Escenario

chimenea

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Se oye el camión de la basura.

Es un sonido que no se olvida, como el del monte cuando están talando árboles.

Máquinas cuyo rumor resuena al fondo de la ciudad, o del campo.

Es muy temprano, o muy tarde, no sé qué hora es esta de las cuatro de la madrugada.

No es que no duerma, es que me dormí muy temprano, cuando se acostó como un bebé mi madre, y ahora me he despertado, entre este rumor de camiones.

Por la casa he caminado a oscuras.

Tampoco se olvida el recorrido de una casa donde has crecido.

No es que viniera aquí desde muy niña, tenía ya trece años, pero he pasado tantos años en esta casa que podría caminar por ella con los ojos cerrados sin tropezarme.

Todo está igual, menos nosotros.

Qué bien se conservan las cosas, pensaba anoche.

Me impresiona ver a mi madre con el ceño fruncido, nunca estuvo enfadada, ¿por qué lo está ahora?, y a las cosas de la casa tal cual, sin envejecer, tal vez porque siempre fueron viejas.

Los sillones que vinieron de África siendo yo una niña están igual, el mueble de la radio también, las sillas, la vajilla, los cuadros, no parece haber pasado el tiempo por ellos.

La tarde con mi madre, en cambio, no fue fácil, hasta que de pronto se abrió un claro y volvió a ser ella, con su dulzura y su mirada y su “bueno” a mis preguntas. Me produce más ternura que mis nietas, la veo más frágil, más indefensa, más niña. Le digo que tiene un poco de lío en la cabeza y que se lo voy a desenredar como los sedales de las pescantinas “¿quieres que te desenrede este lío?”, le pregunto acariciándole la cabeza … “Bueno”.

Me asombra que todo haya cambiado tanto y las cosas ni se inmuten.

Esa indiferencia de lo que ya está hecho.

La indiferencia de los días, mientras envejecemos.

Que la catalpa del patio siga dando semillas dentro de unas legumbres que cuelgan de las ramas a la espera de las flores.

Que suenen como siempre las puertas, el parquet, las persianas.

Que caigan igual los visillos.

Que siga pareciendo el escenario de una obra que ya se representó.

Que fuéramos tantos, y ahora ninguno.

Todo está igual, porque está quieto.

No hay vida, sólo recuerdos.

Me despierto pensando si llevarme de aquí a mi madre.

La casa se derrumbaría tras ella.

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