Los girasoles

Girasoles

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Antes de saber que el girasol era la flor nacional de Ucrania ya lo había sembrado en mi casa.

Fue el verano más soleado de todos, porque al sol de los días se unió el de cientos de girasoles que, en vez de seguir al sol, se quedaban mirando al Este desde que amanecía. Los gorriones, se sentaban en la cabeza de sus capítulos y pelaban las pipas con la habilidad de los loros. Sin manos, con las alas pegadas al cuerpo, conseguían engullir la semilla y lanzar las cáscaras al aire.

Los girasoles se inclinaban con el paso del viento, de lo altos que eran, pero los gorriones ni se inmutaban, pelando sin parar las pipas, utilizando de columpio la flor compuesta. En ocasiones, eran cientos de gorriones los que había en el campo de girasoles, pero era imposible contarlos porque sólo se veían los de las cabezuelas más altas; pero abajo, sobre los girasoles que crecieron menos, también había pájaros, sumergidos como peces en el campo.

Nunca fue mi casa más bonita que aquel verano.

Me dijo mi hermano Juan, que sabe del valor de las viviendas, que se había revalorizado mi casa por haber plantado girasol delante. Uno de mis hijos, sin embargo, pensó que era una frivolidad, si no se iba a hacer nada con aquel girasol, más que dar de comer a los pájaros. A mí me encantaba esa vida que convocaban los girasoles desde el cielo, como un sol tumbado sobre la tierra, al que acudían en bandadas las aves, y los ratones de campo por el suelo.

Hace unos días, antes de que empezara la guerra más cruenta a la que yo he asistido en directo, ya había pensado en sembrar girasoles este año, no muchos, pero sí unos cuantos, para que los vieran crecer mis nietas, porque el girasol, en tres meses, da una hierba más alta que una persona, y contra la pared blanca del alpendre, pensé que quedarían muy bien, para dar más luz a la luz que ya cae sobre esa pared en verano.

Llamé a Dolores y le pedí semillas ecológicas.

El girasol, además, es muy beneficioso para el suelo, al limpiar la tierra de contaminantes y metales pesados por su poder de fitorremediación.

No sé si podrá remediar tanto dolor como se está sembrando.

Se sembró el girasol allí donde no había posibilidad de plantar olivos para obtener aceite. Por eso hay tanto girasol en Rusia y en Ucrania. La mitad del aceite de girasol del mundo, es ucraniano. Por aquí, están muy preocupadas las empresas conserveras porque ya sólo les queda aceite de girasol para las próximas tres semanas.

Ahora que hemos decidido, primero por la emergencia climática y hoy por la emergencia de la guerra, convertir las tierras de pan llevar en suelo industrial de la noche a la mañana, habría tal vez que reflexionar si no necesitaremos más la tierra para algo tan esencial como es el forraje para los animales y el alimento para las personas.

Puede que haya llegado el momento de volver a la tierra a la que dimos la espalda, como si no valiera nada.

Y considerar como se merece la dignidad de las personas que sabían cultivarla.

Dejad de aplastarlas con megaproyectos industriales que ocupan, inmisericordemente, el Territorio de la Biodiversidad, de la Agricultura, del Agua, del Paisaje y del Rural con desarrollos industriales energéticos solares y macroeólicos que, también, por desgracia, necesitan del gas, cosa que no se está diciendo a las claras.

También nos gustaría saber a qué bolsillos van a parar los 545 euros por megavatio/hora que vamos a pagar por encender esta noche una luz.

Demos un paso hacia lo más esencial, que es la independencia alimentaria.

Volvamos a la tierra.

Sembremos, también la paz, sembrando girasoles este año.

Se siembran en primavera, cuando caen, para hacer sus nidos, del cielo los pájaros.

 

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