¿No te cansas, Ponce?

Hace exactamente diecinueve días, tenía a Enrique Ponce acomodado en el asiento delantero de mi automóvil. Íbamos de tentadero. Le preocupaba la reproducción de una otitis molestosa, impertinente, de las que provocan vértigos o mareos en el momento más insospechado o ante cualquier contingencia. Ése día, primero de marzo, tenía previsto que le colocaran un […]