Diecinueve años (y un día) después

La última corrida de a pie de la feria del Arte y la Cultura tenía su aquél. Un cartel muy apañadito, con toreros que saben lo que es triunfar en esta plaza y una ganadería que tiene también su predicamento. Y es que los “ibanes” se ganaron su prestigio para los restos desde el día 7 de junio de 1994, cuando salió al ruedo de Las Ventas “Bastonito”, de los entonces herederos de Baltasar Ibán, un toro ya legendario, solo comparable al famoso “Bravío”, de Santa Coloma, por lo menguado de su cuerpo y lo desbordante de su casta brava.

A “Bastonito” lo protestaron con una gritería de irritante tenacidad porque al comando de vigilantes de la playa (la arena de Las Ventas) les pareció poquita cosa: solo 501 kilos. Así que el animal no tuvo más remedio que tapar las bocanas de la intransigencia con una pelea en varas inolvidable, empujando al caballo de picar de tercio a tercio de la plaza. Aquella tarde, fue la apoteosis de la bravura, la de un toro recrecido a medida que trascurría su lidia, obligando a  su matador, César Rincón, a mantener con él una de las peleas más vibrantes que se recuerdan y a hacer el esfuerzo mas grande de su vida torera. Toro de rabo empinado que hizo salir a más de cuatro de la plaza –valga la metáfora al uso– con el rabo entre las piernas.

A pesar del tiempo transcurrido (diecinueve años y un día, exactamente) el escarmiento ha dejado secuelas. Ayer, ninguno de los toros de Baltasar Ibán fue protestado por su presentación, a pesar de que eran finos de lámina, cuellilargos, altos de cruz y pezuña fina, aunque, eso sí, luciendo un par de puñales en la testa. Quietos hasta ver, por si las moscas.

Con esos temores flotando en el ambiente salió al ruedo el tercer toro, herrado con el número 73, cuatreño,  castaño oscuro de pelo, con 534 kilos de carne fibrosa, y por nombre “¡Bastonito!”. Inevitablemente, la memoria comenzó a rebobinar. ¿Mira que si se viera la reedición de aquél famoso “ratoncillo” de Ibán, bravo como la lumbre?

Hombre, de momento, el tipo del toro variaba sustancialmente. Aparte del pelaje y el peso, el armamento era mucho más ofensivo. Pero la cosa comenzó a calentarse cuando se arrancó de largo, como una flecha, al caballo de picar en dos ocasiones, estrellándose  y empujando de firme, lo cual engalló a la afición más “torista” de la plaza… hasta que volvió grupas cuando se le pidió un tercer encuentro. Después, fue perdiendo paulatinamente continuidad en el viaje, aunque tomó las primeras tandas de muletazos con recorrido tan noble como poco ardiente. Este “Bastonito” se pareció al famoso solo en el hierro. David Mora lo toreó valerosamente de capa, sobre todo en un quite apretadísimo con el capote a la espalda que le entintó de sangre brava el delantero de la casaquilla,  se cruzó hasta con él hasta la exageración para provocar la tardía arrancada y lo mató de una excelente estocada, pero el personal castigó al torero con unos pitos injustos. Mora, fue, esta vez, el chivo expiatorio del recuerdo.

Durante el primer tercio de la lidia de los toros anteriores y posteriores se pidió insistentemente que se colocara a los “ibanes” a buena distancia del piquero, para calibrar su voluntad de arrancarse desde la lejanía. Algunos lo aceptaron, entre el general regocijo y otros dijeron que nanay. No obstante, conviene puntualizar que lo importante no es solo la distancia a la que arranca el toro hacia el caballo, sino lo que hace después cuando se encuentra con él. Ayer, en Las Ventas, se ovacionaban estas acometidas (algunas ciertamente espectaculares), pero con la inercia del clamor se perdonaban peleas arrabaleras, haciendo sonar el estribo y queriéndose quitar el palo. El primero dio dos tumbos tremendos al picador Manuel Jesús Bernal, pero salió suelto cuando le hicieron pupa. El cuarto, lo mismo: allá voy… y, después cabezazos van y vienen a estribos y atalajes. El sexto manseó en varas, esperó en banderillas y en la muleta fue un pájaro de cuentas. Solo el quinto pudo ser un gran toro. Si no le sangran en demasía en el segundo puyazo, apuntaba a toro de bandera. No obstante se empleó humillado en la muleta y todavía ofreció a su matador una docena de embestidas de franco recorrido, dócil entrega y enorme fijeza.

Éste fue el material que se encontraron los del chispeante en la última gran cita de este doble ciclo de toros madrileño. Pésima suerte la de Diego Urdiales, con un primer toro que se dolió escandalosamente en banderillas y llegó completamente descompuesto a la muleta, moviendo la cabeza como una devanadera, y con el cuarto, que también soltó la cara una barbaridad y cabeceaba con las peores intenciones Diego expuso una enormidad y se cruzó mucho, pero se lo agradecieron poco. Juan Bautista se llevó si no lo mejor sí lo más toreable: un sobrero de El Montecillo, cinqueño y hermoso, de noblona condición pero muy bajo de casta y el antedicho de Baltasar Ibán, bravo, encastado y noble, pero que se llevó dos lanzazos inmisericordes. Con aquél, estuvo tan sosaina como el toro y con éste, lo que en lenguaje taurino se dice “aseado”, que en este caso puede traducirse por “lavar y marcar”, pero nada más. Y David Mora, a quien ya hemos juzgado ante el “Bastonito” que salió de tercero, se las vio con el marrajo de la corrida, jugado en último lugar, un toro mirón, probón y a la caza del torero, al que estuvo midiendo y reojando hasta que murió de un alevoso sartenazo.

Se acabó lo que se daba en lo que a las corridas de toros de la feria del Arte y la Cultura, con matadores de luces, se refiere. Un breve ciclo taurino que se recordará como el del reencuentro con un “Bastonito” de Ibán. Diecinueve años (y un día) después.   

Madrid, plaza de Las Ventas. Feria del Arte y la Cultura, 4ª de abono. Ganadería: Baltasar Ibán. Corrida agalgada y muy armada, de finas hechuras y encastada. La mayoría de los toros se arrancaron de largo al caballo de picar, aunque no todos hicieron buena  pelea. En general, llegaron a la  muleta planteando complicaciones a los toreros. El mejor, el quinto, al que le dieron fuerte en el segundo puyazo, pero fue un toro bravo, noble y con recorrido. Al tercero le faltó continuidad en las embestidas; el resto cortos de viaje y a la defensiva. El tercero fue devuelto, antirreglamentariamente, al partirse un pitón contra el peto del caballo y sustituido por un cinqueño de Montecillo, descastado y amorfo. Espadas: Diego Urdiales (de verde oliva y oro), media estocada (Silencio), dos pinchazos en lo alto y descabello (Aviso y silencio), Juan Bautista (de gris plomo y oro), pinchazo, estocada y descabello (Silencio), dos pinchazos y estocada caída (Algunos pitos) y David Mora (de rosa palo y oro), buena estocada (División de opiniones), sartenazo (silencio). Entrada: Algo más de media. Cuadrillas: Curro Robles destacó en banderillas. Incidencias: Tarde desapacible, con rayas de viento y tenue llovizna en el tercer toro.

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