Lo esencial

Se ha quedado una maravillosa luz en esta fría tarde de marzo.

Pienso, a cada palabra que escribo, negro sobre blanco, que alguien debe de estar muriendo mientras mis dedos teclean como si tocaran un piano en esta desapacible tarde en la que estamos a punto de adelantar, como ya hiciera Italia, a China con nuestros fallecidos.

Nunca antes había yo tenido esta sensación de vivir la historia en directo tantos días seguidos, una historia llena de discursos para el olvido donde, entre muchas frases cultivadas, escuché al Rey una palabra silvestre que me gustó mucho, por verdadera: esencial.

Voy al RAE:

esencial

1.- adj. Perteneciente o relativo a la esencia. La racionalidad es esencial en el ser humano.

Darwin nos hizo creer sin querer que estábamos en la cúspide de la evolución al revelarnos que procedemos del mono, lo cual es cierto, tal vez de un ancestro entre los bonobos y los chimpancés, pero nos ha faltado otra visión del mismo asunto evolutivo en la que no pusiéramos en lo alto de la copa del árbol filogenético a las especies tras su evolución, sino que el podio fuera por el tiempo de permanencia sobre la Tierra y en este sentido, nosotros estaríamos pegados al tocón, en lo más bajo del tronco, y las bacterias y los virus muy por encima, ya que se les atribuye a los virus un papel muy importante en el origen y la evolución de la vida, siendo responsables tal vez del desarrollo de la primera célula sobre este planeta, y quizás también de todo lo que ahora vemos y no vemos en la Naturaleza.

En la librería Shakespeare & Co. de París, donde ponen unas maletas abiertas con libros sobre el alcorque de madera de unos cerezos, que deben estar hoy florecidos, hay un primer escalón de entrada pintado de rojo en la desvencijada escalera donde dice en inglés y en letras mayúsculas: “VIVE PARA LA HUMANIDAD”.

Y es así como tenemos que vivir a partir de ahora: vivir para la Humanidad.

Para ello, poseemos la inteligencia y los afectos para unirnos hasta con el que jamás nos hubiéramos unido para salir de esta juntos.

No es el momento de golpear la cabina de mando del avión sino de quedarnos en nuestros asientos con el cinturón de seguridad abrochado pensando en las personas que más queremos.

Lo esencial.

Hay que agarrarse a lo esencial.

Y con lo esencial, vivir, cada día con su noche.

Nos estamos jugando lo esencial: el porvenir.