Un sobrero de lujo

En México, a los toros que se guardan en chiqueros para tenerlos como retén con vistas a cubrir cualquier eventualidad se les llama “reservas”. Toros de “banquillo”, para que lo entiendan los más futboleros. Saldrán al ruedo si las circunstancias lo requieren. En España, les llamamos “sobreros”, que es palabra fea donde las haya, pero ya inapelable en el lenguaje taurino. Entrambas denominaciones, un matiz diferencial: los “reservas” mexicanos se suelen lidiar con harta frecuencia sin que ello conlleve devolución al corral, por inaptitud o inutiliad, del toro presente en la plaza, ya que, en su calidad de “sobrantes” del lote elegido para lidia ordinaria, se esconde el celofán del regalo (cuidadosamente escogido por el donante, por cierto) que suele pedir el matador en tarde de infortunio; una regalía costeada por el torero, por tanto, una propina por el mismo precio de la entrada, que es siempre bien recibida por el público. Por el contrario, el “sobrero” español suele ser un toro marginado, aún aquellos que están bien proporcionados anatómicamente. Para abreviar este largo prefacio: ser “reserva” en México no es un desdoro; por el contrario, ser “sobrero” en España no es una bicoca.

A tenor de lo expuesto, se comprenderá que los sobreros españoles no pasan de ser una especie de condenados con fianza, cuyo fiador es el congénere que está sobre la arena del ruedo; pero, por lo general, vuelven a la placidez de las corraletas, ajenos a su ignoto destino, en muchos casos la bala cautiva del matadero. No tanto en la plaza de Madrid, donde si por algunos espectadores fuera se condenarían a lidia y muerte a un buen puñado de sobreros cada tarde de toros.

Ayer, salió al ruedo uno de los dos sobreros reseñados, un tal “Costasol”, herrado con el marbete diseñado por Juan Belmonte para la ganadería de su esposa limeña, Julia de Cossio, y ahora en propiedad de los hermanos González Sánchez-Dalp. Pedazo de toro, colorado chorreado, arremangado de cuerna, longilíneo, enmorrillado, con cinco años y medio sobre sus poderosos lomos, bravo, noble y encastado. Un sobrero de lujo. Salió como cuarto-bis, al ser rechazado por enclenque el titular de Juan Manuel Criado, demasiado vareado de carnes, además. José Ignacio Uceda Leal se percató en seguida de su franca acometida y lo toreó de capa reposado, jugando bien los brazos, y cerrando un fajo de verónicas  con la lazada de seda de una media remansada en la cadera.   Empujó en varas el colorado y empujó el torero hacia delante la boyante embestida en dos tandas de naturales que mostraron a las claras un viaje largo, de cuello descolgado y gran fijeza. Es verdad que Uceda lo toreó bien por este lado, incluso en algunos muletazos sueltos por el otro pitón. Y que cuajó un torerísimo final de faena. Y que la estocada fue de libro. Pero dejó en el ambiente la duda de si el toro merecía un pellizquito más de decisión para dar el zambombazo definitivo. Quedó la duda, pero la oreja que paseo del bravo toro fue premio indudable. Y, lo que son las cosas, a mí me gustó de veras José Ignacio en su primer toro, porque tenía que corregir el defecto del gañafón a la salida de las suertes y poner templanza a los geniudos embates del animal. Bien Uceda, en conjunto, porque el sexto, manso perdido, no le dejó redondear la tarde.

Había también mexicano en el cartel, Sergio Flores, que confirmaba alternativa. Mala suerte, la de este chamaco espigado y valeroso, que tan buen ambiente adquirió de novillero en esta plaza. El primer “criado” de Juan Manuel (el mejor de los lidiados con este hierro), le volteó cuando trataba de afirmarse en una faena de muleta bien estructurada, con series en redondo templadas y ceñidas, a pesar de la picazón del tábano habitual que mosconea desde un sector del tendido. Lo cogió el toro y le hirió de gravedad en el muslo derecho, a pesar de lo cual, entró a matar con enorme decisión, volviendo a ser entrampillado, volteado, revolcado y de nuevo herido. Pasó a la enfermería visiblemente adolorido, sangrando visiblemente, con un palizón tremendo  y con muchas menos palmas de las que merecía. ¡Qué cruz de afición!

Curro Díaz, no ha mucho tiempo tenía a esa afición de la susodicha cruz metida en el bolsillo, pero por esos insoldables actos de la volición de los públicos de toros, ahora le tienen enfilado. No le dejan explayarse en su torero (ciertamente bello, de gran plasticidad) y le mortifican cuando trata de expresarse ante el toro. El primero de su lote, un cinqueño largo que tomó dos varas fuertes, se movió encastado cuando más se movía el viento, pero Curro le enjaretó algunos muletazos de verdadero mérito, procurando provocarle entre las suertes, para lograr la ligazón. No fue un toro sencillo de torear, de ahí que merezca valorarse el partido que sacó del “criado” de marras, antes de que se rajara descaradamente. A pesar de que lo atravesó con un metisaca, lo puso en el balancín de las mulas de una buena estocada. Justa la ovación que saludó.

Pena de tarde, y pena del percance de Flores. Venía a reivindicar su cartel en Madrid y a reforzar la explosión mexicana que ha levantado gran polvareda en Las Ventas. Hoy, tenemos dos chamaquitos en el cartel. Hacía muchos años que los toreros de más allá del charco no despertaban tanta expectación. Como les embistan los toros…

Madrid, plaza de Las Ventas. Feria del Arte y la Cultura. 2ª de abono. Ganadería: Juan Manuel Criado. Corrida cinqueña (salvo el 4º), dispareja de hechuras y presencia, bajando en ambos aspectos los reseñados en cuarto y sexto lugar; aquél, devuelto por flojo y sustituido por un cinqueño colorado de González Sanchez-Dalp, bravo, noble y con recorrido. Un gran toro. El mejor de los de Criado se lidió en primer lugar, un toro bravo y de dócil embestida; deslucido el segundo, encastado y rajado al final el tercero, muy complicado el quinto y manso el sexto. Espadas: José Ignacio Uceda Leal (de marino y oro), pinchazo hondo en lo alto (Ovación), gran estocada (Oreja) y excelente estocada y descabello (Palmas); Curro Díaz (de purísima y oro), metisaca atravesado y media estocada (Ovación), dos pinchazos, media y dos descabellos (Silencio), Sergio Flores (de nazareno y oro), que confirmaba alternativa, media estocada saliendo cogido, en el único que mató. (Aviso y ovación a la cuadrilla). Entrada: Menos de media. Subalternos: J. Manuel Montoliú sobresalió en la brega y en banderillas. Incidencias: Tarde soleada, con ligero viento. Sergio Flores fue operado en la enfermería de una cornada en el tercio inferior del muslo derecho con dos trayectorias y atendido de una fuerte contusión en la articulación de la rodilla, así como de una intensa conmoción cerebral. Pronóstico, grave.