Tania

Quisiera que esto que ahora escribo fuera un ramo de palabras para Tania mientras aún respira, un hatillo de camelias blancas con sus hojas verde oscuro como las que acaban de florecer en casa.

No creo que lo consiga.

Tania es una de esas personas para las que no hay palabras que escribir a su altura.

“La luna está a punto de llenarse”, me dice mi hijo mayor para consolarme de esta tristeza, y creo que tiene razón, que la luna está esperando a llenarse para llevarse la luz del alma de Tania al otro lado del mundo, que es donde nació: Nueva Zelanda.

La conocimos gracias a otros buenos amigos, Paz y Salva, cuando nos animaron a mi marido y a mí a dar clases de conversación con Tania en la academia “New English School” que tiene en Betanzos, donde viven hoy muchos niños y jóvenes que hablan un inglés fluido gracias a ella. Es Tania una profesora extraordinaria. En su academia, nos sentimos tan a gusto que las clases terminaron por convertirse en una amistad con ella y con Germán de la que disfrutamos cada segundo cuando nos vemos con ellos, da igual lo que hagamos, ir a comer un cocido al Moderno, conversar durante horas en verano alrededor de un vino en una cala, o tomar, al sol del invierno, unos macarrones boloñesa en cuenco de barro, bien abrigados en la terraza del Club, como Tania llama al Real Club Náutico de La Coruña, mientras vemos entrar los barcos pesqueros al puerto para, tras el café, irnos al cine y después a tomar unos churros con chocolate en Bonilla durante unas tardes de viernes que siempre da pena que se acaben.

De Tania he aprendido que hay tres niveles de conversación.

El nivel más bajo es hablar de las personas que no están presentes en esa conversación.

El nivel medio es hablar de las cosas.

Y el más alto, es hablar de las ideas.

Se podría decir que la conversación con Tania, está aún por encima incluso del nivel más alto porque en ella se suma todo, las ideas, la inteligencia, la bondad, la compasión, la dignidad, el pensamiento, el respeto. De alguna manera, sin querer parecerlo, ha estado siempre Tania por encima de todos nosotros, en otro nivel, inalcanzable, como si su lenguaje proviniera de algo más profundo que el idioma, una suerte de sabiduría vital que hacía que los demás nos quedáramos muy por debajo pero que ella, al igual que practicaba en sus clases, intentaba que eso no nos acomplejara, de manera que nos hacía sentir a su lado como si pudiéramos estar a su altura como persona, aunque Tania, esté y estará siempre a años luz de todos los que hemos tenido la suerte de compartir el tiempo con ella.

Tania es mi amiga.

Si yo he tenido un honor en mi vida, ha sido su amistad pura, auténtica, leal, inquebrantable.

Tania es la sonrisa sincera, la palabra amable, el gesto inteligente de sus ojos cuando escucha, el brillo de su mirada cuando mira, su pelo rizado alrededor de una cara de niña con pecas.

Tania es la belleza.

Tania es la generosidad.

Tania es la inteligencia.

Tania es la elegancia.

Tania es la bondad.

Tania es la persona que todos quisiéramos llegar a ser y que no seremos jamás.

No sé cómo voy a vivir si ella no vive.

No sé cómo vamos a poder vivir sin Tania.