El siglo

Muere el escritor Javier Marías a los 70 años

EUROPA PRESSMuere el escritor Javier Marías

Si no hubiera encontrado el libro, quizás no hubiera escrito de Javier Marías.

Eso me dije: “Si lo encuentro, escribo”.
Y allí está su letra, que no vuela como la vida.
Y allí la tinta, como recién escrita, para siempre.
Y allí mi nombre, bien escrito.
Casi siempre se olvidan de la “y” de mi apellido.
Pero Javier Marías, tan preciso, no.
Me presenté, no había mucha gente, cosa extraña, siendo la feria del libro de Madrid.
Creo que hablamos de su padre, quien describió la importancia de la “calidad de página”, que su hijo, sin duda, cumplió al pie de la letra.
Más que lectora de sus libros, que también, fui lectora de sus artículos.
Quiero decir que Javier Marías fue, a mi modo de ver, también un gran articulista.

De entre las palabras que empleó en sus artículos, no sé por qué, se me quedó grabada una: cicatería.
Creo que la empleó como adjetivo al hablar de cómo se habían comportado precisamente con su padre, de manera cicatera, con cicatería; tal vez fue eso lo que escribió, no lo recuerdo bien.
Puede que estuviera hablando también sin querer de sí mismo, porque tengo la impresión de que su muerte inesperada nos ha dejado ese sabor de haber sido también muy cicateros con los elogios a Javier Marías en vida.
Había un no sé qué en su manera de elevar el mentón mirando a la cámara del fotógrafo, con ese trasfondo sempiterno de libros, por el cual colegíamos que, a esa persona, a ese escritor, no le hacían falta los elogios porque sabía, mejor que nadie, que escribía bien.

Y, por cierto, yo utilizo “el cual” y “la cual” mucho más desde que leí un artículo de Javier Marías referido a la pérdida de estos pronombres en la escritura por un excesivo uso del “que”.
Sencillamente, le admiraba.
Me gustaba cómo escribía.
Su forma de vivir, entregada a la escritura.
Y ese no querer ser miembro de un jurado para no juzgar a nadie.
En realidad, yo no sé cómo era, ni cómo fue Javier Marías, ni lo que hubiera sido; ni importa nada de todo eso.
El Arte, en Literatura o en lo que se quiera, es Arte.

Es decir: se trata de algo que no está hecho para los demás, como un servicio público, aunque acabe convocando más que a un público, a multitudes.

Nadie que haga Arte sabe para quién trabaja, ni a quién intenta agradar; sólo sabe que, por alguna extraña e inexplicable razón, debe hacerlo, y hacerlo bien, ya sea pintar, componer música, esculpir, escribir…

Eso del encuentro con los lectores, yo nunca lo he entendido, porque creo que jamás te encontrarás con la, o con las personas para las cuales escribes ya que, sencillamente, no escribes para nadie en concreto, ni escribes tampoco para el mundo, porque si escribieras para alguien o para algo, ya no estarías escribiendo, sino redactando.

Escribir es otra cosa, llena de misterio.
Y Javier Marías vivía en ese reino.
El reino de las palabras, que no es redondo, sino infinito, porque las palabras, fijas sobre el papel, vuelan por el tiempo, y ése es el misterio.
Me ha gustado encontrar el libro que escogí al azar, y que con tanta educación me dedicó un día, con su letra aún viva en la tercera página:

“A Mónica Fernández-Aceytuno, este libro en verdad de otro siglo.

Cordialmente,

Javier Marías.”

La tinta se transparenta en la página siguiente.

Abro el libro también al azar, página 103.

Leo:

“Yacen los restos de muchos hombres en las partes todas de la tierra entera, y nada es imposible tras la travesía del horizonte, donde al sol se hace burla sin que ya nos vea.”

III. El testamento

“El siglo”

Javier Marías.

Y cuando ya creía que había cerrado este artículo, me pongo a repasar las páginas de “El siglo” y me encuentro que el “Prólogo a la edición de 1995” comienza con esta confesión: “Durante algunos años creí que esta novela, la cuarta que publicaba (pero ahora ya no sé si fue más bien la tercera), era la mejor de cuantas había escrito y que seguiría siéndolo durante bastante tiempo.”

Para añadir más adelante:

“P.D.: Más de cinco años después. Decididamente, El siglo es una novela sin suerte”.

Creo que no.

Puede que “El siglo” estuviera esperando este día, este momento, este tiempo.

Hay palabras que sólo florecen sobre las tumbas.

Sobre el autor de esta publicación

Mónica Fernández-Aceytuno

Nace el 4 de mayo de 1961 en Villa Cisneros (Sáhara Español).

Licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid se dedica desde 1991 a la divulgación de la Naturaleza en la prensa por lo que obtiene en el año 2003 el Premio Nacional de Medio Ambiente “Félix Rodríguez de la Fuente de Conservación de la Naturaleza” por su labor de difusión, y en el año 2007 el Premio Literario Jaime de Foxá.

El dos de octubre de 2008, se le entrega la Medalla de Honor del Colegio de Ingenieros de Montes al Mérito Profesional por su actividad en la prensa y en Internet.

Es columnista de ABC desde 1997, y colabora asiduamente en el suplemento NATURAL de ABC.

En 2007 funda el portal de la Naturaleza www.aceytuno.com, del cual es editora.