Teodomiro

Su reinado debió de ser muy feliz.

Tan feliz que no tiene casi historia.

“Ni guerra, ni pestes, ni otras calamidades de las que se nutre la historia” nos recuerda, a propósito de lo dicho por Reinhart, Casimiro Torres Rodríguez en su magnífico libro “El reino de los suevos. La Galicia sueva”.

Al final, no me compré este libro, por lo que costaba, e incluso lo rechacé, por el mismo motivo, como regalo; pero sí he podido hacerme con la versión en libro electrónico, mucho más asequible, que me entretiene los días y las noches.

¿Quién me iba a decir a mí que querría un día saber de un rey llamado Teodomiro?

Me consuela pensar que no soy la única que no sabía casi nada.

Ha sido para mí un descubrimiento, e imagino que lo será también para otras personas, que las parroquias gallegas y las comunidades de montes que hoy conocemos se organizaran bajo su reinado.

Que fuera el primer rey suevo católico, constituyendo una monarquía religiosa, y que con su, “ministro religioso”, San Martín de Braga o de Dumio, edificara y restaurara iglesias convirtiendo a los monasterios en precedente de lo que fueran luego los monasterios medievales: “escuela de ciencias y de artes culturales; escritorio para confección y copia de códices, técnicas laborales y agrícolas, y centro hospitalario y de caridad.”

Es tal la influencia de San Martín de Braga que casi habla el profesor Torres más de él que del rey Teodomiro, o tal vez es que haya más constancia escrita de San Martín porque sabemos que llegó a Galicia en el año 550, y que quizás era descendiente de alguna familia romana, habiendo nacido en Hungría, un país muy parecido a la Galicia sueva donde se encontró San Martín como en su casa, llegándose a convertir en una figura destacada en la ciencia y la fe, contribuyendo con su esfuerzo “a la extensión de la paz”.

Nos cuenta el profesor Casimiro Torres que desde la conversión de Teodomiro (559) “San Martín se desentiende de la política interesada de Bizancio y centra toda su atención en la labor de apostolado del pueblo suevo y de la población hispanorromana de Galicia. Se mantiene alejado de la lucha entre visigodos y bizantinos; y se consagra con todo ardor y con todas sus fuerzas a la transformación del pueblo suevo.”

Fue por este apóstol de Galicia por el que llegara a ser tan feliz el reinado de Teodomiro.

Se dice de San Martín: “Subió a los palacios de los reyes y descendió a las cabañas de los pastores”.

Su principal virtud fue la prudencia.

Y su mayor logro que reinara con Teodomiro la paz y la civilización.

Quien busque hoy en el Ministerio de Cultura del Gobierno de España un Bien de Interés Cultural que lleve el nombre del rey Teodomiro, sólo encontrará uno:

Castillo. Torre de Teodomiro.

Monte do Gato.

Aranga (Coruña/A Coruña)

C.A. Galicia

¿Puede haber una barbarie mayor que hacer como que no existe ni existió esta Torre, poniendo en peligro su preservación, cuando casi no nos quedan vestigios ni del rey Teodomiro ni del reino suevo de Gallaecia que fuera la primera monarquía, el primer reino de Europa?

Esto está sucediendo hoy, quince siglos después.

Los bárbaros siguen entre nosotros.