Murciélagos

Rhinolophus affinis

Con el primer canto de un grillo vi volar hace unos días al primer murciélago.

Anochecía, y volaba al contraluz cuando ya las golondrinas se habían marchado a las cuadras con las vacas. Fue cuando estaba esperando, en La Patoca, a que saliera la luna rosa entre las nubes, y entonces, al mirar un momento hacia atrás, mientras estridulaba, solitario, un grillo, vi volar el primer murciélago de este año 2020 tan extraño.

Me resultó familiar, como si ya nos conociéramos de siempre, por volar alrededor de la farola de mi casa, con ese vuelo de mariposa que tienen los murciélagos, debido a que las alas están más formadas por las manos que por los brazos y “según cómo pongan los dedos, van para un sitio y para otro” me cuenta por teléfono el presidente del SECEMU (Asociación Española para la Conservación y el Estudio de los Murciélagos) Juan Tomás Alcalde, doctor en ciencias biológicas.

Le llamé esta mañana para preguntarle, ¿cómo no hacerlo?, por el origen del coronavirus SARS-CoV 2 responsable de la enfermedad, ya pandemia, de la COVID-19, y terminamos hablando de murciélagos, de la trayectoria errática de su vuelo, de cómo hibernan algunas especies cavernícolas durante tres meses respirando sólo una vez cada hora.

Esto también los aleja, en el entorno del espacio y el tiempo, del mercado de Huanan en Wuhan durante los meses más fríos, ya que entonces estaban hibernando los murciélagos y no se consumían.

La especie sobre la que están las miradas puestas es sobre una especie de murciélago de herradura llamado Rhinolophus affinis ya que hay un virus que lo infecta, el Bat CoV RaT G 13, que podría ser un ancestro, a muchísima distancia genética y separado por varias décadas de mutaciones, del virus de la pandemia. Por lo cual, se está buscando también en otras especies de animales que hayan podido actuar como intermediarios hasta llegar a los humanos, aunque también cabe la posibilidad de que el virus haya permanecido durante años en las personas asintomáticas hasta evolucionar de pronto hacia la virulencia de nuestros días.

Lo único que tenemos hoy claro es que, del origen de este coronavirus, no hay datos como para sustentar una hipótesis.

De lo que sí hay abundante información científica es de la cantidad de vidas que salvan los murciélagos todos los años, además de los cultivos, al alimentarse de multitud de insectos que provocan plagas, también de los mosquitos que transmiten la malaria, capturando un mínimo de mil mosquitos en una sola noche por individuo.

Son los murciélagos, a mayores, grandes sembradores de especies botánicas, y hay algunas que no existirían sin ellos, porque liban sus flores como los colibríes sobre los grandes cactus con forma de “Y” de los desiertos. Tampoco habría tequila sin los murciélagos yendo a libar las flores de los agaves que sólo se abren de noche.

Siendo mamíferos, son para mí las aves, las mariposas de la oscuridad.

Igual que no querría las noches de verano sin estrellas y sin grillos, tampoco sin murciélagos volando a oscuras alrededor de mi casa.

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