Palabras de nieve

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Entre las palabras de la Naturaleza que más me gustan, están las de la nieve porque, aunque estén escritas en negrita, son blancas sobre el blanco de la página.

Ampo.

Lo escribes y ya parece que la palabra vuela como una ventisca.

O como una cellisca, que es la fuerte ventisca de agua fría, incluso sin nieve, cuando el cierzo helado hace volar el hielo de los páramos.

El ampo es, por el contrario, la calma del blanco, el resplandor de la nieve, la extrema blancura de la nieve intacta en pleno día.

Eso es el ampo.

La chapina, sin embargo, es grisácea, porque es la nieve cuando empieza a derretirse, ya en un camino, ya alrededor de nuestras botas, y se va creando sobre nuestra huella una nieve que es más traslúcida que blanca, perdiendo su candor.

Chapina.

Suena a nieve derretida, a chapoteo y a charco helado fundido, si se dice en voz alta.

Hay aves que llevan el nombre de la nieve entre sus alas.

En ocasiones porque alguna parte de su plumaje es blanca, y en otras porque anuncian las nevadas; pero, en realidad, ambas se confunden y suceden a la vez las dos cosas.

En Toledo, Ciudad Real, Cáceres y Badajoz llaman aguanieve o aguanieves a la avefría (Vanellus vanellus) pero también recibe la misma denominación de aguanieve la lavandera (Motacilla alba) también blanca en una parte de su plumaje.

A las aguanieves, además, las veo llegar en bandadas con el frío, lo cual siempre abriga un poco el alma, mientras pasa el invierno.

Nevatilla.

Esta es la preciosa denominación que utilizó el botánico Simón de Rojas Clemente y Rubio (1777-1827) en su “Nomenclator ornitológico español y latino” para designar también a la lavandera, la Motacilla alba, que ya en su nombre científico lleva la albura de la nieve.

Ahora que lo pienso, para lo hermosa que es la nieve, no tengo tantas palabras, y casi todas las que conozco me las han regalado, sobre todo las personas que viven en Soria, que no sólo conocen todas las nieves sino también todos los nombres que las designan, porque no todas las nieves son blancas, ni todas son iguales, ni caen de la misma manera, ni se acumulan sobre las mismas cosas igual unas que otras.

Se ve mejor cuando se sabe nombrar.

Y Soria sabe mirar la nieve.

Desde Soria me han regalado nombres tan hermosos como el de carama para la nieve que se queda adherida sobre las ramas de los pinos y que, si persiste, anuncia más nevadas.

Carama.

Me recuerda a carámbano.

Tiene que haber muchas más palabras de la nieve cayendo ahora mismo sobre las montañas.

Ojalá también descendiera por aquí la temperatura, y nevara esta noche.

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