S.O.S. Biodiversidad

España es hoy el país con la mayor Biodiversidad de Europa.

Este honor, al que no parece que le hayamos dado la importancia que merece, está en peligro, tal y como acaban de manifestar 23 científicos y científicas de centros de investigación, museos de ciencias y universidades españolas en una carta publicada el pasado 11 de diciembre en la revista “Science” con el título de: “RENEWABLES IN SPAIN THREATEN BIODIVERSITY” (“LAS ENERGÍAS RENOVABLES EN ESPAÑA AMENAZAN LA BIODIVERSIDAD”).

Hablan de “daños irreversibles”.
Irreversibles.
¿No les vamos a hacer ningún caso?
¿No vamos a abrir al menos algún debate sobre este asunto?
¿Vamos, ya que la emergencia climática es urgente, a hacer las cosas con precipitación?
También en esto solemos ser los primeros de Europa.
Ya lo hicimos en los años 60 con el más disparatado desarrollo urbanístico en primera línea de costa por la urgencia del turismo.
Todavía hoy, tienen arena de obra muchas playas.
Todavía hoy, nos avergonzamos de ello.
¿Somos iguales que entonces?
¿No hemos evolucionado nada en más de medio siglo?
Mi abuela solía decir: “Vísteme despacio, que tengo prisa”.
Las emergencias, no pueden gestionarse con precipitación.
Y mucho menos una emergencia de esta envergadura como es la emergencia climática y la descarbonización.
Cuanto más grave es la emergencia, con mayor calma y sensatez y conocimiento hay que actuar.

¿Vamos a avergonzarnos también hasta el último de nuestros días, porque esto que va a ocurrir de manera inminente, como un maremoto tras la Navidad, para dejar arrasadas especies, paisajes, poblaciones, personas…; vamos a avergonzarnos, escribía, hasta el final de nuestros días de esta época en la que creímos haber avanzado algo en la conservación de la Naturaleza?

Yo estoy avergonzada ya.

Hace unos días me eché a llorar en directo cuando en el encuentro por Zoom organizado por el “Aula de la Palabra” de la Asociación Cultural Norbanova de Cáceres para hablar de la “Escritura de la Naturaleza” me preguntó Pilar López Ávila por las primeras alegaciones que he escrito en mi vida; unas alegaciones para que se rechacen los proyecto para la construcción de al menos dos parques eólicos sobre el Monte do Gato, entre Coirós, Oza-Cesuras y Aranga en la provincia de A Coruña, en la “Reserva de Biosfera Mariñas Coruñesas e Terras do Mandeo”, porque podrían atentar contra el Patrimonio Cultural, contra el Patrimonio Natural, contra el Paisaje, contra el Marco Estatutario de la Red Mundial de Reservas de la Biosfera y contra una reciente sentencia del Tribunal Superior de Justicia de Galicia.

Fue una situación extraña, porque no esperaba yo que me pudiera pasar algo así: no podía dejar de llorar.

De llorar por las especies, por el Paisaje, por las personas que en su mayoría ni siquiera saben que en unas pocas semanas se proyecta construir un Mega Parque Eólico con 40 máquinas sobre sus cabezas, aunque no debería situarse un sólo aerogenerador a menos de 13 kilómetros de ninguna vivienda habitada y, además, con sus correspondientes líneas de alta y de altísima tensión para la evacuación de una energía que se llevará el viento no sabemos adónde dejando a su paso pobreza, soledad, ruido y destrucción de la Biodiversidad de la “Reserva de Biosfera Mariñas Coruñesas e Terras de Mandeo” que quedará herida en su zona núcleo aunque se instalen los parques eólicos en la zona tampón.

Pienso estos días muchísimo en Francisco Bernis, el ornitólogo que, entre otras personas, consiguió que no se desecara con eucaliptos Doñana; me acuerdo de Rachel Carson y de su “Primavera Silenciosa”, ese libro escrito en 1962, “Silent Spring”, que se convirtió en la primera obra de divulgación ecologista al advertir del uso que los pesticidas estaban causando en la vida silvestre; pienso en Cousteau, defendiendo la Biodiversidad de los océanos, en Félix Rodríguez de la Fuente, intentando convencernos de que el lobo no era una alimaña, o del gran César Manrique poniéndose delante de las grúas para que no construyeran monstruosidades en su hermosa isla de Lanzarote.

Habrá que detenerse al menos a pensar:

¿No se estará yendo este asunto de las manos?

¿No convendría que las “entidades colaboradoras” (necesarias, dicen) para contestar las alegaciones procedieran del ámbito científico público y no del mismo ámbito privado que presentaron los estudios de impacto ambiental de cada uno de los proyectos?

¿Vamos a dejar que se examinen a sí mismos?

¿Se van a tomar importantísimas decisiones para los próximos 30 años, o más, en base a inventarios absolutamente obsoletos para algunas especies en peligro de extinción que todavía hoy ni siquiera se han incluido?

¿Es que no tenemos científicos independientes en nuestras universidades para que realicen estudios de un año biológico antes de alterar para siempre los ecosistemas?

Las personalidades a las que me he referido, todas y cada una de ellas, se dedicaron a exaltar la belleza del medio natural en la primera parte de sus vidas, pero terminaron todas y cada una de ellas igual, dejando a un lado la poesía, para defender la Naturaleza y el Paisaje y la Biodiversidad.

Es curioso, reflexionaba yo mientras me caían los lagrimones por la cara, que sean las especies en peligro de extinción, precisamente las más frágiles, las que nos estén ayudando a alegar para salvar a las más de cien mil personas que vivimos en la “Reserva de Biosfera Mariñas Coruñesas e Terras do Mandeo” de esta catástrofe ambiental sin precedentes que será la mayor que yo haya vivido en mis casi 60 años de vida, ya que superará a todas las que la carbonización nos infligió, desde el Mar Egeo al Prestige, porque ambas se quedan hoy en nada al lado del daño que, tan sólo en lo que respecta a la Biodiversidad, puede causar la implementación del suelo de uso industrial en lo que hasta hoy son hábitats para la vida rural o silvestre, protegidos algunos por Directivas Hábitat Europeas, incluso prioritarias que, resulta, me enteré estos días, no sirven en España para detener un disparate, como no sirve estar en una Reserva de Biosfera.

Ya que no vamos a salvar a nuestras especies, ojalá sean las especies en peligro de extinción catalogadas las que nos salven a nosotros.

Quizás ya nos están salvando cada día con su humilde y relicta existencia.

Quizás serían precisamente esas especies que nos disponemos a extinguir las que pudieran salvarnos también en el futuro con alguna inspiración, algún medicamento, alguna idea.

Mas grave que la emergencia climática es la sexta gran extinción masiva de la Biodiversidad en la que estamos hoy inmersos en la Tierra.

España es el país con la mayor Biodiversidad de Europa.

¿Hasta hoy?