La canícula

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He definido la canícula como:

Periodo más caluroso del año. Estrella "abrasadora", la más brillante y cercana, que está en la boca del perro en la constelación del Can Mayor, la cual desaparecía oscurecida por el Sol durante los días perros, caniculares.

Son los días de las ventanas abiertas por la noche, y con las persianas bajadas por el día.

Me detuve en Villafranca del Bierzo a dar un paseo por sus calles y lo que más me gustó fue ver las persianas al sol por encima del balcón, azules y verdes, con ese cielo de verano, lleno de vencejos que duermen en el aire, con chilríos de felicidad porque es verano de verdad, del que vas buscando las fuentes y las sombras por las calles.

Antes, había pasado en coche por unos campos blondos segados, incluso alguna trilladora me encontré por el camino, ralentizando un recorrido ya de por sí lento en mi caso, que hacía años que no conducía y mucho menos sola, tantos que ni siquiera recuerdo cuándo fue la última vez que conduje en coche para hacer un viaje largo, y sólo me vino a la memoria cuando me enviaron a trabajar a Burgos desde Palencia, con alerta por nevadas, en un Seat Panda tan nuevo como mi carnet. Mi padre me dijo por teléfono “sobre todo no pises el freno”. Todo eran camiones fuera de la carretera, ya porque se habían detenido, ya porque habían patinado, y yo a, no sé, tal vez cincuenta kilómetros por hora, puede que menos, muy pegada al volante, en aquella película a lo doctor Zhivago en la que estaba inmersa porque mi jefa, a la cual había pedido que por favor no me obligara a ir a Burgos, porque hasta en el hotel de Palencia me pidieron, por favor, señorita, no vaya, no había cedido y a las ocho de la mañana, siendo de noche, me embarqué en mi coche recién estrenado hacia un mar blanco que brillaba como la luz de las estrellas sin saber qué sería de mí. Era mi primer trabajo. Tenía veinte años. Cuando llegué a Burgos, tan nevado, o más, que Palencia, me sentí como el Cid Campeador, una conquistadora. No creo haber demostrado más valor en mi vida. Sobre todo, te hice caso papá, no pisé el freno.

También sin pisar el freno, pero no yendo muy rápido la verdad, menos mal que de vuelta a Galicia no había tráfico porque cuando llegué a Madrid desde Galicia se me ocurrió meterme por el Bus Vao ¿se llama así? ¿por qué?, sin saber que era una suerte de túnel al aire libre con un solo carril, por lo cual aprovecho la oportunidad para pedir disculpas a todos los que regresaban a Madrid por ese carril el domingo pasado sobre las ocho de la tarde, deseando llegar a su casa lo antes posible, imagino por las caras que imaginaba, casi las sentía sobre mi cogote, de las personas que como los vagones de un tren me siguieron conformando un ciempiés hacia Madrid, a noventa kilómetros por hora, por el Bus Vao.

Espero que no esté prohibido.

En los últimos años sólo he conducido un coche que no puede ir mucho más rápido, y todo lo que pase de 90 me da vértigo.

Aún así, aprendí a poner la sexta ¿quién inventó algo así?, y llegar a Madrid y luego regresar por esos campos de Castilla en plena canícula que me encantan, no sé por qué, y sobre todo al pasar por Valladolid, con esos pinos con forma de parasol que me recuerdan los versos de Jaime Gil de Biedma:

“Que la vida iba en serio

uno lo empieza a comprender más tarde/”

Qué bonito es el campo cuando pasas.

Y qué agradable el verano, hasta que te bajas del coche, y sientes la bofetada del calor y, aún así, hay un algo de la infancia en estos días perros de la canícula, de blancor de nieve, de candor, en ese lugar de la memoria donde siempre es verano.

Sobre el autor de esta publicación

Mónica Fernández-Aceytuno

Nace el 4 de mayo de 1961 en Villa Cisneros (Sáhara Español).

Licenciada en Ciencias Biológicas por la Universidad Complutense de Madrid se dedica desde 1991 a la divulgación de la Naturaleza en la prensa por lo que obtiene en el año 2003 el Premio Nacional de Medio Ambiente “Félix Rodríguez de la Fuente de Conservación de la Naturaleza” por su labor de difusión, y en el año 2007 el Premio Literario Jaime de Foxá.

El dos de octubre de 2008, se le entrega la Medalla de Honor del Colegio de Ingenieros de Montes al Mérito Profesional por su actividad en la prensa y en Internet.

Es columnista de ABC desde 1997, y colabora asiduamente en el suplemento NATURAL de ABC.

En 2007 funda el portal de la Naturaleza www.aceytuno.com, del cual es editora.