Arde Australia

De “bomba atómica” se califican ya los incendios en Australia.

Y no exageran.

El eucalipto no arde: explota.

Es el árbol que mejor arde de la Tierra.

Todo en él está diseñado para prenderse fuego a sí mismo, porque esa es su estrategia para la dispersión de sus semillas pirófilas y para avanzar sobre el territorio, quemarse, incendiarse, propagar el fuego y así competir eficazmente con otras especies, para luego rebrotar mientras sus brinzales ocupan aún más territorio que volver a abrasar.

En sus hojas, con forma de hoz, se ven al trasluz los puntitos traslúcidos que contienen las esencias que alimentan como gasolina el incendio, y de sus troncos se desprenden unas lascas larguísimas que con las corrientes que genera el humo se lanzan como alfombras voladoras a sembrar el incendio con sus pavesas.

Un incendio pavoroso porque alcanza el mismo cielo ya que una copa de eucalipto, y más en su país de origen que es Australia, puede tener casi 100 metros de altura, siendo el árbol que no sólo lleva al cielo las flores más altas del mundo, sino también las llamas, de manera que ante un fuego de un bosque de eucaliptos, y más si es nativo, no se pueda hacer casi nada más que huir; o rezar para que llueva, o para que bajen las temperaturas, o para que se calme el viento.

Siempre me ha parecido que las pruebas de la crisis climática que vivimos no nos la darían los modelos matemáticos sino las especies, su comportamiento, y esta virulencia con la que están ardiendo los bosques en Australia, que ha llevado a las personas a refugiarse en las playas, y a otras a compartir el destino de los casi 500 millones de animales que se calcula que solo en Nueva Gales del Sur han perecido, nos da una idea de lo que se nos viene encima, con un verano austral que no ha hecho más que comenzar, y con unas emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera debido a estos incendios que ya superan las dos terceras partes de las que emite Australia en todo el año.

De Tasmania, siempre recuerdo que es el origen de la mimosa, pero hasta incluso allí, han sustituido los bosques nativos, que en Australia son casi el 20 por ciento de todo el mundo, por disparatadas plantaciones de Eucalyptus nitens, que es la especie que quieren llevar a Lugo y a Orense que, gracias al frío, se habían salvado hasta ahora de esta plaga del eucalipto que allá donde llega, propaga el fuego y la miseria y las lágrimas, como ya hiciera en Portugal y más recientemente en Chile.

No hay lugar del mundo que se salve de un gran incendio si sucumbe a la codicia de las plantaciones de eucaliptos.

En las nuevas condiciones climáticas, habrá que tenerlo seriamente en cuenta, antes de seguir, alegremente, plantándolo como si, en el lugar de donde procede este árbol, precisamente de Victoria y de Nueva Gales del Sur es nativo el Eucalyptus nitens, nada estuviera sucediendo.

Arde Australia, como nunca antes lo hizo.

Empieza 2020 con la Naturaleza llorando, y la Tierra en llamas.