El anuncio de Talavante

He visto el anuncio. Y el proceso de su elaboración. He visto cómo Talavante se mueve ante la cámara siguiendo las instrucciones de un talentoso director de cine, Agustín Díaz Llanes, hijo de aquél torero del mismo nombre, apodado “Michelín”, bregador y banderillero de lujo que se llevó un tremendo “tabaco” de un toro de Vicente Charro en Barcelona en el año 65 y a quien el doctor Olivé Millet le salvó la pierna y la vida, con recambio de los conductos vasculares mediante una prótesis de lo más novedosa por aquél entonces. Talavante y Díaz Llanes han formado un tándem primoroso. Ambos, en lo suyo, son figuras y ambos se han afanado en crear una pieza que bien puede tener caracteres de histórica: un concepto sorprendente de la publicidad taurina.

Ignoro de quien ha partido la idea, aunque supongo que del torero o de la inteligencia innovadora de quienes habitan en su entorno, pero me parece una iniciativa magistral. Carísima, pero magistral. Sin precedentes. La idea consiste en la elaboración de un spot publicitario mediante el cual se da a conocer al gran público la celebración de una singular corrida de toros: los seis de Victorino Martín que Alejandro lidiará y estoqueará en solitario el próximo día 18 de mayo en la plaza de las Ventas. Dicho así, parece que se trata simplemente de promocionar una fecha y un evento, pero el anuncio encierra un  mensaje mucho más profundo. Pregunta el torero (magnífica, la voz en off), “¿qué ocurre en el corazón de un hombre que vive solo entre muchos, pero es contemporáneo de todos?” . Y se deja ver paseando por la madrugada de un Madrid inmenso y ausente, solitario y enigmático, mientras revolotean en su mente la furia cárdena a la que habrá de enfrentarse en poco más de una semana. Ignoro, también, quién es el autor del guión, pero desde aquí le envío mi más sincero y sonoro aplauso; porque la clave está en dar a conocer a un hombre joven, un individuo integrado en la masa amorfa del colectivo humano  (“contemporáneo de todos”) que se ha planteado un reto profesional en el que habrá de poner su vida –y su prestigio—al albur de una tarde de primavera y del capricho irracional y alevoso de seis toros bravos. De ahí que la pregunta que inicia el mensaje no se refiera a ponderar el atrevimiento, el valor, la temeridad o la osadía de un torero (como se viene haciendo desde hace ochenta años, que es la data de la llegada a España la publicidad taurina), sino a lo que le pasea por el cuerpo y el alma en semejante tesitura.  ¿Tenéis idea de lo que puede estar ocurriendo en el corazón de ese hombre?  He aquí el busilis de la cuestión.

Magistral Díaz Llanes, igualmente magistrales todos los profesionales que han elaborado la pieza, pero, sobre todo, magistral Talavante por haberse atrevido a enseñar al mundo, a través de un spot publicitario y a costa de su peculio (le ha debido costar una fortuna), que el toreo es algo más que un empeño riesgoso, una inclinación vocacional o un atajo para hacer fortuna. Incluso más que un arte efímero y dinámico. Es, sobre todas las cosas, una aventura en soledad.

No hay soledad más terrible que la que provoca la incomprensión. Por eso, no faltará quien recrimine esta iniciativa, tachándola de oportunista (?) o coercitiva. Hay elementos dentro de algunos sectores de la Fiesta a los que les rugen las tripas por el éxito del torero, dando suelta a esa espuria condición que externaliza el gozo ante el fracaso. Con ellos hemos convivido durante muchos, muchos años, pero siempre, siempre, acaban siendo víctimas de su propia frustración.

El anuncio que protagoniza Talavante y que se emitirá en prime time por las principales cadenas de televisión del país, es una verdadera genialidad. Muestra al torero como elemento humano que vive cercado por la incertidumbre. Un joven de nuestro tiempo que maneja la informática, utiliza las redes sociales y oye música por MP-3, pero que se somete voluntariamente a una experiencia de altísimo riesgo, a todos los niveles, y quiere, fundamentalmente, despertar la conciencia de los que no entienden de estas cosas. Ése es el gran aporte de este intérprete del toreo a la fiesta de los toros: enseñar lo que no se ve o  no se quiere ver.

Con independencia de lo que ocurra el próximo día 18 en las Ventas –para bien o para mal, cada “victorino” es una caja de sorpresas–, para el menda que suscribe, Talavante ya ha cortado la primera oreja.