Notre-Dame

Arde Notre-Dame mientras escribo estas líneas.

Todavía es de día a esta hora de la tarde, las 19:24 y en el ocaso tiene Notre-Dame el color del sol marchándose, y se mezclan la última luz del día con el humo provocado, dicen, por estas obras.

Por una de esas casualidades que nunca se sabe por qué suceden, está a punto de hablar Macron, a las 20:00 horas de la tarde, y los contertulios de televisión no saben qué decir mientras miran de reojo el recuadro donde Notre-Dame se ve ardiendo con una impresionante columna de humo que se divisa desde Montmartre, esta colina desde donde, a lo lejos, vemos todo.

Precisamente hoy, aniversario del fallecimiento de mi padre, quería ir esta tarde a la basílica del Sacré Coeur y le había prometido a una buena amiga, ir también a Notre-Dame, donde siempre me da reparo quedarme más tiempo del necesario, porque es uno de esos lugares que parecen señalados para que ocurra algo, como acaba de suceder, aunque todavía no esté claro por qué.

Hace hoy una tarde espléndida en París y todas las magnolias que rodean Notre-Dame están florecidas, y no hay más nube en el cielo que el humo que ya inunda la ciudad, y tiñe de negro este día maravilloso de primavera en el que ya se anuncian las flores blancas, enhiestas, de los castaños de indias.

Pero ahora, estamos todos asomándonos a las ventanas para ver cómo se mezclan el azul y el negro en el cielo.

Notre-Dame en llamas, nunca pensé que escribiría esto, mientras la tristeza, en un día ya de por sí triste, nos llena el alma.

Dejo estas líneas sin acabar porque me voy al lugar donde mejor se divisa toda la ciudad de París, y es justo aquí atrás, en el hotel Terrasse, cuya azotea imagino ahora llena de gente sacando fotos.

En París, últimamente, vamos de sobresalto en sobresalto.

Esta mañana nos despertamos con un escape de gas por el que hubo que desalojar un edificio no muy lejos de aquí, y ahora este incendio que aún no sabemos en qué quedara, pero el simple hecho de haber prometido ir, y ya no poder hacerlo, me tiene impresionada.

Notre-Dame, piensas que siempre estará ahí.

Y hoy, con sus maderas milenarias ardiendo, se nos va en estos momentos al cielo.