El acabamiento

Naturaleza muerta

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No acabo nada.

Y si lo acabo, vuelvo a empezar de nuevo.

El caso es que siempre estoy haciendo algo que sé que no voy a terminar.

Da igual lo que sea.

Todo me podía haber quedado mejor.

Podría haberlo hecho de otra manera, luego no estaba terminado, aunque yo lo creyera.

Esta dicotomía constante, como la del corimbo de un saúco, me parece dramática.

La gravedad del vivir está en esto.

En comenzar una vida que va a terminarse, seguro, pero en la que no acabarás nada.

Un día llegué a esta conclusión, y con ella vivo más a gusto: tendré que hacer todo por el camino, sin ver el final, dejando cosas qué hacer cuando me vaya.

Si acabo un libro, empiezo a leer o escribir otro.

La lectura y la escritura no acaban nunca.

Si cocino, el plato, por bien que haya quedado, no ha terminado, la próxima vez lo haré de otra manera, más, menos sal, adornado de otra forma.

Siempre podría haber hecho mejor las cosas.

Es una pena no disponer de otra vida.

Que ésta que vivo fuera un ensayo.

Poder acertar a la primera.

Poder cerrar, rematar, acabar las cosas.

Mi madre me lo advirtió: “No cuesta empezar una tarea por ardua que sea, lo difícil es terminarla”.

Es verdad.

Lo difícil es terminarla.

El remate final.

Quizás por eso es más feliz quien menos ambiciona porque es más fácil poner el punto y final, o creer al menos que lo has puesto.

Centrarse en lo pequeño, en lo próximo.

Hacer menos, y hacerlo bien.

Contemplar la obra terminada.

Pero será un espejismo.

Nada se acaba.

Ni siquiera Dios terminó el mundo, porque sigue dando vueltas, evolucionando las especies hacia algo cuyo final desconocemos.

Todo está en constante movimiento, el Universo todo cambia de un segundo a otro, así que pensar que seremos capaces de terminar algo, si ni siquiera Dios lo hizo, no es más que una ilusión para no marearnos con la infinitud de un tiempo que no viviremos para terminar las cosas.

Nunca se acaba de ser, ni de hacer, ni de pensar.

Todo sigue y sigue y sigue.

Pero puede que las cosas, que no tienen vida, sí se acaben.

Se diría que estamos asistiendo, por ahora de manera casi imperceptible, a una suerte de acabamiento, si es que esta palabra existe, que me parece que sí porque el corrector, tan quisquilloso, la ha dado por buena.

Las cosas se acaban, pero no nosotros, que acabamos con todo sin acabar nada.

Se acaba el verano.

Se acaba la luz y el gas y el agua.

Se acaban los paisajes.

Se acaban los recursos naturales.

Y nosotros seguimos sin terminar nada.

Sobre el autor de esta publicación

Mónica Fernández-Aceytuno

Nace el 4 de mayo de 1961 en Villa Cisneros (Sáhara Español).

Licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid se dedica desde 1991 a la divulgación de la Naturaleza en la prensa por lo que obtiene en el año 2003 el Premio Nacional de Medio Ambiente “Félix Rodríguez de la Fuente de Conservación de la Naturaleza” por su labor de difusión, y en el año 2007 el Premio Literario Jaime de Foxá.

El dos de octubre de 2008, se le entrega la Medalla de Honor del Colegio de Ingenieros de Montes al Mérito Profesional por su actividad en la prensa y en Internet.

Es columnista de ABC desde 1997, y colabora asiduamente en el suplemento NATURAL de ABC.

En 2007 funda el portal de la Naturaleza www.aceytuno.com, del cual es editora.