Narcisos

No somos tan distintos de las otras especies.

Hoy ha salido el sol y soy como una flor y como el pájaro que canta su greguería.

Me apetece salir afuera.

El frío, igual que a la yema rojiza de un tilo, me paraliza.

Pero este sol y este cielo azul en lo alto, infinito como el Universo, sin bordes de nubes, nos hace creer que tampoco el tiempo tiene paredes, como si no hubiera días ni horas ni más instante que éste del sol pintando el día.

Da igual lo que hagas o dejes de hacer, que todo es luz.

Todo es hoy distinto, nuevo, precioso.

La luz, transparente, todo lo cambia.

Ella manda en la belleza y en los ciclos biológicos.

Manda en mi escritura.

Hoy escribiría todo y hoy no escribiría nada, para salir afuera, al sol de las belloritas recién abiertas por el cielo verdemontaña de los prados.

Me caen las lágrimas de la lluvia que ya pasó, al ver este sol entrando por todas las ventanas.

Las abro para que las habitaciones respiren y salga su vaho de alivio, de ese ya pasó el invierno, aunque aún no haya pasado.

Que nadie trunque esta esperanza.

La necesitamos, aunque no sea cierta.

Acaban de emerger de la tierra, puntuales como si no se hubieran enterado de nada, o como si su mundo fuera otro, los primeros narcisos, amarillos como el sol en lo alto.

He cortado los primeros y los he puesto en un jarrón de cristal con agua.

Nos quedará su luz dentro de la casa cuando vuelva la lluvia.