino con la espada, pero el chico se va de Madrid cariacontecido. Ni caso.

Francisco José Espada no pudo revalidar el triunfo de su fulgurante debut en Las Ventas. Tiene un corte de torero extraordinario, maneja bien el capote y se le ve una proyección excelente con la muleta. Una pena que el castaño ojinegro que cerró el festejo se viniera tan pronto abajo en la faena de muleta; pero suyos fueron los mejores muletazos de la tarde. Y la mejor estocada. Al sexto. De libro. Entrando recto, despacito y saliendo limpio. De las que antaño en esta Plaza valían si no una oreja, al menos una clamorosa ovación. Es igual. Ni puñetero caso. En esas estamos. ¡Ay, mi Madrid!

Madrid, plaza de Las Ventas. Feria de Otoño, 1ª de abono. Ganadería: Fuente Ymbro, de correcta presentación, para lo que se lleva en esta Plaza, es decir, novillos con hechuras de corridita de toros. Salvo el primero, bravo y pastueño y el sexto, encastado y alegre hasta que entregó la cuchara y se apagó, todos protestaron en varas y mansurronearon. En conjunto, decepcionante novillada. Espadas: Gonzalo Caballero (de purísima y oro), buena estocada (silencio) y excelente estocada (división), Borja Jiménez (de oliva y oro), cuatro pinchazos y media (aviso y silencio) y estocada contraria (silencio) y Francisco José Espada (de blanco y oro), golletazo (silencio) y gran estocada (silencio). Cuadrillas: Curro Robles y José Daniel Ruano destacaron en la brega y en banderillas; también se lucieron con los palos “Lipi” y “Candelas”. Entrada: más de media. Incidencias: tarde calurosa y soleada.

Sobre el autor de esta publicación