La castaña del centro

Llaman reino a la castaña del centro.

Es la menos vista de las castañas, ya que no suele llegar a los mercados, al quedarse aplanada como una moneda, entre las otras dos vecinas, a las que llaman mellizas y que tienen una cara plana y la otra convexa.

En total, suele haber tres castañas en cada erizo.

Al principio, son estos erizos de un verde tan claro que si caen de las ramas, por el viento, más temprano de lo que debieran, dan a los caminos un aire de pista de tenis donde alguien se hubiera estado entrenando porque quedan los zurrones, esféricos y de un color verde casi fosforescente, caídos por el suelo, a veces entreabiertos en cuatro, por donde asoman, igual que los pollos en un nido, los ápices de las tres castañas, siempre muy juntas, como si les faltara espacio dentro.

Luego vas a mirar, y entonces ves el reino que hay en medio de las dos grandes castañas de los lados.

En ocasiones, el reino es más grande que una de las mellizas, de manera que se queda una de las castañas del borde escuchimizada, con forma de cuchara muy fina, por lo que llaman a esta castaña, cuchareta, además de castañeta y castañuela.

Con los nombres nos pasa que, una vez que los hemos aprendido, queremos ir a mirar mejor las cosas para nombrarlas como antes no lo hicimos. Quiero decir que me parece que se ve mucho mejor la Naturaleza, no ya sólo si conoces los nombres de las especies que te salen al paso, sino también todos estos detalles que tiene un árbol y sus frutos y que nos permiten observarlos de otra manera si los desciframos con el lenguaje, otorgándonos la sensación de ser más ricos con la misma mirada humilde de antes pero que, gracias al conocimiento, se ha multiplicado en imágenes igual que un caleidoscopio con los mismo cristales.

Y así no sólo vemos un erizo en el suelo con sus castañas dentro, sino a las mellizas y al reino y a las cucharetas, además de otros vocablos como el de carrias cuando se quedan pequeñas, que nos dan una idea de cuánto se habló alrededor de las castañas mientras las comían y les iban poniendo nombres hoy casi olvidados.

¡Quién nos iba a decir que había un reino entre las castañas!

Mi vecina Lola, cuando vio hace unos días los castaños de mi casa, me dijo: “fíjate, parecen centenarios”, sabiendo las dos que no lo eran; y yo le respondí: “no esperaba que crecieran tanto”, y entonces me volvió a sorprender con una frase: “Es que los árboles crecen día y noche”.

La verdad, nunca lo había pensado.

Los imaginaba de noche dormidos conmigo, quieto su crecer, por no haber luz; pero los árboles, es verdad, seguro que como los niños crecen mientras duermen.

Y crecen también cuando no estamos.

No son muy grandes las castañas este año, por lo poco que ha llovido, pero estaba hoy todo el suelo cubierto de erizos, ya pardos, con sus castañas.

Dan ganas de que haga un poco de frío para empezar a asarlas, y contar los reinos.