En Samos

Escribo, entre el trisar de las golondrinas, desde un hotel de carretera en Samos.

Bueno, más bien es un hostal, con las botas y las zapatillas de los peregrinos a la entrada, y un balcón que da al río Oribio, con unos geranios rojos muy hermosos, el bosque al fondo, lleno de luz y verdor, bajo un cielo azul y blanco.

¡Qué bien se está aquí!

Tuvimos suerte, además, al darnos una habitación con baño, para esperar a unos amigos que están haciendo, ¡qué mérito!, el Camino de Santiago. Nosotros ya lo hicimos y lo escribimos hace diez años, en pleno invierno, con el suelo brillando por la helada, y el cielo cubierto de estrellas tan brillantes y blancas como el hielo. Fue precioso. Irrepetible. De ahí que esta vez hayamos preferido unirnos a una de las etapas para, sencillamente, cenar con ellos y que nos cuenten cómo han sido estos primeros 31 kilómetros que, la verdad, para el primer día, me parecen muchos.

Seguro que ellos vienen más entrenados que nosotros, que nos lanzamos al camino sin preparación alguna, un mes de enero, cuando los días son más cortos y los albergues están casi todos cerrados. Ahora es distinto. Da gusto el buen tiempo que hace en Galicia. Acabamos de comer al sol en una terraza. En la mesa de al lado, donde hemos tomado un menú del peregrino sin serlo, había unos diez ciclistas, entre hombres y mujeres, que en catalán comentaban los resultados electorales. Siempre me gustó esta sensación de ser lunes y ver que hay personas de vacaciones, tomando un café en un lugar al que quizás no volverán, al contrario de las golondrinas que regresan uno y otro año. “Buen camino”, les deseé al marcharse. Si vienen desde Cataluña, tienen un mérito enorme, a pesar de llevar unas bicicletas que casi parecían motos.

Mientras tomábamos el primer caldo gallego en muchos meses, me di cuenta de que enfrente, sobre la nueva barandilla de forja del monasterio, cuajada de vieiras de hierro, se había posado un carbonero que luego vino a esconderse entre las ramas del aligustre que, aún sin flores blancas, teníamos al lado. Me he quedado con las ganas de cruzar e ir al río Sarria para verlo pasar delante del monasterio, cosa que haré dentro de unos minutos, en cuanto ponga el punto y final a este escrito, que nunca sé dónde está hasta que aparece también por el camino, en este caso de la escritura.

El monasterio de Samos, lo recordaba más derruido, menos arreglado, más lleno de malezas que deberían llamarse “bondezas” porque son las que llenan de bondad al paisaje. Lo encuentro demasiado arreglado para mi gusto, o quizás es que, de Francia, me he traído una mirada un poco bohemia, de pinturas que no son perfectas, llenas de una espontaneidad que parece surgir directa del alma. Y este monasterio, yo no lo tocaría más, no vaya a ser que quede demasiado nuevo e imperfecto, por exceso de perfección.

De vuelta a mi hotelito, que aún no sé si es pensión o albergue, a esta habitación con baño propio que es una auténtica delicia al estar su vista llena de bosque verdadero y de rumor de agua y de carretera por la que casi no pasan coches; y de silbidos de mirlo a mediodía, y de calor ya de verano, y de silencio de hora de la siesta, me he encontrado por el camino muchas casas en venta. Algunas casi arruinadas, pero con la belleza intacta de su galería grisácea, con ventanas partidas con mucha gracia en rombos y, por un callejón de piedra, la ropa tendida y blanca, meciéndose feliz al sol y a este aire de primavera veraniega, con todo un prado por delante cubierto de flores silvestres, al igual que el camino desde Sarria, lleno de escobas florecidas de amarillo que componían, con el verdor nuevo de los alisos del río, y el azul del cielo, una estampa alegre e inocente, de esas en las que parece que, en el mundo, no pasa nada.

Es en esa sencillez de la carpintería rota o de la escalera de piedra cubierta de hierbas, donde no sabes por qué, sobrevive, agazapada, la belleza.

Rezo para que sigan ahí, sin vender ni arreglar, muchos años esas casas.

Que pasen los peregrinos y vean que, las cosas sencillas, son las verdaderas.