La felicidad de la madera

Me pregunto si cuando acabe todo esto seré capaz de escribir algo.

Me pregunto si lo escribiré todo antes, para que se sepa.

Lo que estamos viviendo.

Que se nos riña por haber encontrado un castillo.

Que se nos riña, ¡y en público!, por proteger el Patrimonio.

Que los que no consignaron que había un Bien de Interés Cultural queden sin sancionar.

Ni se les nombre, para reñirles, aunque sólo sea un poco.

¿Se puede obviar en un proyecto presentado a la Administración que en la zona de afección de obras a realizar hay un B.I.C.?

No.

En el caso que nos ocupa se ha obviado en tres ocasiones.

Y sí, está localizado, lo dice la ficha municipal: Monte do Gato.

¿Y qué les sucede a los responsables de tamaño despiste?

Nada.

¿Y a los que lo advirtieron?

Se les riñe.

Ni las gracias se nos ha dado por hacer lo que es nuestra obligación ya que el Patrimonio no es de unos pocos, sino de todos y cada uno.

A veces, a nuestros representantes se les olvida que nos representan.

Temporalmente.

Porque el tiempo y la luz de los días caerá sobre ellos, si equivocan su papel, que es defender el Bien Común.

¿De qué lado están?

¿Somos los vecinos el enemigo por defender nuestro territorio para que no se conviertan nuestros montes en polígonos industriales?

Aquí somos madereros.

Vivimos entre la madera.

Aquí no plantamos máquinas sino árboles.

Lo sabemos hacer mejor que nadie.

Todo el proceso.

Los mejores carpinteros están aquí, en Oza-Cesuras.

Somos madereros desde la cuna, hecha de madera.

Los mejores aserraderos están aquí, en Oza-Cesuras.

Los mejores pies de árbol que se llevaban en Navidad a la ciudad, salían de aquí, de Oza-Cesuras.

En cualquier lugar donde se vaya tiene el camino piñas, abiertas por el sol, cerradas por la lluvia.

El aire huele a madera.

O a flor de castaño, en estos días de junio.

Hasta las chimeneas huelen en verano a madera cuando hace calor y los rayos de sol entran por el tiro.

Todo es bosque, luco, fraga, monte…

Es una tradición, toda una industria forestal que sigue viva.

¿Qué van a hacer con nosotros?

¿Enterrarnos vivos en nuestros propios ataúdes?

Porque su proyecto de plantar máquinas en vez de bosques nos mataría, directa o indirectamente, a todos.

¿Nos van a matar a todos?

Somos cinco mil.

¿O nos van a reñir?

Aquí no plantamos aerogeneradores a los que hasta una brizna de hierba les molesta.

Aquí plantamos bosques, más eficaces, renovables, sostenibles y ecológicos para combatir el cambio climático.

Las máquinas que nos quieren plantar no son reciclables.

La madera sí.

Las máquinas que nos quieren plantar utilizan aceites contaminantes.

La madera produce resina natural.

Bajo un aerogenerador no se puede vivir.

No hay mejor manera de vivir que en una casa donde se ha utilizado la madera en su construcción.

Un aerogenerador está muerto desde el principio y provoca la muerte de miles de aves.

La madera sigue viva hasta cuando ha caído y sus bosques albergan miles de pájaros que anidan entre sus ramas.

La biodiversidad desaparece bajo las aspas.

La biodiversidad, en los bosques de silvicultura sostenible, se multiplica.

Los aerogeneradores emiten un ruido insoportable para el ser humano.

De los bosques salen sonidos que reconfortan el alma.

Ni se atrevan a declarar polígono industrial, por ¿utilidad pública?, ni uno solo de los montes do Gato.

No sin el consentimiento de las 5.000 personas que en Oza-Cesuras habitamos.

Los tres grupos políticos que forman la Corporación Municipal del Concello de Oza-Cesuras, firmaron el pasado 29 de mayo de 2021 una declaración institucional donde manifestaron que: “Esta Corporación municipal, elixida democráticamente pola veciñanza de Oza-Cesuras, oponse firmemente a estes proxectos e manifesta o seu total apoio aos veciños afectados por estes parques eólicos dunha manera taxante.”

En la obra de Alejo Calatayud Álvarez “Situación de la normativa ambiental en Galicia y prioridades normativas” (2009) se señala:

“Pero no podemos olvidarnos de las competencias que las Entidades Locales tienen en esta materia. Igualmente hemos de acudir a la Constitución Española que reconoce “autonomía” a las Entidades Locales para la “gestión de sus respectivos intereses” (arts. 137, 140 y 141). Las competencias locales en esta materia sólo pueden ir también en un sentido adicionalmente reforzante de los estándares preestablecidos desde las ordenaciones superiores.”

La Constitución Española garantiza, pues, la autonomía de los municipios para la “gestión de sus respectivos intereses” en materia ambiental al ser la Entidad Local la más cercana al territorio.

Y nuestra salud y bienestar ambiental en Oza-Cesuras, es la madera.

Nuestra felicidad.

Somos felices con los bosques bajo el cielo.