Fuera de lugar

Como si en otro tiempo hubiera podido ver yo cómo era el mundo antes de mí, me suelo detener, intrigada, ante lo que está, a mi parecer, fuera de lugar.

Esta cualidad, o defecto, que nunca se sabe, la tiene también mi madre porque cuando venía a casa, tras muchos meses sin haber estado, se quedaba mirando por la ventana y al cabo de un rato decía, muy pensativa, como si fuera su callado pensamiento, y no ella, el que hablaba en voz alta: “Ahí falta un árbol”.

En cualquier otro lugar, tendría mucho menos mérito esta observación que en este claro de un monte en el que vivo, y donde aquí y allí hay bosques con miles y miles de árboles de variados nombres y verdes muy distintos pero mi madre, ay, encontró el que faltaba desde la última vez que vino.

“Allí falta un árbol”.

Y era verdad: en el petón, habían talado un pino.

Sin habérmelo enseñado, yo también me quedo pensativa, ya sea cuando los niños eran pequeños y veía yo que la puerta de la alacena estaba mal cerrada porque habían ido como ratones a por el chocolate, o con cualquier aspecto del paisaje, como ayer mismo, cuando al ir al lavadero, supe que la planta que cubría el techo no era silvestre y que había sido traída desde algún lugar por alguna persona.

Hay en estas cosas fuera de sitio, un algo que las delata, y que no sabría definir muy bien; sencillamente, lo sé: que aquello no era así, o no era así antes, y que por muy disimulada que esté de verdor y de belleza, que esta planta, llamada “amor de hombre” o “hierba de la fortuna” estaba ayer mismo cubierta de flores blancas que parecían un enjambre de mariposas, y siendo además la escena bellísima, porque caía la tarde y el agua sobre la fuente; yo noté esa punzada o aviso o no sé muy bien qué de advertencia, de que, en aquello, estaba detrás la mano humana, y no la del azar, que es la que siembra la Naturaleza, y la que la firma, con tinta invisible.

Decía Unamuno que no sabía por qué se había dicho que el hombre es un animal racional: “No sé por qué no se haya dicho que es un animal afectivo o sentimental”.

Y tal vez esto es más bien un sentimiento, o un desafecto, que algo racional. No hablo de intuición, porque no es una intuición, sino una certeza lo que se siente, al ver algo que está fuera de lugar, y que tú, en lo más recóndito de tu ser, sin saberlo, sin haber estado allí antes, presientes y sientes y sabes, con una certeza que hasta mí misma me sorprende, para llegar a colegir que aquello no es así.

Podría ir a ciegas por el bosque y que me quitaran la venda y que tuviera que decir qué especie es autóctona y cuál no, en cualquier lugar del mundo, y creo que acertaría porque siempre que he viajado, lo he hecho de esa manera, tratando de ver lo que estaba fuera de sitio ¡y qué pocos lugares quedan ya en el mundo que no estén humanizados! Cuando los he visto, aunque haya sido fugazmente, me ha conmocionado con la misma impresión que produce el arte si es auténtico, una emoción inigualable de estar asistiendo, no ya a algo hermoso, sino extraordinario y verdadero, como ayer, el brillo del sol en cada hoja de un olmo haciendo los mismos destellos del mar azul cuando parece blanco de tanta luz como tiene.

Decía el ecólogo Ramón Margalef que prefería el término “polución” al de “contaminación”, porque la polución es algo fuera de sitio, eso que no tenía que estar ahí, como hemos visto ahora cuando se han ido los humos, que nunca tenían que haber estado en la ciudad y que nunca deberían volver a llenar unas calles que jamás disfrutarán del aire libre mientras tengan un techo de humos.

También el coronavirus me parece pura polución, con la que tan bien se lleva, algo totalmente fuera de lugar.

Sin duda, y en eso creo que coincide casi todo el mundo, este coronavirus que nos preocupa, es de origen animal.

Lo que aún queda por dilucidar, es dónde estaba ese animal: si en contacto con otros animales encerrado en la jaula de un mercado, o en la jaula de un laboratorio.

Porque para mí la opción menos probable, es que provenga de la Naturaleza.

¿Por qué?

No sabría decirlo a ciencia cierta; pero si hay algo, para mí, hoy fuera de lugar, y de tiempo, es el coronavirus SARS-CoV-2.

Claro que, yo, no soy mi madre.

Ya quisiera.