Verde-presada

“Estamos en campo abierto. La llanura se extiende inmensa en la lejanía, verde-oscura, verde-presada, grisácea, roja, negra en las hazas labradas recientemente”

Azorín

Castilla (1912)

Menos mal que he encontrado esta cita porque ya estaba empezando a volverme loca con el nombre de “presada” para un verde que es más claro que oscuro, y al que llevo toda la mañana persiguiendo, porque no sé ya seguir adelante sin ver exactamente de qué color se trata, de cuál, de todos los verdes, estamos hablando, al decir presada o presado.

La cita más antigua de este verde, el presado, la he encontrado en una serranilla de 1429 titulada “La serrana de Lozoyuela” donde dice:

Garnacha traía

de color presada

con brocha dorada

que bien reluzía.

Y que, por ser un color tan desconocido, hay quien modifica a “oro presado”, desconociendo que se refiere al verde que tiene su garnacha o abrigo. Y aquí también yo me confundo porque, al leer garnacha, me llené de felicidad pensando que ya había encontrado el sentido de ese vocablo que daba origen a un verde que tenía que ser el de la vid prensada o presada, y de ahí la palabra.

Pero la uva garnacha nada tiene que ver con este color, y tengo muchas dudas de la prensa de la uva y de que su resultado tenga tampoco algo que ver con este verde que citó también, en sus crónicas del Nuevo Mundo, Bartolomé de las Casas (1474 ó 1484-1566):

“Estas plumas eran verdes, coloradas o rubias, moradas, encarnadas, amarillas, azules o presadas, negras y blancas y de todas las demás colores, mecladas y puras, no traídas por alguna industria humana, sino todas naturales”.

Lo leo y pienso: ¡cuántos colores se han perdido en nuestro lenguaje!

¿Cómo es posible que a medida que hemos avanzado, todo se haya vuelto más grisáceo?

Y más igual, utilizando para escribir las palabras de los colores más básicos, dejándonos por el camino a este “presada o presado”, que aún no sé muy bien de qué verde se trata, y del que soy incapaz de visualizar, siquiera en mi imaginación, un tono, por desconocer qué significa.

Vemos más cuando sabemos nombrar.

Pero también vemos mejor, con más colorido y riqueza, cuando conocemos los nombres de los colores que hemos perdido.

Puede que nuestro lenguaje y hablar sea hoy más gris que nunca por la pérdida de estas palabras.

Así que me voy tras ella porque no acabo de ver qué color puede ser este verde “presada” que está en los campos y está en las plumas y me pregunto si también en el agua, y que resulte que venga del agua apresada en el caz de los molinos, que también es verde, en ocasiones “verde claro” como dice la RAE para presado y presada como adjetivo.

Y así es como me siento en este punto, “apresada”, por este verde cuyas definiciones no me convencen.

Sigo indagando y al fin, sí, encuentro la luz, llena de colores, en el Diccionario de la Lengua Castellana de la RAE de 1737, Diccionario de autoridades, en el que “presada” es un sustantivo femenino para el color verde entre obscuro y claro. Hasta ahí como hasta ahora. Pero luego se refiere a “Covarrubias en su Tesoro y dice que sale del latino Prasinus, quien lo tomó del griego Prasinos, que significa verde, parecido al de las hojas del puerro.”

Por fin una comparación para poder visualizar este color: ¡el puerro!

Latiéndome el corazón, queriendo acertar, busco el nombre científico del puerro: Allium ampeloprasum determinado por Linneo, ¿quizás por el verde claro de las hojas del puerro? ¿o por el verde de los viñedos, ya que ampelosis quiere decir “viñedo”, y prasinus “verde”.

Y así, al fin, tenemos ya en los ojos el verde presada de la viña en primavera o de las hojas de los puerros, esas que siempre nos preguntan cuando los compramos: “¿le quito las hojas?”

De ninguna manera, que se irá el verde-presada.