Un respeto

No sé qué pensaban.

Que nos íbamos a quedar callados.

Que estaríamos adormecidos.

Que somos pocos.

Que somos tontos.

Que estamos acostumbrados a someternos.

Que en el Rural no hay jóvenes.

Que no hay niños.

Que no hay esperanzas.

Que no hay sueños.

Que no hay mujeres sin miedo, dispuestas a mover montañas.

Que íbamos a quedarnos todos de brazos cruzados mientras nos quitaban un monte para dinamitarlo.

Que no sabíamos lo que teníamos, allí arriba, en el Monte do Gato.

Que ignoramos lo que es un LIC, la Red Natura, la Directiva Hábitat, la UNESCO, la UICN, la Zona Núcleo de una Reserva de Biosfera.

Que no sabemos distinguir un yacimiento ni ver en las fichas de un Plan General de Ordenación Municipal un Bien de Interés Cultural con la máxima protección jurídica.

Que desconocemos el valor de la Necrópolis Megalítica del Monte do Gato.

Que nos íbamos a dejar robar el agua de las brañas, el canto del cuco y el vuelo en círculos del aguilucho cenizo.

Que nos íbamos a dejar quitar el sueño, la salud y el silencio.

Que nos íbamos a dejar robar el paisaje para siempre.

Que nos habíamos creído aquello de que “los molinos son bonitos” como si no supiéramos que es de ellos de los que emergen esas telarañas electrificadas que son las Líneas de Alta Tensión para bajar por el monte hacia los valles donde están nuestras casas, pastos y campos.

Que no íbamos a decir nada.

Que pagando a unos cuantos, nos comprarían a todos.

Que nos íbamos a quedar callados.

Que no nos manifestaríamos en Santiago de Compostela y en donde haga falta.

Que no somos capaces de encontrar la verdadera razón de esta sinrazón.

Un respeto, por favor.

Somos el Rural.