Es importante, pero no suficiente

El pasado 4 de enero pedía para Paco Ojeda la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. No se la han concedido. Le ha pasado al galope un veterano centauro de Puebla del Río, que, por supuesto la merece tanto como cualquiera de los que ya la tienen. Angel Peralta ha sido el galardonado, y a mí me parece justo, porque reúne sobradamente esos méritos que avalan al receptor de tan celebrado y codiciado premio. Ojeda, en cambio, inaugura el Premio Nacional de Tauromaquia, creado por el Ministerio de Cultura, por el cual se reconoce su aportación a los valores culturales de la actividad practicada.  Es importante, sobre todo porque tiene el honor de abrir un nuevo melón, no menos sabroso (además con una dotación económica de 30.000 euros), y porque con él se da una vuelta de tuerca a la consideración de la fiesta de los toros como hecho cultural oficialmente reconocido. Pero no suficiente. El oro del dinero conforta a cualquiera, (y más ahora, con la que está cayendo y lo que se barrunta) , pero el torero ya tiene el oro a flor de piel, en el bordado de su vestido. El otro oro, el de la Medalla, es el que luce más y mejor.  Mantengo lo anterior: Ojeda, forever.