Presuntamente

Si por beneficencia entendemos la acción o el hecho de hacer el bien,  a la corrida de Beneficencia de este año en Madrid no le cuadra bien semejante título. Al bien, lo que se dice al bien (de la Fiesta), poco han aportado los resultados de un festejo organizado (presuntamente) con los mejores ingredientes y orientado (presuntamente) con las mejores intenciones. Presuntamente, los toros herrados con el anagrama de Valdefresno son repudiados por las figuras. Y, sin embargo, el cartel de este año (por cierto, obra de Luis Francisco Esplá y de muy buen gusto, con reminiscencias de otros tiempos, las que al maestro le gustaba introducir, también, en su indumentaria de torear y en su propio toreo) contaba con tres toreros que van a desfilar por el circuito de la temporada y que estarán en la gran mayoría de las ferias. Figuras. Unos más que otros, pero figuras, que aceptaron matar los “valdefresnos” sin pestañear.

Presuntamente, los toros salmantinos debían pasar el reconocimiento sin problemas. Se eligen con gran antelación, se les mima, se les procuran atenciones especiales, se les vigila y se les lee la cartilla si es necesario, pero el día D y a la hora H, han de estar listos, como pinceles, para ser embarcados y llevados a la corraletas de la plaza, como ejemplares modelo de agresiva y, a la vez, elegante morfología. De Valdefresno llegaron ocho, pero tres “y medio”(¿) se echaron para atrás, por deficiente presentación, al parecer; y no hubo forma de remendar (verbo horrible, por cierto) con toros del mismo hierro. Mal empezamos. ¿A quién culpamos? Ojo, que en esto de la culpabilidad hay que andarse con pies de plomo, y aunque se manifiesten evidencias, la prudencia en materia acusatoria aconseja colocar siempre la consabida muletilla: presuntamente.

Presuntamente, a Juan José Padilla le obligarían a salir a saludar después del paseíllo, a guisa de gratificante bienvenida, después de la penuria que ha sufrido el hombre, tras la horripilante cogida de Zaragoza. Y le obligaron, porque en esta plaza todavía quedan gentes con sensibilidad que se avienen a una cortesía elemental, sin considerar gustos, preferencias, apetencias o tendencias. Son los que cuentan. Los que, incluso, silbaron, no son de aquí, y si lo son, tampoco cuentan en la mensuración del buen aficionado.

Presuntamente, si fallaban los atanasio-lisardo de Nico Fraile, ahí estaban dos pata-negra de Victoriano del Río, para quien quiera algo de ellos. Pues bien, fallaron aquellos, pero los “victorianos” de Guadalix, como los boquerones del barrio malagueño de la Victoria, no siempre son bocado exquisito, también a veces se sirven sositos y revenidos. Por ejemplo el abreplaza: toro noble de suave embestida, de “comercial” resultado. De los que van y vienen  si  molestar demasiado. Demasiado azúcar para Padilla, acostumbrado como está al acíbar y el rebojo de pan. No emocionó, aunque hasta se gustó en tal cual muletazo, que le salió de perillas. O el cierraplaza, que se movió con alegría en la primera fase de la faena de Sebastián Castella, pero pronto se decoloró su casta,  como los polos de La Flor Medinense, que se decoloraban a primer chupetón, convirtiéndose en hilo puro. Pata negra con mucho entreverado de tocino, no hace buena digestión.

Presuntamente Morante de la Puebla debía reeditar sus faenones de Córdoba. A ello venía, pero no tenía la venia. ¿De quién?, por ejemplo, del primer “valdefresno”, reservón  y defensivo, del que pronto se desembarazó el torero en medio de la bronca. Presuntamente el desquite llegaría en el quinto, máxime cuando Morante se abelmontó en un racimo de verónicas que el toro tomó rebrincado y protestón. Pura delicia su trazo, su templanza, su composición y su remate, con media a pies juntillas. O cuando esbozó otro quite por el mismo palo. O cuando inició la faena y dibujó dos tandas a derechas pletóricas. Eso sí, tuvo que pedir respeto (tampoco tenía la venia) a los mastuerzos que pretendían teledirigir su forma de torear. Teledirigir a Morante desde el tendido, cuando está frente al toro, es lo mismo que  soplarle los párrafos a un Nobel de Literatura por quien ha suspendido en el Instituto en sintaxis y ortografía. Lo mismo. Pongan ustedes el adjetivo que crean adecuado. A mí, me da pereza.

A este quinto toro, que le cortaba la salida al entrar a matar, lo despenó malamente y sin ninguna estrechura. Y así, entre destemplanzas y contrariedades, se fue yendo la corrida por el desagüe del desencanto. Como tantas otras de expectación. Manso el mostrenco cuarto y muy descastado el tercero, sus matadores se vieron impotentes para sacar partido de tanto descastamiento.  Avisos a tutiplén, seis en total, tres para Padilla (uno y dos), otro para Morante y dos (uno y uno) para Castella. Pitos y flautas (desafinadas) para todos, en especial, venablos y denuestos para el de la Puebla, que para eso es el más figura de los tres. Tirémosle almohadillas al final, ¡hala! Para que se chinche. (Presuntamente).

 

Madrid, plaza de Las Ventas. Corrida de Beneficencia. Ganaderías: cuatro de Valdefresno, (2º,3º,4º y 5º), correctamente presentados, pero mansurrones y deslucidos. Con algo más de movilidad, el quinto, que se apagó en seguida. Primero y sexto de Victoriano del Río, serios ambos. De palmaria docilidad pero bajo de casta el primero, y desfondado muy pronto el último. Espadas. Juan José Padilla (de azul noche y oro), silencio tras aviso y silencio tras dos avisos; Morante de la Puebla (de verde botella y oro), bronca y división tras aviso y Sebastián Castella (de azul turquesa y oro), aviso y silencio en ambos. Entrada: Lleno de No Hay Billetes. Cuadrillas: Destacó en banderillas Javier Ambel, que saludó una ovación. Incidencias: Tarde soleada y veraniega, con ligerísimo viento. Presidió el festejo la Infanta doña Elena, acompañada por el ministro de Cultura, José Ignacio Wert y el presidente de la Comunidad de Madrid, don Ignacio González.