Otoño

otoño

PixabayOtoño

Se acerca el otoño lleno de sol.

Y de calor.

Aquí estoy, escribiendo, entre dos ventanas abiertas, sin que haya esa corriente que suele ir por los corredores de las casas gallegas de piedra, precisamente para que corra el aire en línea recta, de una a otra puerta partida, por donde asoman sus cabezas las vacas.

La puerta de mi casa también está partida en dos, y puedo dejar entrar al sol por arriba, o abrirla entera, y entonces se ven flotando diminutas motas donde la luz se refleja igual que de noche sobre los planetas.

Esta luz de otoño, es dorada todo el día, como si llevara una pátina sepia, de luz vieja.

Yo no sé qué hacer con ella.

Si reír o llorar, porque me alegra y a la vez me da pena.

Es demasiado bonita para aceptar que va a marcharse.

Me siento estos días absolutamente impotente, al pensar que nuestros pies están enraizados en la parte del mundo que va hacia el invierno, y me resisto, como el día soleado, a ir hacia la noche.

Cada vez entiendo mejor a las golondrinas, que ya se marcharon.

A las pocas tórtolas que vinieron y que ya se han ido.

A las bandadas de aviones comunes que, tras dar muchas vueltas, también se fueron.

Sólo yo quedo aquí, con los pájaros que no se marchan y que cantan hoy con esta luz como si fuera primavera, aunque se nota que cantan de otra manera, por cantar un poco, un tarareo más que una greguería, antes de callarse durante meses.

Resuenan ahora por el camino los cascos de unos caballos, como si llamaran a la tierra.

Entra una brisa muy agradable.

Huele a dulzor de uva el aire.

Hay mariposas de la col todavía volando por los campos.

Y una quietud que maravilla contemplarla, como la de un mar, al sol, en calma.

¡Cuánto adorna la luz!

Todo está tan bonito, tan verde, tan azul y tan dorado, que da pena tener la certeza de su inminente pérdida.

El viernes entra el otoño y esta luz se irá volando con las hojas del calendario.

Quedarán por el suelo las castañas, y el aire quieto en la casa.

Sobre el autor de esta publicación

Mónica Fernández-Aceytuno

Nace el 4 de mayo de 1961 en Villa Cisneros (Sáhara Español).

Licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid se dedica desde 1991 a la divulgación de la Naturaleza en la prensa por lo que obtiene en el año 2003 el Premio Nacional de Medio Ambiente “Félix Rodríguez de la Fuente de Conservación de la Naturaleza” por su labor de difusión, y en el año 2007 el Premio Literario Jaime de Foxá.

El dos de octubre de 2008, se le entrega la Medalla de Honor del Colegio de Ingenieros de Montes al Mérito Profesional por su actividad en la prensa y en Internet.

Es columnista de ABC desde 1997, y colabora asiduamente en el suplemento NATURAL de ABC.

En 2007 funda el portal de la Naturaleza www.aceytuno.com, del cual es editora.