Recalmón

Pocos regalos me gustan más que el de una palabra, y ésta de “recalmón” es además marinera.

Y al igual que con un regalo busco un lugar donde ponerlo, con las palabras me da por rebuscar entre los escritores que en algún momento la han utilizado para saber cómo circulaban cuando había quien las entendía, de manera que he descubierto que “recalmón” no es sólo un término marinero para referirse a la calma súbita de la mar o del viento, sino que también la utilizó el articulista y poeta Joaquín Romero Murube en “Memoriales y Divagaciones”: “cuando el horizonte arde en el recalmón de la siesta” ya que en Andalucía se refiere recalmón, sobre todo, al calor intenso sin aire de la tarde.

También en el norte utiliza “recalmón” Emilia Pardo Bazán para el mismo momento del día en “Insolación”…”pero transcurrido un cuarto de hora, el recalmón de la tardecita y el aburrimiento de la espera le derramaron en los párpados grato beleño…” lo cual da una idea de que recalmón es una calma doble, calma espesa, calma densa, más intensa que la calma habitual, pero casi siempre dentro de un paréntesis, de manera que, en la mar, el recalmón es el intervalo que hay entre una ola y otra cuando no llegan tan seguidas, algo de lo que saben mucho los surfistas; y también es recalmón la calma irreal, asfixiante, que se abre entre dos tormentas, o previa a una de ellas, porque el recalmón es una calma que pesa, al contrario de la calma sin más, que es ligera como una brisa.

El recalmón es pues un espacio de silencio que preocupa más que tranquiliza, una suerte de presentimiento de que la calma es más pasajera que nunca; y su silencio, inusual; y su quietud, aparente.

También se llama recalmón, a decir de los marineros, a esas superficies marinas que son como un espejo porque sobre ellas flota el aceite que desprenden algunos peces como la albácora, de manera que mientras arriba hay un recalmón, abajo bulle de cardúmenes de túnidos cuyo aceite, espesando la superficie del mar, delata a los peces en profundidad.

Hay aves como las pardelas que huelen con las narinas del pico este aceite desde el aire, e indican a los marineros, y también a los delfines, dónde está la pesca, para que la suban y puedan acceder las pardelas también a ella.

Además de una palabra, recalmón es un adjetivo, y he leído, tengo ahora que volver a buscarlo, que hay meses que dicen que son recalmones, como el mes de marzo, aunque a mi parecer, es septiembre el mes más recalmón, al estar entre dos tempestades: la de agosto, que, a decir de mi buena amiga Blanca, “te arrolla”, a la tempestad del nuevo curso que casi parece un nuevo año, de tantas cosas pendientes por hacer que tenemos previstas para alumbrar un poco los meses más oscuros.

Y así estamos ahora en pleno recalmón político, físico y hasta marinero, con la ría como un plato antes de la llegada de los temporales de invierno.