Supervivencia

Esta habitación, así, casi en penumbra, con las contras cerradas.

Este silencio de la casa.

No sé cómo se han ido casi todos y aquí estoy yo, escribiendo. No sé si me dormiré mientras escribo. Ayer me tumbé después de comer y dicen que me dormí, pero yo creo que perdí el conocimiento. Mi amiga Blanca me comentó en una ocasión que, a ella, el verano, le arrolla. Yo todavía no he encontrado un verbo para definir esta situación que me tiene agotada y feliz a partes iguales. De hecho, estoy aquí, bien cerrada la puerta, en mi dormitorio, sabiendo que esto que sucede mientras escribo, la paz, no es más que un paréntesis; pero, a la vez, estoy deseando volver a escuchar la voz de mi nieta como cuando, cada mañana, nada más despertarse, dice desde su cuna, con una sonrisa que me deshace el alma: “Bonjour mamí”.

Podría pasar años así, con tal de escuchar su voz cada día, aunque no tuviera tiempo de leer como intento hacer estos días, misión imposible por otra parte, pero al menos quisiera hacerme con un libro que estoy deseando leer porque tiene todos los ingredientes que me gustan: ciencia, pensamiento e involuntaria actualidad, un cóctel literario escasísimo en un momento en el que lo necesitamos más que nunca.

El libro es de 1995 y se titula “Lamarck y los mensajeros. El papel de los virus en la Evolución” cuyo autor es Máximo Sandín. Si alguien sabe cómo conseguirlo, le agradeceré mucho que me lo diga, porque allí donde lo busco figura como descatalogado, aunque esté más de actualidad que nunca.

Los virus, siempre me intrigaron, pero en estos días, obviamente, muchísimo más. Estoy deseando saber algo a ciencia cierta de su papel en la transmisión de la información genética y tal vez en la especiación, cómo pudieron influir los virus en los saltos evolutivos por ahora sin una explicación clara.

Tengo la impresión de que tenemos que empezar a sobrevolar esto que nos pasa para entender no ya sólo la enfermedad y la manera en la que lograr un remedio, si no también para tratar de entender desde el punto de vista de la Biología qué estrategia tiene este virus, hasta dónde puede llegar, cuál puede ser su esperanza de vida y de no vida en la Biosfera, cuánto tiempo podría estar entre nosotros, viviendo de nosotros, si no le ponemos remedio, qué cambios provocará en nuestra especie, no ya sólo conductual o social, sino cambios biológicos que permanezcan.

Hay algo nuevo y a la vez muy primigenio en este virus. Se diría que viene de muy atrás, como el fuego. Porque se propaga igual que el fuego de un incendio, cuando encuentra combustible, oxígeno y temperatura. Si se queda en conato, puede llegar a controlarse. Pero no si se convierte en un gran incendio que sólo podrá detener un cortafuegos. Como los incendios, una vez que ha pasado, puede regresar, si sopla el viento sobre el rescoldo de sus brasas

Nunca como hasta ahora había vivido en varios niveles de preocupación y lo curioso es que no puedo decir que no sea ésta una buena época de mi vida, pero, desde luego, es la que más preocupaciones está concitando en un escaso margen de tiempo. Quiero decir que todo se ha precipitado de pronto y unido en una suerte de amalgama, donde por un lado hay una preocupación general por la Humanidad con la que me despierto cada día, y a la vez una preocupación concreta, con el “bonjour” de mi nieta, pensando en el mundo que le queda, y ya no sólo desde el punto de vista de la Naturaleza, sino con una preocupación real, de hoy mismo, por nuestra especie que, de la noche a la mañana, vive indefensa.

La supervivencia, que era un concepto lejano de los libros de Evolución en los que se hablaba de especies ya desaparecidas, se me antoja ahora no ya sólo una buena palabra para definir estos días de verano, sino una idea en la que empezar a meditar, mientras intento averiguar qué papel han jugado en la historia de la Evolución, los virus.

Ojalá consiga pronto el libro que busco.

Me encanta, además, que se refiera en el título a Lamarck, el verdadero padre de la teoría de la Evolución. “La posteridad te admirará, ella te vengará, padre”, dijo de él su hija.

Siento una curiosidad inmensa por esta lectura que, seguro, no tendré tiempo de leer.