Los muertos

Nunca hemos vivido de esta manera, en un permanente día de difuntos, pero sin las flores de los crisantemos que alumbran de noche las huertas.

Pasan los fallecidos por las noticias como si no fueran personas y familias y amigos, sino números.

¿Cómo lo hacen?

Quiero decir, ¿Cómo es posible que nos hayamos adormecido de esta manera con la nana de las cifras?

Hoy cuatrocientos muertos.

Y seguimos con nuestras vidas.

Se diría que incluso continuamos con más alegría que nunca porque todo nuestro vivir fue una negación de la muerte que, aunque ahora se nos presente tan próxima, seguimos negándola en un comportamiento que no puede clasificarse más que de “mecanismo de supervivencia”.

Y es que ya no vivimos en la vida, sino en la supervivencia de nuestra especie.

Esto que escribo y que hasta hace un año parecería algo de ciencia ficción, es real, está sucediendo, un virus ha comenzado a diezmar la Humanidad que, a pesar de todo, sigue.

Hace unos días le comentaba a mi hijo que ya no es que esté yo preocupada por nosotros y nuestra familia y nuestros amigos, sino que empiezo a estar preocupada por la especie Homo sapiens, algo que jamás creí que me tocaría sentir, aunque ya alguna vez lo pensara, incluso lo dijera en voz alta, para pasmo de mi auditorio, que debíamos tener en cuenta que, de la misma manera que se nace y se muere como persona, también se puede nacer y morir como especie.

El 99,999 por ciento de las especies que alguna vez habitaron la Tierra, han desaparecido ya, calculó Lewontin.

Se vive por turnos.

De generaciones y de especies distintas.

No sabemos si ha llegado nuestra hora.

Sólo la ciencia puede salvarnos, mientras dilucidan en China si también la ciencia nos metió en esto.