La vida de siempre

Comienzo a escribir con un helado en la mano como si fuera una niña.

Porque hay algo infantil, de cole que se acaba, en este lunes en el que todo son fotos de paseos y de cañas y de felicidad por la vida recuperada.

No estoy yo tan segura de que esto realmente haya acabado, pero la sola idea de que lo haya podido hacer, nos llena de un alivio que invita a celebrarlo, aunque aún no nos lo creamos.

Se respira además ya un aire de verano, de moscas que bordonean los cristales, de hierba espigada, de brisa cálida y de sol en lo alto; ese tiempo que llevamos grabado a fuego de los primeros días de vacaciones, y que ahora regresa, apelando a lo más infantil que aún queda en nosotros, en este año en el que casi no hubo colegio.

Se abre delante nuestra, el verano más incierto de nuestras vidas, con el otoño como un nubarrón del que no queremos ni acordarnos que llegará de nuevo, porque ahora sólo toca vivir lo mejor que podamos cada día.

En nuestra aldea, han abierto ya los restaurantes y empieza la vida a asomarse a los caminos, y ya nos detenemos a hablar con los vecinos, con los que nos vimos sólo de lejos durante semanas. Los caballos también salen a saludarnos desde sus prados, dejando un sendero paralelo a la carretera, una trocha que marcan con sus pezuñas, mientras se extiende al fondo todo el valle, más verde y más luminoso que nunca, con los cardos florecidos de malva, donde se posarán los jilgueros cuando den sus semillas. Una pareja de mirlos, sobre un mismo poste, se ha detenido, cada uno mirando hacia un lado, el macho más negro y con el pico más amarillo, la hembra más clara y  parda, con la última luz del día, que es dorada como el sol que se marcha, llenando de arreboles el cielo por el oeste, antes de caer la noche con su telón de grillos.

Hay campos recién labrados para el maíz, y las patatas ya han florecido de blanco. Trepan por los cordeles las judías verdes y, por sus palos, las tomateras, mientras las lechugas se asoman como rosas en las huertas.

Todo tiene ya un aire de asueto con estas vacaciones que, de pronto, han aparecido de la nada de los días, y que no queremos que se nos vayan como un sueño de verano.

¿Vacaciones?

No es más que la vida de siempre, que hoy nos parece una fiesta.