El rayo latente

A mí me habían hablado de este rayo como “el rayo dormido”.

Se trata de esos rayos que se quedan a dormir dentro de los árboles y que no se despiertan hasta que pasa la noche y sale el sol y el aire se seca y, entonces, inician el incendio.

Hay algunos rayos dormidos que duermen dos días seguidos.

Lo curioso es que el árbol que tiene un rayo dormido presenta una cicatriz en forma de espiral sobre la corteza como si el rayo, en el fondo, huyera de las líneas rectas, de manera que da vueltas alrededor del tronco enroscándose como una serpentina abierta por donde asoma, cuando se despierta el rayo, el fuego encendido dentro.

En ocasiones, sigue el rayo su camino bajo tierra y entra a dormir en el árbol de al lado, para iniciar el incendio en diferido y a distancia.

El 99,9 por ciento de los incendios forestales en el valle de Ayora, en Valencia, se inician por rayo, de ahí la importancia de localizar las cicatrices en los troncos que indiquen que albergan un rayo dormido, ya que, si se encuentran, se evita el incendio, incluso sobrevive el árbol que tiene, dormido, un rayo dentro.

Esto que ya lo relatara yo hace unos años, lo recupero ahora, porque nunca me había pasado que más de doscientas mil personas leyeran una de mis definiciones de la Naturaleza que pongo a diario en Twitter y que, de pronto, para mi asombro, empezó a retuitearse por todo el mundo, lo más probable es que fuera por las imágenes, que no eran mías, un video de otra cuenta de Twitter con el que acompañé la definición, y en el que se veía claramente la cicatriz en espiral en el tronco de un árbol, quizás un pino, no se veía bien ya que sólo aparecía el tronco con las cicatriz en espiral, y el fuego ardiendo dentro, como la leña en el hogar de una chimenea, tras haberse despertado el rayo latente.

Y digo rayo latente porque lo de “rayo dormido” no gustó a los que sabían, ya que me dijeron que tenía que ser “rayo durmiente” o de manera más precisa y correcta “latente”.

Pude entonces darme cuenta de que, a mayor difusión de lo escrito, más fácil es encontrar a quien te diga que lo que has escrito no es como debiera, lo cual no es malo pero, la verdad, no sé por qué, el exceso de tecnicismos a veces me parece que espanta la realidad asombrosa de ver el tronco de un árbol herido por la cicatriz en espiral que le dejó un rayo caído del cielo y que luego pareciera ese tronco y ese árbol que no le había sucedido nada para después, una vez seca la lluvia de la tormenta, iniciarse, dos días más tarde, el incendio, dejando ver las llamas, rojas como un corazón, que albergaba el árbol dentro.

Cuando se observa algo así, las palabras puede que sean lo de menos.

Lo de más es la mirada.

La misma desde que alguien vio por vez primera, por una rendija en la madera, el fuego ardiendo dentro de un árbol.